Ruta de guerra en Sinaloa: Fuerzas federales desmantelan arsenales con bombas caseras y equipo táctico

Culiacán, Sin.- El suelo sinaloense sigue arrojando los pertrechos de una confrontación silenciosa y persistente que se esconde entre el monte y el asfalto.

En una sola jornada de recorridos estratégicos, las fuerzas federales —en un despliegue coordinado entre el Ejército Mexicano, la Armada de México (Semar) y la Guardia Nacional— caminaron sobre una ruta de pertrechos ocultos, desactivando un arsenal disperso en cuatro municipios del estado y desenterrando un peligro silencioso: las bombas de manufactura casera.

La jornada comenzó a dibujarse en la periferia de Mazatlán, justo en el poblado de El Habal. Ahí, donde el eco de la costa se cruza con las brechas rurales, los marinos y guardias nacionales cortaron el paso a la violencia al topar con un campamento improvisado.

La inspección de la zona arrojó el primer golpe: ocho artefactos explosivos artesanales diseñados con una pericia rústica pero letal.

Junto a las bombas, los uniformados aseguraron dos armas largas, 40 cargadores repletos, 19 piezas de equipo táctico y tres teléfonos celulares que guardan, en silencio, los últimos rastros de comunicación de las células delictivas que operan la plaza.

Casi en paralelo, la tensión se trasladó al corazón agrícola de Navolato. Avanzando con la mirada atenta entre las calles de la colonia Las Cupias, elementos del Ejército Mexicano detectaron movimientos sospechosos que los llevaron directo a un depósito clandestino.

El conteo final en ese punto encendió las alarmas de los oficiales: 13 artefactos explosivos improvisados, listos para ser utilizados, fueron retirados antes de que pudieran sembrar el terror en los caminos de la región.

Sin detener el paso, el despliegue federal se internó en Culiacán. En la localidad de San Manuel, las fuerzas de tierra del Ejército desmantelaron otro punto de apoyo logístico mimetizado con el paisaje local.

El terreno entregó tres armas de grueso calibre, 14 cargadores, un pesado lote de 610 cartuchos útiles, dos chalecos tácticos y dos placas balísticas; el uniforme de combate con el que las facciones locales disputan el territorio.

El recorrido de las fuerzas del orden concluyó frente al mar, en el municipio de Elota. En el poblado de Playa Cueta, donde las olas rompen ajenas al conflicto, la Marina interceptó la última veta de este entramado clandestino.

Ocultos cerca de la línea de la costa, los marinos desenterraron dos artefactos explosivos caseros más, acompañados de cuatro cargadores y 186 cartuchos sueltos.

Al caer la noche, el balance del recorrido reflejó el pulso real de la región: más de una veintena de bombas caseras desactivadas, fusiles fuera de circulación y cientos de municiones que no llegarán a sus destinos.

Todo el material bélico fue embalado y puesto a disposición de las autoridades federales, mientras el despliegue militar mantiene la vigilancia en las carreteras y brechas de un Sinaloa que hoy respira un poco menos de pólvora.

Redacción/LaPared

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