“Punteros”: Los ojos vigilantes del narco

Chavos que viven al margen de una ley que tal vez, no se sepa que existe, ni tampoco respetan 

 

 Cynthia Valdez 

 

Tres jóvenes ingresan al local y parecieran tomar sus posiciones, cada cubriendo un área del Oxxo ubicado en la zona poniente de la colonia Guadalupe. La señora que asiste como paquetera percibe la presencia de los supuestos clientes y voltea hacia la mesa donde otro joven, de no más de 16 ó 17 años, gorra beisbolera negra sobre la cabeza, se toma un café y checa su celular.

El de la gorra se levanta y se acerca a la caja cual si la fuera proteger: el mensaje que envía es captado por los jóvenes que de inmediato salen del lugar para sobre la avenida Bravo para tomar un camión urbano con rumbo al sur de la ciudad. No pudieron siquiera hojear una revista.

No, no se trata de un agente encubierto de la policía o de alguna empresa de seguridad privada, es el “puntero” asignado a la zona, uno de tantos a los que es dable observar en diferentes puntos de la ciudad y que en éste como en otros casos, son vistos como “guardianes” de la cuadra.

Casi frente al citado Oxxo, un taller mecánico en el que todo el día desfilan patrullas de la policía municipal para ser reparadas y en consecuencia, hacer que todo el día se perciba la presencia de agentes de dicha corporación.

 “Los vemos, sabemos que están ahí, sabemos incluso quiénes son pero se portan bien, no cometen faltas al bando de policía y buen gobierno”, dice en tono “polite” un agente al que se cuestiona sobre el tema.

“Son  morros, muy chavos, que se ganan unos pesos echando el pitazo acerca de si pasamos nosotros, la ministeriales, los soldados o la marina”, dice otro, “no andan armados más que con un radio y se portan bien”.

Nadie sabe a “quién” cuidan, nadie menciona siquiera un posible nombre del “pesado” que seguramente vive por la zona y que obliga a que pululen a quienes se acredita el punto más bajo en el organigrama del sicariato.

  El relevo

Semanas atrás, eran otros los que se habían presentado ante el vecindario pero pronto fueron relevados. Una serie de atracos a negocios además de saberse de exigencias de cobro por “cuidar” (el famoso derecho de piso) llamó la atención de tal suerte que apenas días después, un comando de la Marina, vestidos de civiles, llegaran para llevarse a una media docena de jóvenes que estaban asignados a ese mismo punto.

 “Son plebes que tratan de no meterse en broncas, aquí en el Oxxo se la pasan haciendo nada, nos piden chanza de cargar sus celulares o las baterías de los radios. Se están un rato, luego van enfrente al parque o a la iglesia y hay uno que se la lleva aquí enseguida, en la terracita del Palomar de los Pobres, debajo de los árboles. ¿Qué hacen? Eso quien sabe”, dice la señora paquetera, cual si estuviera describiendo el paisaje externo.

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A unos 80 metros del taller lleno todo el día de patrullas, un local que aloja a un negocio de rotulación electrónico cuya segunda planta, en construcción, sirve de refugio para que ahí, “punteros” o “halcones” (como también les llaman) pasen el turno nocturno entre alcohol y drogas. La queja del dueño sirvió para aquellas primeras “solicitudes” del derecho de piso.

Enfrente de ese local, una cenaduría que fuera asaltada en horas tempranas de la noche por quienes minutos después, se pasearían tranquilamente en calidad de “vigilante de la cuadra”.

Una ley de “pantalla”

Ni quien quiera acordarse de que en junio de 2013, el Congreso del Estado de Sinaloa aprobó reformas al Código Penal del Estado para tipificar como delito grave lo que se denomina “halconeo” y actividades delictivas similares.

Dichas reformas plantean una pena mínima de 4 años a seis meses, y hasta 15 años de prisión, a quien aceche, vigile, espíe o proporcione información, sobre las actividades oficiales o personales que realicen o pretendan realizar los servidores públicos de las instituciones de seguridad pública con la finalidad de entorpecer o evitar el cumplimiento de sus funciones.

