Rumbo al Sexo Informe
Se van seis años del baile al bailoteo, de un gobernador que no quiso dejar de ser candidato
Cynthia Valdez
Ardua tarea será la tarea de quienes intenten sacar saldos positivos de los seis años que gobernó Mario López Valdez a Sinaloa. De los buenos intentos de 2010 al complicado y tortuoso final de sexenio en donde parece fuera acompañado por la célebre canción “Todo me sale mal” de la banda “El Tri”.
¿Cuándo dejó de ser MALOVA el seductor candidato cobijado por el PÁN y el PRD que pareció desafiar al PRI del 2010, al gobierno de Jesús Aguilar Padilla y a la candidatura de Jesús Vizcarra?
¿En qué trecho del camino se perdieron las buenas intenciones impresas en aquel discurso que se escuchaba agresivo, que convocaba, que aglutinaba y que hizo creer que las cosas podían cambiar?
En la percepción que queda, pasados los seis años, Lopez Valdez nunca dejó de ser priista, solamente se fue a militar en lo que parecía una improbable “otra ala” del tricolor. Su gobierno operó tres años con la túnica de “ciudadano”, se dio tiempo para arropar al panismo y al perredismo, acomodó a representantes de corrientes de ambos partido pero al final, terminó rodeado del priismo convenenciero, el tradicional, al del “agarro y no suelto”.
Bajo el rigor del análisis, MALOVA no engañó con la mentira, fue fiel a sus orígenes como político, ejerció su derecho a disentir y supo rectificar a mitad del camino. Lo más evidente fue perdonar y dejar de lado toda acusación que parecía iba a llegar precisamente sobre su antecesor, Aguilar Padilla, así como contra varios presidentes municipales sobre quienes se dijo que ya había expedientes elaborados.
Fue el “perdón” que se vistió de “exoneración” porque, otra vez las percepciones, lo que hubo fueron amagos, no intenciones serias. Ahora, a esperar que Quirino Ordaz corra la mismas cortesía política.
Un gobierno en cenizas
En el repaso, ¿por dónde empezar?
EL “pecado de origen” podría ser la integración de un gabinete que apenas siendo indulgente se puede decir que alguno de sus secretarios sale bien librado. El gabinete del cual se dijo en 2010 que “ni cuates ni cuotas” pero que finalmente terminó siendo muy de cuates porque había que cumplir con cuotas.
Se atendió a los “padrinos políticos” (Millán y Labastida), se atendió al panismo (Favela u etcéteras), al perredismo (Juan Guerra, Ramón Lucas, Ahudómar Ahumada), se le dio juego a quienes hicieron posible la rebelión pero no se favoreció para nada la productividad y eficiencia del sistema gubernamental.
MALOVA ha sido un gobernador muy frágil, susceptible a los ataques desde todos lados porque para su infortunio, primero por decisión personal y luego por incapacidad institucional, no ha habido quien sepa detenerle los golpes. Sostuvo a un equipo en donde su secretario general de gobierno, Gerardo Vargas Landeros, ha estado actuando solo en favor de intereses muy propios y sin nunca cumplir el deber mínimo de cuidar al jefe. No ha existido una operación política de altura pero sí una conductas y actitudes que tal vez no pasen la prueba del ácido.
Cuestión de comparar las actuaciones de Rafael Oceguera y Vargas Landeros para tener la proporción de lo antes expuesto.
Cierto, no faltaron calamidades al sexenio malovista, de varios y diferentes niveles, tal como las heladas del 2011 o las contracciones financieras que azotaron el país. Decir “se hizo lo que se pudo” es tratar de evadir que hubo en su momento recursos que tal vez no se supieron ejercer debida y cabalmente, en la presunción de que ha existido incapacidad para administrarlos. Preferible pensarlo así a que se dude si es que hubo total honestidad en los procesos.
¿Qué sector o actividad económica pueda llamarse beneficiada por el sexenio de López Valdez? ¿Cómo estaban hace seis años atrás y cómo están hoy? El balance dará una respuesta que tal vez no sea del agrado de los hoy hombres y mujeres en el poder.
No se irán solo el gobernador y su equipo en eso de achacarle fallas, que en el poder legislativo, a las legislaturas que les tocaron los tiempos malovistas, recae mucho del reclamo que surge.
Ya ni hablar de la inseguridad, la asignatura siempre pendiente, la tarea siempre inconclusa, la que provoca solo el duelo y los pésames, no la reacción que pueda aplaudirse. Así como ayer, como siempre.
Se fueron seis años, del baile al bailoteo. El gobernador que tal vez no quiso dejar de ser candidato.