Mazatlán, Sin.- El rugido de los motores que descendían del ferry procedente de La Paz se silenció de golpe en las losas portuarias cuando el cerco federal se cerró sobre tres vehículos fantasma.
Enclavados en las entrañas de la Terminal de Transbordadores de Mazatlán, los automóviles traían en los números de serie el rastro de la clandestinidad y, en el parabrisas, la simulación de papeles que no resistieron el rigor de la Operación “Sable”.
Bajo la estricta tutela de la Cuarta Región Naval, elementos de la Unidad Naval de Protección Portuaria (UNAPROP), flanqueados por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) y la Aduana, desarticularon el paso de la carga irregular.
Dos de las unidades portaban cicatrices metálicas en los Números de Identificación Vehicular (NIV): la lija y la soldadura habían borrado la estampa original para reescribir una identidad falsa que delató el desfase frente al escáner electrónico.
El tercer automotor completaba la tríada con facturas de papel muerto, documentos fiscales apócrifos diseñados para burlar al fisco.
Entre contenedores y el trasiego habitual del muelle sinaloense, las tres unidades fueron inmovilizadas y remitidas ante la autoridad ministerial, sellando otra muesca en el blindaje marítimo del puerto.
Redacción/LaPared