Culiacán, Sin.-Fueron cientos de testigos, las balas penetraron por doquier: paredes, cristales, vehículos. A pesar de los múltiples reportes a las corporaciones policiacas, ninguna patrulla llegó a resguardar a la población. Todo duró varios minutos, los delincuentes incluso se dieron tiempo de bloquear la avenida más importante de la ciudad, espantar a los automovilistas, curiosos y periodistas.
Sobre los hechos solo corren versiones, nada que la Procuraduría General de Justicia del Estado, la Ministerial o la Municipal pueda confirmar a través de partes inexistentes, partes que solo recogen indicios de lo que los pistoleros se llevaron tras la refriega, personal forense que solo llegó tres horas después como perritos extraviados en la negra noche de Culiacán a contar casquillos y el ministerio público a apuntar datos en su agenda.
De acuerdo con los datos, un grupo armado arribó al domicilio de un hombre identificado como Carlos René Uriarte Vargas, de 45 años. Lo querían levantar, pero sacó pistola. Intercambió tiros. Los fusiles automáticos escupieron fuego y rociaron paredes.
Al menos eso salió de la boca de anónimos testigos. “Se quedó sin balas”, dice otra versión por acá. Lo cierto es que una camioneta, parecida a una Captiva de modelo reciente verde oscura, quedó atravesada por la Obregón, a unos metros del DIF de la Seis de Enero.
Las balas sacudieron todo el sector, fueron varios minutos. Tras cesar los disparos, hombres encapuchados y vestidos de militar, con cascos negros y rifles largos se apostaron del lado del Santa Fe, del DIF, debajo del puente peatonal, de la Farcamón de unos metros adelante.
Iban en camionetas de civil, incluso una mujer vestida igual se encontraba en el lugar. A todo aquel que se quisiera asomar era despachado con insultos: “¡Síganle pa’ delante, no hay nada que ver, a la verga!”
A la vuelta de donde estaba sitiada la Obregón había hombres y mujeres con rostros desconsolados. Todo pasó en minutos y ninguna patrulla llegó, a pesar de ser un sector sumamente resguardado a la media noche, con patrullas de la Estatal y Ministerial que suelen colocar retenes en puntos estratégicos de la avenida.
Los encapuchados amarraron con cadenas la camioneta y la arrastraron. No quedó nada más que casquillos y más casquillos de fusiles automáticos.
Horas más tarde, a las 06:30 horas, apareció el cadáver de Carlos René. Se sabe que era el que había sido atacado. Su domicilio era por la calle Miguel Peregrina, en la Lombardo.
Su cuerpo apareció sobre el carril de norte a sur de la Calzada Heroico Colegio Militar, a la altura de la gasolinera a un lado del centro camionero, por la salida sur de la ciudad.
En la mañana algunos reporteros acudieron a la zona de impacto en la Lombardo y tomaron fotografías de unas paredes perforadas, de cristales rotos. Fue así porque en la noche de Culiacán parece que los sicarios mandan.
Martín Durán


