La Atarraya
Por El Tejedor
Columna Institucional
Desde luego, el primer día de gobierno cuenta mucho. Puede o no ser definitorio, dependiendo cómo se le vea. Desde la asunción de Rubén Rocha Moya a la gubernatura, su discurso, más que conciliatorio en lo político, lleva la señal de una reconciliación con las víctimas de la violencia. Que se haya reunido con un gran número de estas personas que por años se han sentido ignorados, debe ser una señal que irrumpe en la forma de ejercer el poder.
Sus primeras dos reuniones públicas de este lunes primero de noviembre no fue con la élite empresarial, no se fueron en cócteles con los señores del dinero, no se fueron en un festejo banal, ni en la falsa ilusión que ofrece el oropel de la propaganda y la magnificencia: fue en dos reuniones con parte de quienes a lo largo de más de una década han sido agraviadas por la violencia, las víctimas más urgentes que reclaman su lugar en este mundo y que pocas veces son escuchadas de verdad.
Lo que de este lunes, primer día de gobierno, fue testigo la ciudadanía, quizá sea una nueva era que abre camino para el reconocimiento oficial de las víctimas como personas de primera importancia, y da señal en los modos de trazar una ruta que genere verdaderas políticas públicas en su favor, y en favor de las clases más desprotegidas.
No se trata del disimulo, ni de grillas que por tantos años nos han costado saliva y tinta; hoy las familias de personas desaparecidas y las familias en situación de desplazo acudieron con el corazón en la mano, porque el oficio nos ha enseñado que son ellas quienes han padecido por años los agravios del poder y la violencia vertebrada, y quienes a lo largo de los años han demostrado tener la voz entera para exigir justicia, algo que en este país parece olvidado.
No es fácil cohesionar todas las ideas, quizá aterrizar todos los proyectos, pero en los anteriores gobiernos estos mismos grupos sociales padecieron la indiferencia de quien ejercía el poder y el presupuesto, y ante sus ojos miraban cómo triunfaba la banalidad, que edificaba estadios, daba contratos millonarios a los suyos y prefería el chacoteo de las redes sociales antes que la seriedad que se reclamaba para el tema.
Malova despreciaba con hondo desprecio a estos grupos sociales, porque los encuadraba en su marginal idea que si padecían el desplazo forzado era porque se dedicaban a actividades ilícitas. Lo mismo para las personas desaparecidas. Desde el poder, entonces, se estigmatizaba a las víctimas. Muchas veces lo hizo y está documentado: su negativa para generar la declaratoria de alerta de género por el número macabro de feminicidios, su falta de tacto para evitar hablar del debido proceso y su dejadez para dejar pasar todo, mientras madres y padres perdían a sus hijos.
Quirino intentó hacer un poco las cosas diferentes, pero se lo comió la banalidad, su visión empresarial de que, para ganar, hay que vender un producto, y eso intentó con el Puro Sinaloa. Optó por construir, a cuenta del erario, una falsa imagen de un Sinaloa Puro, que costó carretadas de dinero y una obstinación de marketing enfurecido, ya que era mejor que otros se hicieran cargo de los temas terribles, para él pasearse como torero en plaza llena, con obras que se repartieron a diestra y siniestra de una manera poco transparente. Prefirió el coso, la actividad circense, siniestramente circense, a enfocar presupuestos y políticas públicas que abrazaran a quienes han sido víctimas de la violencia sistemática. Recuperar el tejido social no se logra con pavimentar una calle nada más, también hace falta allegarle a las personas de herramientas para una reconstrucción social diferente: mirarse en un espejo de contrastes, anhelar una vida lejos del caos.
Recientemente La Pared visitó la Escuelita Temporal de la colonia Ampliación Bicentenario -sus habitantes ni si quiera se atreven a decirle colonia, pues dicen que es un asentamiento irregular, lo que demuestra que ellos mismos se sienten en una periferia sin derecho a existir, cuando la realidad es todo lo contrario: luchan por existir, por tener pleno dominio de esa existencia-, y ahí en ese lugar recóndito de Culiacán suceden muchas cosas. Una pobreza que se puede oler en la forma de llantas y cartones quemados, una tristeza que flota en la luz reverberante del mediodía bajo los toldos elaborados con viejas lonas de propagandas políticas pasadas y pedacería de tablas y láminas desechadas. Allí, contra todo lo que pueda decirse y estigmatizarse, hay una semilla que dice: Hay que cambiar el chip, hay que hacerles entender a niños y jóvenes que el camino del estudio y la cultura les abrirá un mundo nuevo.
