Pediátrico de Culiacán: la inhumana política de Quirino y el Congreso

Columna Institucional

¿Cuándo comprenderán los políticos que con la salud no se juega, menos con la de pequeños niños que se aferran a la vida desde temprana edad?

El tema que hizo implosión esta semana, cuando padres de familia armados solo con pancartas salieron en defensa de los tratamientos de sus hijos, que padecen cáncer, muestra el rostro más inhumano de las políticas públicas del gobierno de Quirino Ordaz Coppel, y sobre todo dan en un punto que todavía la sociedad sinaloense no ha reclamado con denuedo: la construcción y remodelación de dos estadios en Mazatlán con un costo cercano a los 800 millones de pesos.

Es una tragedia que mientras el gobierno estatal se gasta esta cantidad -la mínima según los documentos que tenemos y obtenidos vía Ley de Transparencia-, los niños del Pediátrico y sus familias sean acosadas por la falta de medicamentos y tratamientos.

Y no es un tema que con la salida del secretario de Salud, Alfredo Román Messina, que declaró a Línea Directa que no hay tal desabasto, se solucione. Él podrá decir lo que quiera para intentar tapar el hoyo de la corrupción y complicidad que se extiende desde el sexenio de Mario López Valdez, pero los médicos ya están contrariando su versión oficial. Lo que dice Román Messina, es una verdad a medias… o una mentira completa, según se vea.

Los estadios que mandó hacer Quirino en su tierra natal también son una mentira, pues por más que buscamos y solicitamos los documentos vía Plataforma de Transparencia, en donde ambos proyectos se justifiquen, la administración estatal no ha ofrecido pruebas convincentes. La estimación es que el pueblo no puede reclamar este dispendio porque se trata de entretenimiento a la vieja usanza: dadle espectáculo deportivo, y no reclamarán, aunque las urgencias sean otras. La precariedad social versus la idea de progreso en materia deportiva. Con ambos cosos vamos a ser más felices aunque existan niños padeciendo a falta de recursos en los hospitales públicos.

Los otros grandes simuladores en esta historia, y a los que la sociedad no les hace pagar el costo público y político, son los encampañados diputados del PRI que buscan reelegirse, pues en enero de 2017 aprobaron descentralizar el Pediátrico para convertirlo en un apéndice de la Secretaría de Salud. Primer golpe. ¿Segundo golpe?: tras las protestas por el Gasolizano, los legisladores, todos, asumieron el compromiso de entregar al Hospitalito los apoyos en materia de combustible y transportación a la causa de los niños que reciben atención. Un millón 100 mil pesos mensuales. Otra parte se destinaría a la Beneficencia Pública.

También se pudo comprobar a través de Acceso a la Información Pública que los diputados mintieron y que solo entregaron un cheque de 336 mil 666 pesos en mayo de 2017, el cual fue recibido por el director del Hospital Pediátrico. La misma cantidad recibió Beneficencia Pública. No más. En octubre de 2017, los legisladores aceptaron que no se continuó con esta donación.

Eso sí, ahora que es sumamente necesario recuperar las finanzas de esta institución, no sobran los diputados que van a tomarse la foto con los pequeños. Por lo pronto, y parece que gracias a la presión de los padres y las denuncias de los médicos, el problema más urgente puede estar solucionado. Pero se necesitan más políticas públicas y sensibilidad del gobierno y del Congreso para aliviar esta crisis que golpea a esos niños que ahora no solo tienen que luchar por vivir, sino contra la burocracia y la simulación.

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