UN QUIRINO DE MUY MALA ESPINA

Por Édgar García Colin

 

Una sombra de dudas empieza a cubrir el naciente gobierno de Quirino Ordaz Coppel en el estado de Sinaloa. La estafeta que debía recibir de parte del gobernador saliente Mario López Valdez en realidad resultó ser una granada sin espoleta y que está a punto de estallarle en las manos. La enorme deuda de aproximadamente $15,000,000,000 millones de pesos y los recientes escándalos que aparecieron en la Secretaria de salud ponen en jaque al nuevo gobernador de cara a la sociedad. El desabasto de medicamentos que actualmente hay en todos los hospitales al servicio del estado es un tema muy grave para el grueso de la población, que ve en los servicios de salud del gobierno su última esperanza para aliviar o cuando menos paliar sus males físicos.

Para no variar, el tema del mega gasolinazo tiene muy fastidiado al pueblo sinaloense, y el objeto concreto de su enojo se vino a canalizar recientemente con tremendo “zipi zape” en el congreso del estado y con una regañiza que varios ciudadanos le pusieron a los diputados locales. Lo anterior obligó a estos a cuando menos someter a votación un punto de acuerdo para que renunciaran a sus vales de gasolina por el tiempo que le resta a la actual legislatura.

A pesar del grave desaseo heredado, la respuesta de Quirino Ordaz ha sido entre nula y demasiado tibia, declarando apenas que “de encontrarse alguna anomalía en la anterior administración, se investigará a fondo”. Da una muy mala espina la postura de Quirino ante el gobierno saliente de malova, y más si ponemos en perspectiva el regalo que López Valdez le dejó al nuevo gobierno, subiendo el impuesto sobre la nómina en más de un 100% días antes de dejar el puesto, a cambio de recibir inmunidad y protección política a la hora de las auditorías. El acuerdo entre ambos es más que evidente para todos.

Ante este escenario, todo pinta para que Sinaloa vuelva a tener un gobierno de lo mismo: opacidad en las cuentas públicas, discrecionalidad en el gasto y, sobre todo, un mandatario que pretende jugarle el dedo en la boca a la gente, como ocurrió recientemente en un evento en la sindicatura de Villa Juárez, en donde Ordaz Coppel se bajó de un helicóptero y se montó en una bicicleta para llegar “vestido de humildad” para poner en marcha un programa de corte populista llamado “mejorando nuestro entorno”. Al parecer, quedarán atrás las promesas de austeridad que tanto cacareó cuando tomó posesión del cargo en diciembre pasado.

Además, el gobernador no se ha manifestado a favor de la gente respecto al gasolinazo, por ejemplo y, por el contrario, dio todo su apoyo al presidente Peña Nieto a pesar de la impopular medida. Como se sabe, Quirino era un auténtico desconocido para la mayoría de los Sinaloenses y fue el dedo índice del mismo presidente el que lo puso en la silla sin mayores aspavientos, por lo que se tienen pocas esperanzas de que el mandatario vea por los intereses de los ciudadanos antes que el de su “jefe”.

La violencia rampante es otro de los temas nodulares en la sociedad, cansada –acostumbrada, decía malova- de tanta muerte y tanta violencia en las calles. La mal llamada “policía militar” es un experimento que ha demostrado muchas veces su fracaso, y sin embargo es la estrategia más inteligente que Quirino ofrece en estos sus primeros días al mando. El patrullaje de las calles por parte del ejército jamás ha resuelto nada, y mucho menos disuade a los criminales.

Así pues, los agravios se van acumulando y una buena parte de la sociedad empieza a manifestar su descontento más allá de las redes sociales. Si Quirino piensa que su gobierno va a ser un día de campo en el tema social, se equivoca. Más de un medio de comunicación y más de una cámara empresarial ha dejado de ser comparsa en las decisiones y en las medidas tomadas por los tres niveles de gobierno cuando estas atentan flagrantemente a los intereses de la sociedad. Partidos políticos que tradicionalmente -por conveniencia o por falta de sensibilidad- apoyaban a los mandatarios, se están manifestando en contra de mantener las cosas en su vieja inercia y están tomando la tribuna para expresar su descontento.

Quirino deberá entonces desmarcarse de Malova y sus secuaces y deberá tomar acción a favor de la sociedad, si es que genuinamente aspira a crecer por sus propios medios como gobernante, y sobre todo, deberá tomar decisiones que den señales claras de que quiere hacer una gestión diferente e inédita a las que le antecedieron. Se ve difícil, pero eventualmente no le va a quedar de otra. Muy temprano le está llegando la hora de las definiciones y, aunque tampoco se espera mucho de su gobierno, tendrá que decirle a la gente de qué lado masca la iguana porque para el 2018 ya no va a tener a los mismos aliados, y si no lo cree así, que le pregunte a Guillermo Padrés y a Javier Duarte como les fue por querer bailar con todas las muchachas de la fiesta.

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