Ciudad de México.- La entrega no tuvo los reflectores de los grandes operativos, pero el eco del golpe sacudió el centro del poder político.
En un movimiento quirúrgico, pactado bajo un absoluto sigilo bilateral, la Agencia Nacional de Aduanas (ANAM) y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) pusieron en manos de la justicia a Carlos N., un funcionario clave de la administración aduanera.
La caída no fue un hecho fortuito. El funcionario fue cercado en territorio estadounidense gracias a un cruce de inteligencia con agencias de Washington, para luego ser expulsado y recibido en la frontera por las autoridades federales.
El asunto quema en los pasillos de la SSPC, pues el mando operaba dentro de la estructura bajo el mando de Omar García Harfuch; una pieza propia incrustada en las venas del sistema que ahora es señalada por el delito más grave del catálogo penal: delincuencia organizada.
El comunicado oficial, emitido de manera conjunta este viernes, intentó amortiguar el impacto con la parquedad habitual de la burocracia, prometiendo “colaboración absoluta” para el esclarecimiento del caso.
Sin embargo, detrás de la retórica de la transparencia, la detención deja al descubierto las costuras rotas de las garitas y los puertos de entrada, donde la sombra del dinero grande sigue tentando a quienes prometieron blindar el país.
Redacción/LaPared