Navolato, Sin.- En un estado donde el ruido de un helicóptero o el paso de un convoy blindado significan peligro inminente, las Fuerzas Armadas decidieron que era una buena idea jugar con el miedo de la población. Lo que esta tarde parecía un operativo de alto impacto en la cabecera municipal de Navolato, terminó por desenmascararse como una farsa: un despliegue de helicópteros a ras de techo y vehículos tácticos Ocelotl movilizados exclusivamente para grabarle un comercialito de televisión al productor oficialista Epigmenio Ibarra.
Mientras los habitantes del centro se resguardaban y los comerciantes bajaban las cortinas ante la zozobra de una nueva jornada de violencia, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) operaba como una casa productora, usando recursos públicos y la tranquilidad de los sinaloenses como utilería.
La seguridad pública convertida en propaganda
El operativo sorpresa careció por completo de fines tácticos. Fuentes en el lugar confirmaron que el aparatoso movimiento de tropas en tierra y el asedio aéreo no buscaban la captura de ningún objetivo prioritario ni respondían a una emergencia de seguridad. El único propósito real era el levantamiento de imágenes y escenas para los proyectos audiovisuales de propaganda que Ibarra le maquila al Gobierno Federal.
La cabecera municipal fue paralizada bajo un hermetismo total, una estrategia que habitualmente se usa para salvaguardar operativos reales, pero que en esta ocasión solo sirvió para incrementar el pánico colectivo mientras las cámaras rodaban.
Epigmenio Ibarra: El cineasta del poder
Para entender el tamaño del insulto a los sinaloenses, hay que recordar quién es el beneficiario de este montaje. Epigmenio Ibarra, director de la productora Argos Comunicación, pasó de ser un reconocido corresponsal de guerra en los años 80 y 90 a convertirse en el principal propagandista y documentalista de la llamada “Cuarta Transformación”.
Ibarra ha sido el encargado de moldear la narrativa visual del gobierno, realizando documentales laudatorios sobre las megaobras federales y la actuación del Ejército.
Señalado constantemente por la opinión pública debido a los millonarios contratos y créditos estatales que ha recibido su empresa, el productor goza de un acceso VIP a las corporaciones militares. Hoy quedó demostrado que su poder de influencia es tal que la Sedena está dispuesta a mover artillería pesada y sitiar un municipio entero sólo para cumplir con sus encuadres cinematográficos.
¿El Estado está para esto? La grave imprudencia de los mandos
La revelación de este “teatro” militar ha desatado una profunda ola de indignación y duras críticas. En el contexto de fricción constante que se vive en la región, el uso de equipo bélico de última generación y aeronaves para fines meramente propagandísticos fue calificado por observadores locales como un acto de extrema imprudencia, irresponsabilidad e insensibilidad por parte de las autoridades. ¿El Estado y las Fuerzas Armadas están para montar espectáculos televisivos y lavadas de cara mediáticas mientras la ciudadanía vive con el Jesús en la boca?
Hasta el momento, ni la Sedena ni las autoridades locales han ofrecido una disculpa o una explicación oficial sobre por qué se priorizó la agenda y el capricho de un cineasta por encima de la estabilidad emocional y la seguridad real de todo un municipio.
En Navolato, mientras el operativo sigue su curso bajo los reflectores, los ciudadanos no respiran la tranquilidad de estar vigilados, sino la profunda molestia de saberse el escenario de un montaje indignante a mitad de su jornada diaria.
Redacción/LaPared