El último brindis en Ecuador: Las Fuerzas Armadas revientan narcofiesta de Los Choneros y encarcelan a 43 gatilleros

GUAYAQUIL, Ecuador. — La música de banda y el tintineo del hielo contra el cristal se ahogaron de golpe bajo el rugido de los helicópteros y el crujir de las botas militares.

No hubo tiempo para que los invitados de “Cheo” buscaran las armas cortas que descansaban junto a las botellas de whisky caro.

En el corazón de Guayas, la tierra donde la humedad se pega a la piel como el miedo, la fiesta de cumpleaños del jefe de “Los Águilas” terminó antes de que se apagara la última vela.

Fueron 43 hombres los que terminaron con el rostro contra el suelo de concreto, sintiendo el cañón frío de los fusiles del Estado en la nuca. Eran los rostros jóvenes de la maquinaria de “Los Choneros”, gatilleros y mandos medios que operan las rutas del litoral ecuatoriano; hombres que entienden el poder no como una ley, sino como el calibre del plomo que cargas en el cargador.

El nexo transnacional: Estos 43 detenidos no operaban solos. “Los Choneros” han consolidado su poder en el pacífico ecuatoriano al funcionar como el brazo operativo, armado y logístico del Cártel de Sinaloa.

Esta alianza estratégica internacional es la que convirtió los puertos de Ecuador en el principal trampolín de la cocaína mexicana hacia los mercados de Estados Unidos y Europa, desatando la ola de violencia que hoy desangra al país.

El festejo de alias “Cheo” no era una coincidencia, sino un intento desesperado por mostrar fuerza en un momento de extrema vulnerabilidad. Apenas unas semanas antes, el cartel había recibido su golpe más demoledor en años: la captura en Bogotá de Ronald Javier Macías, alias “Javi”, hermano del máximo líder de la organización.

Con “Javi” tras las rejas en Colombia, la presión de sus exigentes socios del Cártel de Sinaloa en México y la cúpula fragmentada, las facciones buscaban reagruparse en Ecuador, brindar por la lealtad y convencerse de que el negocio seguía en pie.

Pero la inteligencia militar les arrebató el festejo y la libertad.

En los patios de la propiedad quedaron alineadas las camionetas blindadas de alta gama, los chalecos balísticos y el arsenal de guerra que debió protegerlos, pero que esa noche solo sirvió como evidencia.

Hoy, las celdas de Guayaquil huelen a encierro y derrota. Un juez dictó prisión preventiva para los 43 detenidos, sepultándolos en el cementerio de cemento de la justicia ecuatoriana mientras se desmantela la red que pretendían blindar con música y pólvora.

En el litoral, el silencio ha vuelto a las calles, pero todos saben que en el mundo de los perros, cuando la manada se queda sin jefes y los patrones extranjeros exigen resultados, las mordidas por el poder se vuelven más salvajes.

Redacción/LaPared

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *

Share via
Copy link
Powered by Social Snap