En este país se es dos veces víctimas: víctima de quienes matan y víctima de los que imparten justicia.
Por Martín Durán
Culiacán, Sin.-Cuando el juez de control de procesos, Teodoro Rubio Vargas, declaró inocentes a los tres responsables del asesinato de su hijo de 13 años, Claudia se sintió dos veces víctima, y todo lo que había peleado por encontrar justicia durante el año más largo de su vida, se derrumbó en un momento.
“Definitivamente somos víctimas de parte de los delincuentes y de los que imparten justicia”, dice la madre de Sebastián a La Pared Noticias.
El 28 de junio pasado, Rubio Vargas ordenó la libertad inmediata de dos de los tres menores imputados por el homicidio doloso en contra de Sebastián, asesinado a cuchilladas el 26 de marzo de 2018, cuando salía de su entrenamiento de box y se dirigía a su casa, a la altura del Parque Bonfil, en la ciudad de Mazatlán.
Claudia, vía telefónica, revive aquel trágico momento en que le arrebataron la vida de su hijo, quien estudiaba el segundo año de secundaria y soñaba con convertirse en un nuevo campeón de boxeo como Julio César Chávez.
“Estaba muy entusiasmado con ser boxeador, por eso estaba entrenando muy duro”, refiere.
De hecho, recuerda con tristeza que le quedó a deber conseguirle el video de la histórica pelea entre Chávez y el boxeador Héctor Luis Camacho Marías, “Macho Camacho”. Su abuelo le gustaba contarle la historia a Sebastián de cómo todo México se paralizó aquella noche del 12 de septiembre de 1992, cuando todavía no nacía.
“Le dije que iba a buscar el video para regalárselo, pero ya no alcancé, se lo quedé a deber”, comenta Claudia.
Ese 26 de marzo de 2018, justo en la víspera de la Semana Santa, Sebastián había acudido a entrenar su deporte favorito en un gimnasio en donde iba de lunes a viernes. Ese lunes en que iniciaban las vacaciones de la secundaria, ya regresaba a su casa.
Ella lo esperaba, como de costumbre, viendo la televisión o haciendo cualquier otra cosa en el hogar, cuando de manera intempestiva llegó un vecino preguntándole si su hijo no era un muchachito que vestía ropa deportiva, al que momentos antes habían dejado ensangrentado, a travesado por una navaja.
–¡Córrale porque lo llevan rumbo al hospital, lo han navajeado!, la apuró.
Claudia no podía creer que le estuviera pasando este trago amargo. Los médicos le informaron minutos más tarde, que Sebastián había dejado de existir. La cuchilla le había atravesado órganos internos y no resistió al shock hipovolémico que le causó las hemorragias internas.
Las protestas y la presión
“Lo velamos por dos días, nunca hubo acercamiento por parte de las autoridades”, indica.
Sin embargo, Claudia y el resto de la familia tuvieron que abandonar el postración por el luto, y al día siguiente del sepelio convocaron a una marcha silencioso que discurrió hasta los Monos Bichis de la Avenida del Mar. La protesta empezó a tener eco en la población y en los medios de comunicación.
Empujados por la protesta, los investigadores de la Fiscalía del Estado acudieron, ahora sí, acudieron a su casa a preguntar algunas cosas de rutina sobre el crimen. En redes sociales también empezaron a surgir comentarios sobre los presuntos responsables.
Pero ante el nulo avance y la falta de respuestas, la familia y amigos de Sebastián volvieron a convocar a otra marcha y posteriormente a un plantón en Palacio Municipal. En esos días, recuerda, se iba a celebrar en Mazatlán el Tianguis Turístico auspiciado por el Gobierno del Estado.
Así que las autoridades de inmediato, ante el escándalo y la mala imagen que suscitaría esta marcha contra la injusticia en el momento en que Quirino Ordaz Coppel quería lucirse ante los ojos del mundo, fue que la mandaron llamar a ella, y allí le revelaron que los responsables de la muerte de su hijo eran tres menores de edad, protegidos por la Ley.