Viene a cuento esta historia porque muchos políticos asumen que los pobres sin credencial no son votos que se puedan contar y que llevar bienestar a estos sectores es puro gasto que no se traduce en ganancia política que se pueda atarrayar en tiempos de pesca electoral, pero olvidan que de estos cinturones de miseria, de familias que piensan en cómo sobrevivir, surgen los grandes problemas de la sociedad: la violencia y el abandono. Entonces pues se vuelven a repetir los mimos esquemas para una continuación de lo mismo que nos quejamos siempre. Si nuestra sociedad estigmatiza, es porque al poder le ha convenido que así sea, porque el niño que sale de estos sectores convertido en sicario, no se le atendió en sus primeros años. Se le olvidó y una vida, muchas vidas, regresan a reproducir el drama.
Por eso, que el gobernador Rubén Rocha esté poniendo en su agenda como prioridad devolverle la dignidad a quienes han sido largamente agraviados, es una señal que no se puede ignorar. Ya podrán decir los políticos profesionales que eso es pura demagogia, pero ellos, que siempre han querido llegar al poder para servirse, hoy pueden sacar cuentas, y pueden ver con sus ojos, que en el primer día, se buscó responder a una necesidad urgente.
Claro está que de buenas intenciones no vive nadie y ahora hará falta concretar, generar presupuestos, políticas públicas, estar dispuesto al disenso porque como seres humanos no es fácil tejer los acuerdos pertinentes, cada quien busca lo propio, y eso es legítimo, pero nunca hay que olvidar que al final de cuentas, como colectividad, el ser solidarios nos alivia un poco más que el ser una isla, en aislamiento.
UNA AGENDA AMPLIADA
Desde luego que la agenda social en Sinaloa es mucho más amplia y corresponde a muchos sectores empujarla. Sin embargo, el cambio de chip debe venir para arriba, desde la atención debida a todos aquellos inconformes. Habrá a quien no se le puede resolver, porque muchas cosas no corresponden al gobierno, pero tener las puertas abiertas será esencial y eso al menos ha prometido el gobernador. Toca a todos los funcionarios ser abiertos no sólo a la sociedad sino al escrutinio público, eso que siempre se promete pero poco se cumple. De tanto usarse la palabra transparencia a veces parece estar tan desgastada y termina por no comunicar nada. Siempre hemos dicho que la autocrítica es importante, así como la crítica. Ya se verá conforme camine la administración, de qué temple estará construido el nuevo gobierno.
ESTRADA NO ENTIENDE
Uno que no entiende que no entiende es el alcalde Jesús Estrada Ferreiro, quien ahora se le ocurrió eliminar los descuentos a jubilados y pensionados que pagan la tarifa del agua potable que están establecidos en la Ley de Agua Potable y Alcantarillado de Sinaloa, que no contradice para nada a la Constitución -a él le encanta citar la máxima norma sin nunca citar el articulado correspondiente-, ya que el artículo cincuenta de dicha norma señala que este grupo social tiene derecho al descuento siempre y cuando no sobrepasen el suministro de cincuenta metros cúbicos.
Touché. Para que Estrada haga efectiva la eliminación de descuentos, el Congreso deberá reformar el párrafo segundo de este artículo, que dice: Tratándose de pensionados o jubilados, que acrediten tal situación, usuarios del servicio doméstico y cuyo consumo bimestral sea de hasta cincuenta metros cúbicos, con el acuerdo del Consejo Directivo, se les aplicarán tarifas y cuotas del 50% por los servicios que prestan las Juntas.
Estrada se le ha echado encima al diputado Feliciano Castro, presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, si quiere que se le elimine este apoyo a los jubilados y pensionados, debería ir conciliando en el Legislativo. Otra cosa. Este apoyo no es una exención, primero que compre un diccionario para que sepa las acepciones correctas de las palabras, y después discutimos si es o no pertinente quitarlo de un plumazo.
Lo que debería hacer Estrada es correr a los aviadores que se le han incrustado en su gobierno, si de ahorrar se trata, aunque diga que no, le conocemos varios. Lo otro es que se habla que en gobierno no les parece buena idea lo del Metrobús. Pero este tema lo tocamos en otra próxima entrega, que hay mucha tela de dónde cortar.