Poema: Debacle

Por Gabriela Camacho

 

Respirar hondo después de un intermitente desastre, es paz infinita.

Esa que se encuentra rara vez en medio del hastío cuando no se piensa en nada, no se siente nada y nada añora nada.

Debacle.

Un movimiento de placas tectónicas que no sabías que había en vida, pero sacude recio dejando todo en desorden. Y así, como lo hace con la tierra, también lo hace con el alma.

Lo sano es que al final, llega la calma.

Nada pesa.

Todo se acomoda.

Pensé que se acercaba mi última bocanada de aire que, por cierto, ya no sentía que la necesitara, cuando de pronto me salvaron. Otras caras, otros rostros, otras personas, otras vidas.

De la nada, la energía negativa salió y regresé lentamente a mi realidad.

Me privaba de todo, no disfrutaba nada. Incluso de mí misma.

¿A caso a eso venimos aquí antes que a ser feliz?

Cuando levitas tanto que no logras entender por qué un ritmo de vida te mueve hacia donde tú no quieres, el golpe llega itinerante en todo el cuerpo y todo duele. Luego pasa.

La debacle, sirve. Y sí, el sustantivo “debacle” es femenino como yo, por eso titulé estas letras así. Es un torbellino que arrasa con todo.

Yo también me desmorono, a veces, luego me repongo y sin saber cómo. Hay que ser tan fuerte, aislarse un poco, llorar a veces y reír siempre, así se sana y se encuentran alientos en el fondo, en las entrañas que despacito, te van haciendo sentir libre.

La debacle.

Me gusta más ese concepto que “el derrumbe”.

Ya ustedes pueden opinar el ¿por qué?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *

Share via
Copy link
Powered by Social Snap