Una despensa para los pobres. EDITORIAL

Editorial

 

Las imágenes son elocuentes: un grupo de personas se abalanzan sobre toneladas de despensas en la caja de un tráiler en una de las calles de Mazatlán, aparentemente la unidad de carga había sido abandonada por el chofer al verse descubierto. Acción Nacional aprovechó el viaje para asegurar que los alimentos eran de su contrincante político, sin que se haya logrado documentar a ciencia cierta.

Más allá de que el PRI o el Partido Verde sean los patrocinadores de tan preciada carga –se habló de dos, tres tráileres abandonados, nadie que haga algo legal abandona una unidad así-, el asunto no es solo para usarse para presentar denuncias a los órganos electorales, porque ya sabemos que de todos modos no pasa nada, sino para tocar el tema que es una realidad: la chusma peleando por una parte del botín es solo un síntoma social de lo que es la clase política mexicana, y desde luego la de Sinaloa. Una sociedad que pelea una despensa en medio de empellones, es una que ha sido empobrecida y envilecida

La campaña ya terminó, y lo que flota en el ambiente es que no hubo propuestas reales, un proyecto de Estado, un plan que saque a nuestra entidad del atraso no solo en la economía de sus ciudadanos, sino también de las esferas violentas que al cierre del primer cuatrimestre ubican a Sinaloa como el cuarto estado con más homicidios dolosos de la República.

El narcotráfico y todo lo que conlleva, como la violencia, el uso de jóvenes como carne de cañón (muchos de los asesinatos son de puros jóvenes), el consumo de drogas, el narcomenudeo y la violencia generalizada no fue tema de ninguno. Un tema ausente.

Ya pasamos de las promesas a las acciones. Este domingo saldrán a las calles los ejércitos de los partidos, sobre todo del PRI, y ahí se verá el verdadero poder y dinero que el partido oficial ostenta: si nada más para un distrito es capaz de enviar tres tráileres repletos de despensas, imagínese para los 18 municipios.

Lo malo es que la gente no actúa con su voto, y lo deseable es que ya no exista esa sociedad que observamos cuando desvalijaban una caja del producto que transportaba. No debe existir un Sinaloa donde a los pobres se le sigue usando como borregos para que los poderosos se sigan manteniendo con el privilegio de la corrupción, impunidad y desvergüenza.

Pero ese Sinaloa existe, duele a veces, porque la justicia solo está para unos cuantos con acceso a los dineros.

Hay que preguntarle a Irma Moreno Ovalles, del Distrito 16, por qué no le da vergüenza renunciar a su candidatura ahora que se comprobó que falsificó su carta de residencia, apoyada por funcionarios del Ayuntamiento que dejó para irse a la diputación… ¿Habitamos el país de los cínicos?

De la versión impresa de LA PARED*

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