Culiacán, Sin.- El termómetro del miedo en la capital del estado no se mide en grados, sino en la repetición de los métodos.
Durante las últimas cuarenta y ocho horas, las calles han comenzado a registrar una inercia predecible: las balas buscan blancos específicos, personas que caminan juntas, que comparten un techo o un apellido.
Este jueves por la noche, la rutina de plomo cerró su jornada en la colonia Pemex, dejando tras de sí un saldo que encaja milimétricamente en la contabilidad criminal del día: tres mujeres muertas y el entorno familiar quebrado.
La última alerta llegó desde el oriente, sobre la calle Ernesto Damy, en el tramo que corre entre Heriberto Jara y José Miramontes. Los vecinos escucharon las detonaciones secas y compactas, el estruendo habitual que precede al silencio en los barrios de la periferia, y marcaron el número de emergencias.
Cuando los primeros uniformados del Ejército Mexicano llegaron al inmueble, la distribución de los cuerpos reflejaba la velocidad con la que se descarga un cargador.
En el porche de la vivienda, recargado sobre una silla, quedó el cuerpo inerte de un hombre de quien hasta el momento no se han proporcionado datos sobre su identidad.
Unos metros más adelante, traspasando el umbral de la puerta, la mujer, identificada formalmente como Dulce María, de 21 años de edad, yacía sin vida en medio de la sala. La posición del cadáver sugería el último movimiento instintivo de quien busca una pared o un mueble para guarecerse cuando el acero ya está cruzando el aire.
En el mismo espacio, un adolescente de quince años, de nombre Jesús Everardo M., sobrevivió al fuego.
Presentaba impactos en los brazos y las piernas, además de heridas menores causadas por las esquirlas de los proyectiles que rebotaron contra la estructura.
Los militares contuvieron las hemorragias antes de la llegada de las dos ambulancias de la Cruz Roja, cuyos paramédicos decretaron formalmente el fallecimiento de los adultos y estabilizaron al menor Jesús Everardo para trasladarlo de urgencia bajo custodia médica.
La escena quedó rodeada por una cinta amarilla que apenas contenía la tensión de la cuadra.
Afuera de la casa, un automóvil Honda permanecía estacionado, convertido ahora en un elemento bajo resguardo para los peritajes que intentan determinar la secuencia exacta de los disparos.
Mientras tanto, en el cielo oscuro de la colonia Pemex, el zumbido de un dron de las fuerzas federales cortaba el aire en un intento por ubicar camionetas o sospechosos en los sectores aledaños.
Este doble homicidio colocó el cerrojo a un día que ya venía golpeado por la misma dinámica desde la tarde.
Horas antes, en el sector sur de Culiacán, la violencia se había manifestado con idéntica precisión sobre la calle Tulipán, en la colonia República Mexicana.
Ahí, las ráfagas alcanzaron a otra pareja en la vía pública; Hada Aranzasu B. cayó muerta sobre el asfalto, mientras que el hombre que caminaba a su lado fue llevado a un hospital con heridas de gravedad.
Casi en simultáneo, en el Infonavit Solidaridad, al norte de la ciudad, una vivienda fue allanada para ejecutar un triple homicidio donde perdieron la vida Martha N., de cuarenta y cinco años, su hijo Yahir, de veinte, y otro varón.
Los peritos de la Fiscalía General del Estado terminaron la recolección de los casquillos percutidos cerca de la medianoche, autorizando el traslado de los cuerpos de la colonia Pemex al Servicio Médico Forense.
El día concluyó con los números oficiales sobre la mesa: una ciudad que cuenta tres mujeres ejecutadas en unas cuantas horas y una lista de sobrevivientes que, además de las heridas físicas, cargan con el peso de haber visto caer a los suyos en su propia casa.
Redacción/LaPared