Le aseguraron que estaban haciendo todo lo posible por darle acceso a la justicia, y le pidieron de manera abierta que desistiera de la marcha, a lo que ella les mencionó que no podía echar abajo los planes.
–La marcha la organiza mi familia y amigos, compañeros de trabajo, si ellos van no puedo hacer nada. Es más yo no sé si iré.
“Parece que estaban más preocupados en desactivar la marcha pacífica que en resolver el caso de mi hijo”, nos dice Claudia al relatar la historia.
Pero justo ese domingo en que los planes de la protestaban seguían en pie, el vicefiscal de la zona sur salió a presentar a los inculpados en el caso de su hijo, en un intento de desactivar en lo mediático las manifestaciones. De los tres menores imputados, solo recluyeron en el Centro de Internamiento para Adolescentes a dos: los dos de 16 años de edad.
“Al de 13 años no lo pudieron tocar por ser el de menos edad”, refiere Claudia.
El caso, relata, lo hicieron ver o lo pasaron como un asalto fallido, pero ahora ella dice que tiene la certeza que se trató de un ataque premeditado, y que es posible que alguno de los responsables conocía a su hijo de la escuela.
El proceso judicial contra los tres inculpados no pudo comenzar de inmediato, ya que los abogados defensores empezaron una estrategia legal de interponer amparos, lo que detuvo por meses el juicio. Hasta que llegó el jueves 21 pasado…
Declaración de inocencia
Para Claudia, el trabajo deficiente del Ministerio Público que no integró de manera adecuada la Carpeta de Investigación, derivó en la resolución de la libertad que obtuvieron los dos jóvenes acusados. Esto ya que, por ser menores, los detenidos se abstuvieron de declarar y lo hicieron a través de sus representantes.
“Yo pensé que los investigadores habían hecho un buen trabajo, que era un caso sólido porque el menor de los tres sí dijo en un inicio que mataron a mi hijo, pero esa declaración fue desestimada por el juez Rubio, y tampoco tomaron en cuenta que un policía municipal que llegó primero pudo hablar con mi hijo, y alcanzó a decir que eran tres quienes lo atacaron”, cuenta Claudia.
Pero ahora, dice, se da cuenta de que solo armaron un caso con deficiencias profundas y al vapor con tal de acallar las manifestaciones que le iban a empañar la fiesta a Quirino Ordaz en el Tianguis Turístico.
“Lo hicieron para callarme, pero no me quedaré callada porque fue a mi hijo al que mataron esos delincuentes, porque no hay otra manera de referirse a ellos”, asegura.
“Yo vi mucha parcialidad por parte del Juez Rubio, y ya no hay poder humano que haga cambiar la ley y la resolución, al final somos las víctimas las que pagamos”.
Asegura que la justicia en Sinaloa es revictimizante y que su hijo lo que merece es que se le dé justicia, y no la ineptitud de las autoridades, ineptitud que empieza en las oficinas del ministerio público que se extiende hasta los juzgados.
“Somos dobles víctimas, somos víctimas de parte de los delincuentes y somos víctimas de los que imparten justicia”, afirma.
Dice que se está enviando un mensaje lamentable a la sociedad, un mensaje que señala que en este país se puede matar, por la sencilla razón de que las víctimas no tendrán justicia, y los asesinos tendrán impunidad.
“Esto es México”.
El pasado viernes, se graduó la generación 2016-2019 de la secundaria “Miguel Hidalgo” del puerto mazatleco. En ella, aunque ya no estaba presente Sebastián, sí regresó acompañado de su madre en forma de fotografía. La imagen descansó en una de las filas del Grupo C, a un lado de sus compañeros y de un ramo de flores. Es la imagen de un Sebastián sonriente, de un niño que soñaba con ser un nuevo campeón mundial de boxeo. Y aunque no madre no es boxeadora, ahora pelea, acaso una de las peleas más arduas de la vida: la búsqueda por la justicia en un país enlutado.
(Foto: Diario El Debate)