El sistema nunca pierde. A pesar de las tan sonadas victorias de tres candidatos independientes en la recién concluida elección federal y de la fisura que aparentemente esto le puede provocar al otrora invencible sistema político mexicano, la clase política en el país está de fiesta. Más allá de la resaca y del PREP, las cuentas en los partidos políticos salen alegres desde la calculadora del pragmatismo. A saber, todos los partidos conservarán sus registros y de alguna u otra manera, todos obtuvieron distintas victorias. Irrumpe en escena MORENA pero se sabe que es solo una escisión del PRD, con prácticamente los mismos actores políticos, por lo tanto, sigue siendo los mismos y en las mismas posiciones.
Por otro lado y desde la óptica de los dueños del circo, la victoria de Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco” en Nuevo León no debe inquietar a nadie, ya que es una victoria que no puede durar más allá de un sexenio puesto que NO está apuntalada en ninguna institución de carácter político. Los “independientes” quemarán sus naves en los periodos que les toque gobernar y no contarán con el peso suficiente para transformar de fondo las formas y procedimientos para gobernar en el país, puesto que ninguno de ellos va a controlar o influir en los congresos estatales y mucho menos en las cámaras parlamentarias. No tendrán, por tanto, la capacidad de reformar las leyes. Aun así, Jaime Rodríguez contará con todo el aparato del estado y una oportunidad única para demostrar que es posible, en los hechos, gobernar distinto, por y para los ciudadanos y sobre todo, aplicar las leyes que ya existen de manera más justa. Para esto deberá contar con el espaldarazo de las instituciones que dependen de facto de otros partidos y organizaciones y la negociación para él se hará indispensable. Veremos entonces si es capaz o no de domesticar al monstruo de mil cabezas.
El caso de Manuel “Maquío” Clouthier es aún más paradigmático. El flamante diputado federal electo por el quinto distrito en Sinaloa tendrá que predicar en el desierto. Sin grupo parlamentario y sin que la reciente reforma electoral haya presupuestado victorias de independientes a corto plazo, no habrá mucha chamba para él; no podrá presidir ninguna de las comisiones y no podrá apuntalar, en negociaciones parlamentarias, las propuestas que eventualmente pueda presentar en la cámara alta. Habrá que sumarle que el Maquío terminó peleado con todos los partidos y sus líderes en el estado y lo más probable es que le hagan el “fuchi” cuando necesite el apoyo de estos. Nada de lo anterior le es ajeno al ingeniero y, a pesar de que le vienen tres años de “lamento cloutheriano”, sabido es que las aspiraciones de éste son del calibre de su fallecido padre, quien en el ya lejano 1988 contendió por la máxima asignatura del país. Aunque no lo diga y le pida al amable auditorio “no brincar los tiempos”, se sabe que el también empresario tiene la mira bien puesta en cierta oficina de palacio de gobierno.
Para alcanzar tal objetivo, el Maquío deberá replantearse algunos aspectos “non gratos” tanto de él como de su equipo de trabajo. La exhibida que le pusieron sus colaboradores en redes sociales no le ayudará en nada ahora que se vuelva en figura más que pública. La prepotencia nunca cae bien en los políticos y menos en aquellos en los que el ciudadano común tiene puestas sus esperanzas de cambio. La golpiza que algunos miembros de su equipo de campaña le dieron a un joven que los filmó en plena jornada electoral no habla bien de ellos ni de su líder. El ingeniero deberá disculparse como prueba inequívoca de que, de arranque, estamos ante un político de maneras distintas.
Otra vez será… cantaba desde su búnker de campaña Ricardo Hernández “El Chuquiquito” después de la ubicada que le pegaron el domingo. Lección aparte la que recibió el PRI en el estado y sobre todo en su capital, Culiacán en donde los ciudadanos al parecer alcanzaron “mayoría de edad” y dejaron en claro que ya no más candidatos hijos de papi, que sin ningún mérito pretenden acceder a puestos de mando dentro del gobierno. La gris campaña de Jesús Enrique Junior no dio lustre y le puso fecha de caducidad a la simulación de hacer y no hacer nada.
Por Édgar Colin