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Así también, se contemplan sanciones para quien aceche y vigile en cualquier lugar tendiente a evitar la captura de algún delincuente o miembro de una asociación delictuosa u organización criminal.

En el texto de la ley se sumó la definición de “halcones” a individuos “cuya función es la de vigilar una zona por “encargo” de algún grupo criminal, y reportar cualquier actividad sospechosa de grupos contrarios o las fuerzas de seguridad”.

Pero de eso, ni quien diga nada. ¿Qué corporación se supone es la que debe perseguir el delito? ¿Qué papel le corresponde a las policías municipales?

El “puntero” es parte del paisaje de varias zonas de la ciudad, no pasa de ser una especie de objeto decorativo pero cuya presencia se “perdona” aún siendo contra la ley por efectos de la doble moral ciudadana y la sempiterna simulación de quienes son los encargados de “preservar el orden público”.

El dicho de un “puntero”

Iglesia de la Santa Cruz, cerca de las ocho de la noche, en algún punto de la pequeña explanada situada al costado oriente, con vista a la avenida Bravo.

 “Oiga joven, no puede estar aquí”

“No se apure, padre, que aquí le cuidamos la iglesia”.

Todo sea, dicen, por 500 ó 600 pesos a la semana. Nadie que les explique a estos jóvenes el paradigma de “el crimen no paga”. Su ambición no es la escuela, es simplemente, llegar a cambiar el radio que hoy portan por un arma.

Los ‘espías’ del crimen  organizado

No sólo en la ciudad, en rancherías, carreteras y en la sierra  de Sinaloa el “halconeo” es una herramienta muy útil para los carteles del crimen organizado porque es uno de sus principales sistemas en la obtención de inteligencia sobre los movimientos e intenciones de los operativos en su contra.

Normalmente los ‘punteros’ son muy jóvenes que van desde los 19 a los 25 años, incluso adolescentes menores de edad, se colocan en cruces importantes, gasolineras, tiendas de conveniencia y puntos cercanos a los cuarteles de las fuerzas federales y estatales, reconoce la Procuraduría de Sinaloa.

Se les dota de radios desde los cuales transmiten sus informes del paso de algún convoy lo que mina considerablemente la eficiencia de los operativos que realizan las corporaciones policiacas, Marina o Ejército.

También suelen entrar en este perfil los trabajadores del comercio informal como vendedores de piratería o comida en la vía pública que, camuflados en su actividad, observan y reportan.

De  acuerdo a estadísticas de la PGJE de Sinaloa del año 2013 a la  fecha han sido detenidas 31 personas y sólo en algunos casos se ha consignado.

julio romanillo

Se han ejecutado  19 autos de formal prisión y se han librado dos autos de formal prisión y en el caso de menores de edad se ponen a disposición de la agencia especializada de justicia para menores, detalló Julio César Romanillo, subprocurador de Justicia de la zona centro.

Un ‘puntero’ es la escala más baja en la pirámide de un cártel. Quien entra a desempeñar esa posición lo hace soñando con grandes cantidades de dinero, de ir creciendo en la criminalidad, y de ser alguien en su colonia aunque la realidad es otra.

El puntero de inmediato comienza a hablar con el léxico propio de su grupo criminal; ya no está listo, ahora está “bien pilas” o “está al cien” y cuando quiere impresionar al jefe, suele decir que está “al millón.”

Para los jóvenes que se dedican al halconeo suele ser un camino sin retorno. Llegará el momento en que sus jefes lo dejen hacer un “jale” de mayor exigencia, y llegará el momento del adiestramiento en las armas.

Son innumerables los casos de jóvenes que fueron captados como halcones y que hoy desempeñan funciones de “estaca” (sicariato) dentro de los cárteles y la mayoría termina en un charco de sangre.

 Cifras de detenciones por ‘halconeo’ 

2013  2 detenidos

2014 23

2015  5

2016  1

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