Culiacán, Sin.- La quietud en los alrededores de la presa Adolfo López Mateos no se alteró por el estruendo de las balas, sino por el peso muerto de lo que transportaban.
En las inmediaciones de este espejo de agua en Badiraguato, elementos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) tropezaron con una camioneta en aparente estado de abandono que, en realidad, resguardaba una pequeña sucursal de la guerra.
A simple vista, desde la caja del vehículo, sobresalían las siluetas largas y negras del plomo.
Al acercarse para una inspección minuciosa, las fuerzas federales descubrieron que no se trataba de un cargamento ordinario.
El inventario del decomiso dibuja con precisión la capacidad de fuego instalada en la región: cincuenta armas de fuego en total, entre las que destacaban un fusil Barret, siete ametralladoras antiaéreas, tres fusiles de precisión y cinco lanzagranadas, además de doscientos cartuchos y cargadores listos para el abastecimiento.
El vehículo y el arsenal bélico quedaron a disposición del Ministerio Público de la Federación para la apertura de la carpeta de investigación correspondiente.
Más allá del protocolo legal, el hallazgo deja en el aire la incógnita de un traslado interrumpido y el rastro de un convoy que prefirió dejar atrás su recurso más valioso antes de encarar un encuentro definitivo con la autoridad.
Redacción/LaPared