Esta es la primera jornada de actividades que concluirá en Tijuana. Los jornaleros, si bien ya no son los mismos en número que el año pasado, dejan patente que la lucha no ha terminado, y lo que es más, que podría perpetuarse de modo indeifinido
Elier Lizárraga/Enviado
Ensenada, BC.- En medio de la oscuridad y la neblina hay un solo hombre esperando. Es un jornalero de la colonia Vicente Guerrero atendiendo la convocatoria para iniciar la caminata hasta Playas de Tijuana para continuar, después de un año, exigiendo las demandas laborales que no se han cumplido desde que inició el conflicto el 17 de marzo de 2015.
Solamente él y un reportero están en el lugar. Ambo se ven con desconfianza al principio, pero una vez que empiezan a llegar más manifestantes todo es calma. Son las 5:40 de la mañana y la temperatura ambiente es de 12 grados. La neblina hace que todo esté húmedo y más frío que de costumbre.
Al principio, cuando llegan de lejos, los tres o cuatro jornaleros no son más que sombras en medio de la niebla y la negrura que precede al alba, pero una vez que se acercan todo es saludos y sonrisas. Los hombres usan gorras con la estrella comunista, aunque su rostro habla de otra lucha, la de la tierra y las manos endurecidas por el tiempo.
Hay rondines de patrullas de todas las corporaciones. Algunas se detienen para informar a sus superiores del progreso de la manifestación, pero esta no ha iniciado y se retiran.
Todavía no sale el sol cuando se ven los camiones que llevan a los jornaleros hacia el campo. Algunos van medio vacíos, otros un poco más llenos y los más semidesiertos. Para algunos es la respuesta que esperaban ese día, no importa que no asistan a la caminata, con que no vayan a trabajar ese día es suficiente.
Al correr de los minutos van llegando algunos más, pero no son tantos como se esperaban. Para las 6:30 de la mañana han llegado apenas 40 personas y varios reporteros de medios nacionales e internacionales, algunos activistas, los líderes del movimiento y un puñado de sus seguidores.
Esto no hace mella en el ánimo de los asistentes, quienes lanzan un mensaje como si estuvieran ante una multitud de 50 mil personas. Ahí están al frente Lorenzo Rodríguez Jiménez, secretario general del Sindicato Independiente Nacional Democrático de Jornaleros Agrícolas (SINDJA) en San Quintín; Bonifacio Martínez, Fidel Sánchez Gabriel, Juan Hernández y Gloria Gracida, todos ellos voceros de la Alianza de Organizaciones Nacional, Estatal y Municipal por la Justicia Social, acompañados de Al Rojas, vocero de la American Federation of Labor-Congreso of Industrial Organizations (AFL-CIO), dando su mensaje de protesta.
La mayoría de los líderes, al igual que los jornaleros, son de origen indígena. Su piel morena, bajitos, las manos llenas de cayos por los malos tratos del campo, de mirada triste pero ánimo taimado por las dificultades a las que están acostumbrados. Hay quienes hablan mixteco entre ellos y en español con la prensa, pero también los hay quienes no saben español.
Quien destaca entre el grupo es Al Rojas, un mexico-americano de pura cepa. Habla un español aprendido a las duras y un inglés atropellado por el correr de los años, que por su avanzada edad hay a quienes les cuesta seguirle el paso, en una lengua o en la otra. Pero cuando grita al micrófono su mensaje siempre es claro, sin importar en la lengua que lo diga.
Al principio a él también le cuesta entender lo que dice el representante de los trikis en el sindicato, pero con ayuda entiende que le están dando una manta para que sea ondeada en la manifestación con la pintura de un dragón y una mujer levantando el puño en señal de protesta, a los lados rostros de hombres y mujeres con símbolos de maíz, que representan en el trabajo de la tierra. También está escrito un mensaje: ¡Los jornaleros de San Quintín no se rinden carajo! (sic).
No hubo cambios
El primero es Fidel Sánchez, por ser el primero que llegó. Recuerda que las 14 demandas iniciales de los jornaleros, entre las que se encuentran el aumento del salario mínimo de los jornaleros a 300 pesos, prestaciones de ley y la formación de un fideicomiso de 100 millones de pesos nunca se cumplieron.
“Los puntos de la demanda inicial están basados en la constitución y la Ley Federal del Trabajo. La Secretaría del Trabajo y Previsión Social junto con los tres niveles de gobierno son cómplices de las violaciones de nuestros derechos. Nosotros mantenemos firmes los catorce puntos de la demanda inicial: la revocación del contrato colectivo, que se respete la antigüedad de cada trabajador, que todos los trabajadores estén afiliados al IMSS, que se paguen todas las prestaciones de ley, las horas extras dobles y triples”, manifestó.
