Contra el reloj y desde el cielo: Así fue el traslado de un corazón que salvó una vida en la CDMX

Ciudad de México.- En el negocio de salvar vidas, el peor enemigo siempre es el reloj. Este miércoles la cuenta regresiva comenzó a más de 500 kilómetros de la capital, en Guadalajara, Jalisco.

Allá se consiguió un milagro: la donación de un corazón. El reto era monumental: traerlo, cruzar el tráfico de una de las metrópolis más caóticas del mundo y meterlo a un quirófano antes de que fuera demasiado tarde.

El contenedor con el órgano vital aterrizó por la tarde en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).

Apenas tocó suelo, el equipo médico corrió hacia la pista, donde ya rugían las hélices de un helicóptero de los “Cóndores” de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC).

No había tiempo para protocolos lentos; el corazón subió a la aeronave y el ave de acero se elevó de inmediato para devorarse los kilómetros desde el aire.

El corazón de la Roma Sur se detiene por un milagro

Mientras el helicóptero surcaba el cielo capitalino, abajo, en el asfalto, se desataba otra parte del operativo. Policías de la Subsecretaría de Control de Tránsito jugaron su propia partida de ajedrez vial: en cuestión de minutos, paralizaron el bullicio del cruce de las avenidas Cuauhtémoc y Baja California, en la colonia Roma Sur.

El tráfico pesado cedió ante las sirenas y los silbatos, abriendo un espacio limpio en medio de la calle.

Con precisión milimétrica, el Cóndor descendió en plena vialidad.

La ráfaga de viento levantada por las hélices apenas se disipaba cuando las puertas se abrieron.

Paramédicos bajaron a toda prisa con la hielera médica en mano y la entregaron a una ambulancia que ya esperaba con el motor en marcha.

El último tramo fue un viaje terrestre con escolta hasta las puertas del Hospital General de México. Ahí adentro, un paciente esperaba la oportunidad de volver a empezar, mientras un equipo de cirujanos se alistaba para recibir el órgano.

Al final, cuando las hélices del Cóndor dejaron de girar y las avenidas recuperaron su caos habitual, la misión se declaró cumplida.

Una vez más, la coordinación perfecta entre el cielo y la tierra demostró que, cuando se quiere salvar una vida, no hay tráfico ni distancia que valga.

Redacción / La Pared

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