–¿Políticos en campaña? Yo sólo veo pura rata frotándose las manos…
Frase escuchada en una taquería
Por Martín Durán
En cuanto Mario López Valdez asumió la jefatura del Ejecutivo en Sinaloa en 2011 comenzó la diáspora y surgieron las células para emprender ya los proyectos políticos con miras a sucederlo en 2016. El de Malova pues fue un gobierno-experimento para esta sucesión adelantada.
De los actuales aspirantes, sobre todo los visibles, la mayoría tiene tiempo en campaña. Otros apenas hace unos meses, como el alcalde Sergio Torres Félix, han alzado la mano recientemente.
Lo que sorprende aquí no es tanto que la clase gobernante ya se encuentre en campaña, después de todo el poder seduce, el poder es la gloria, eleva el espíritu de ciertas almas mezquinas. Que ellos se anden placeando es lo de menos.
Lo impresionante son los ejércitos de hombres y mujeres que cada día, ya a 72 horas de que se expida la convocatoria para arrancar el proceso electoral, se disputan la vida y la muerte en redes sociales y en la cotidianidad para dar su apoyo a tal o cual aspirante.
Actitudes mezquinas e interesadas abundan. Por ejemplo, una entrevista publicada por el semanario Ríodoce con declaraciones del ex gobernador Francisco Labastida Ochoa desató las más bajas pasiones en esos ejércitos de zombies que ya se sienten parte de un proyecto político del cual, seguramente, les tocará las tristes migajas. Labastida, frases más o menos, dijo que Vizcarra no va, y que Gerardo Vargas no entra a la terna. Con eso, la furia desatada.
Y basta que otro actor político como Juan Millán Lizárraga –el brujo de la tribu- rezongue para que la marabunta humana de la abyección reaccione. O póngale usted cualquier otro nombre, Aarón Irízar, Heriberto Galindo, Diva Hadamira Gastélum o, que más da, Ismael “El Mayo” Zambada. Para el caso da lo mismo.
También nuestro periodismo se vuelve cada vez más militante cuando se acerca un proceso electoral, y abundan los colegas que se me acercan para preguntarme en lo corto a qué candidato vamos a apoyar. En los cafés y mentideros en donde suelen llevarse periodistas los únicos temas son las futuras sucesiones. No hay más. Nuestro periodismo carece de un verdadero análisis de estos tiempos tan convulsos y peligrosos. No nos especializamos. Nos apasionamos y tomamos partido. Ya sea un Clouthier independiente o un Sergio Torres “morrinezco” en procesión hacia los municipios.
Y todo porque el proyecto de alternancia malovista fue uno fallido, engendrado quizá con buenas intenciones, en el cual los electores confiaron, pero que pronto defraudó la confianza al no alcanzar las metas propuestas y al concurrir en la misma corrupción y opacidad al que los anteriores gobiernos nos tenían acostumbrados. Esa será pues la mayor carga para el nuevo proyecto de Malova en la figura de Gerardo Vargas Landeros.
Pero lo cierto es que la política se ve devaluada, y esos ejércitos de “ciudadanos” que se suman a este frenético campañismo fuera de tiempo no hace sino confirmar que, si estamos jodidos, es porque somos actores de primer nivel de esa extraña y mezquina tradición proselitista. Creemos las mentiras que queremos creer. Al interior de nuestras casas renegamos de los políticos que devastan la estructura del Estado, pero vamos a sus eventos de campaña a recibir una playera y una cachucha. En el mejor de los casos, un plato de comida.
Somos como ellos en el fondo. Pero nos cuesta trabajo aceptarlo. Nuestra clase política en el país, en Sinaloa, es nuestro vivo reflejo de nuestra sociedad como lo es esa cultura de la violencia, de la corrupción, del achicamiento.
El parapeto
Desde meses antes de que Abraham Lugo abandonara su cómodo puesto en la Comisión Estatal para el Acceso a la Información Pública (CEAIP) –espero que cambien otras cosas, no nada más el nombre de Ceaipes-, ya la comisionada Rossy Lizárraga era la presidenta de facto de este órgano garante de transparencia.
Hoy pues por fin ya se formalizó designación por los nuevos comisionados en este puesto de CEAIP. En el fondo, no importa si Rossy es la presidenta o no. Lo que importa es que cada vez se abra más la caja fuerte de la opacidad y la resistencia de entidades públicas a entregar información y documentación que, verbigracia, es pública.
Porque en realidad también los funcionarios de las áreas de acceso a la información se están convirtiendo en especialistas en armar estrategias para negar la información y la CEAIP se está volviendo experta en simular proyectos de recursos para redundar en prácticas deleznables para confirmar negativas que son aperturas a medias.
La teoría del Chapo
Joaquín El Chapo Guzmán se ha convertido en una teoría que la práctica rechaza. La Secretaría de Marina, dicen algunos, lanzó un operativo en la sierra de Tamazula, Durango, para ubicarlo luego de que grupos armados arribaran a comunidades como El Verano y El Limón. Lo único concreto es que debido a esos operativos, los habitantes de algunas comunidades decidieron desplazarse a Cosalá. Sola las víctimas es lo único cierto en esta guerra contra el narco.