Recuerda también que se pidió que se otorgaran los cuarenta días antes y después del parto a las mujeres descansar, así como los cinco días de paternidad, detener el acoso sexual en los campos, las represalias a los trabajadores que son parte de la manifestación, que el salario mínimo sea de 300 pesos, que se pague cada caja de fresas a treinta pesos, a 17 pesos la jarra de mora, entre otras demandas que nunca se cumplieron.
Al Rojas dice que la rabia tiene un año, y con justa razón, pues se ha vivido durante mucho tiempo en condiciones de esclavitud moderna. “Nada ha cambiado, son los mismos ataques de los empresarios y eso no se puede aceptar”, grita en el micrófono.
“Hemos estado encarcelados, hubo mucha sangre. Llegamos al acuerdo de lanzar un boicot económico que muchos no creyeron porque los empresarios amenazaron con cerrar aquí e irse a otros países. Nunca se fue ningún cabrón”.
Gloria Gracida habla en representación de todas las mujeres jornaleras. Recuerda que, en sus viajes en búsqueda de apoyo y justicia, hay veces en las que se siente sola, pero al reflexionar en todas esas mujeres que trabajan día a día en el campo recupera fuerzas para seguir luchando.
“Hay días en los que voy a cruzar la frontera y me siento sola, pero entonces recuerdo a todas las mujeres que estuvieron en esa lucha haciendo milagros con las donaciones que llegaron para darles comida a los miles de jornaleros que seguimos en protesta”.
Lee también un mensaje que escribió para una entrevista en la radio pero no tuvo oportunidad de leer. Es largo, pero se rescata una frase que lo resume todo: “nos han quitado tanto que hasta nos quitaron el miedo”.
Inicia la marcha
Todos toman su turno, pero pronto dan las 09:00 de la mañana y es hora de marchar. El día sigue nublado, la neblina empieza a ceder, y aunque sigue frío los jornaleros están acostumbrados a las peores condiciones de trabajo en el campo. Para ellos la caminata, dicen, será poca cosa.
Toman un carril de la carretera Transpeninsular, que atraviesa a lo largo las dos Baja Californias, y el tránsito empieza a alentarse. Pronto hay una gran fila de automóviles, tráilers, camionetas y remolques tras ellos, pero a nadie le importa.
Mientras avanzan, algunas personas salen de los negocios ubicados a ambos lados de la carretera para ver a la caravana en señal de apoyo. Algunos incluso les ofrecen botellas de agua a los miembros de la caravana.
Al llegar a las instalaciones de la empresa Driscoll’s, la cual es predominante en el negocio de las fresas, las moras y las uvas de la región, además de ser parte del consejo agrícola que determina las condiciones laborales de los jornaleros.
Son Fidel Sánchez y Al Rojas quienes emiten el mensaje. Primero Fidel, quien recuerda que en muchas ocasiones han invitado a los directivos a sentarse en una mesa de negociación pero nunca han aceptado.
“Han sido muchas veces las que los hemos invitado a negociar y siempre rechazan la oferta. Pero queremos decirles que nos seguiremos tolerando los abusos de los que hemos sido víctimas todos estos años. No queremos más explotación”, levanta la voz.
Al Rojas, enérgico como siempre, decide esta vez dar su mensaje en inglés.
“Debería darles vergüenza el trato que les dan a los trabajadores. Los tienen viviendo en condiciones de esclavitud, con salarios de lo más bajos y condiciones en las que nadie merece trabajar”.
Lentamente la caravana avanza, recibiendo muestras de apoyo y detiéndose un par de veces más para manifestarse contra las empresas que los explotan. Hay mucha gente en las calles. Algunos en sus negocios, otros que no fueron a trabajar, muchos de ellos jornaleros. El boicot a Driscoll’s, si bien no tiene la fuerza del año pasado, sigue vivo.
Son un puñado de hombres contra un titán transnacional. Los jornaleros contra los empresarios. Los hombres del campo contra los hombres del traje, los pobres contra los poderosos, perpetuando así la historia del hombre contra sí mismo.
Lentamente la caravana sale de la colonia Vicente Guerrero. Llega a Zapata, donde tiene lugar otro pequeño mitin con los pobladores. Luego lleva el mensaje a los poblados de Camalú, Díaz Ordaz, Coronel, San Vicente y finalmente la noche los encuentra en Zorrillo. Fue un día para arduo de actividades, pero el ánimo de todos permanece como si fueran todavía las 06:00 de la mañana. Sus rostros están cansados, pero siempre están cansados. La marcha continuará mañana con destino a Ensenada, pero el futuro todavía es incierto. De momento es tiempo de descansar y recuperar fuerzas.