Crónica de una semana bajo el plomo: 45 muertos, 31 autos robados y 28 “levantones” desangran a Sinaloa

Culiacán, Sin.- En Sinaloa, el miedo no llega de golpe; se dosifica. Se mide en carpetas de investigación que la Fiscalía General del Estado suelta a cuentagotas cada mañana, como quien lee un parte de guerra rutinario.

La semana que acaba de concluir no fue la excepción. Fue un desfile de sirenas, de llamadas anónimas al 911, de cintas amarillas tapando las calles de siempre y de familias esperando afuera de una morgue que no da abasto. El saldo de este tramo del año es frío y contundente: 45 vidas apagadas, 31 autos robados y 28 personas que simplemente “ya no volvieron a casa”. Así se vivió la bitácora del horror en la Región Centro.

La semana arrancó con furia el lunes 22. Seis cuerpos aparecieron regados en la geografía de la violencia, desde la periferia de Las Coloradas y la República Mexicana en Culiacán, hasta Villa Juárez en Navolato y Tecualilla en el sur de Escuinapa. Ese día, los ladrones de autos hicieron su agosto en pleno junio, despojando diez vehículos en unas pocas horas.

Para el martes, el reporte oficial presumió un cero en la casilla de homicidios dolosos. Un respiro, pensaron algunos. Pero la pax narca es un espejismo: mientras las armas callaban, las ausencias se multiplicaban. Seis denuncias por privación ilegal de la libertad —los tristemente célebres “levantones”— confirmaron que en Culiacán no se necesita matar para sembrar el terror; basta con hacer desaparecer a alguien en una camioneta con vidrios polarizados.

El miércoles la muerte volvió a las calles con cuatro homicidios, entre ellos el de un hombre en la colonia Antonio Rosales y otro en Lomas de Rodriguera. Además, el papeleo oficial sumó la muerte de un herido que llevaba desde el 11 de mayo agonizando en la cama de un hospital; las balas de hace un mes terminaron su trabajo ese día.

Pero el verdadero pico de horror llegó el jueves. Culiacán amaneció con la noticia de un reguero de diez cuerpos. El horror se ensañó con el Infonavit Solidaridad, donde las balas acabaron con tres personas a la vez: dos hombres y una mujer. La Fiscalía tuvo que abrir carpetas combinadas de homicidio y feminicidio. Esa misma tarde, dos cuerpos más fueron abandonados a orillas de la autopista Mazatlán–Tepic, recordándole al sur del estado que la violencia tiene carreteras libres para transitar.

El fin de semana comenzó el viernes con el hallazgo de dos cadáveres flotando en las aguas de la playa El Castillo, en Navolato. El mar devolvió lo que el crimen intentó ocultar. Mientras tanto, en Culiacán, la muerte visitaba el Infonavit Humaya, la colonia Independencia y los alrededores del basurero municipal, sumando siete muertos más al conteo.

El sábado la rutina delictiva no dio tregua: otras cinco carpetas por homicidio en escenarios que se repetían como un eco macabro por el sector Centro, Valle Alto, la Toledo Corro y un cuerpo abandonado entre campos de cultivo, donde la tierra sinaloense vuelve a ser fosa.

Ayer domingo, el cierre de la semana no trajo descanso. De manera extraoficial, los códigos rojos de las corporaciones policiacas no dejaron de sonar en la capital del estado y seis personas más fueron ejecutadas en distintos puntos de Culiacán.

Hoy lunes, mientras las familias lloran a sus muertos bajo el calor sofocante, la ciudadanía ya sabe lo que sigue.

En unas horas la Fiscalía sacará su parte oficial: un comunicado escueto, plano y con tipografía institucional, intentando acomodar en números y tecnicismos legales la sangre que corrió por el pavimento.

Sinaloa despierta este lunes arrastrando 45 ejecutados, 31 autos menos y 28 familias buscando a los suyos.

Las cifras cambian, pero la historia, lamentablemente, sigue siendo la misma.

Redacción/LaPared

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