Culiacán, Sin.— Minutos antes de las cuatro y media de la tarde, la cotidianidad de la colonia Tierra Blanca se quebró con el seco eco de las detonaciones.
Sobre la acera de la avenida Álvaro Obregón, justo en la esquina donde confluyen las calles Abogados y Agricultores, el olor a pólvora anuló de golpe el perfume de las flores que adornaban la fachada de un negocio local.
Frente a las aulas vacías de la escuela primaria Agustina Ramírez, una mujer fue alcanzada por la violencia.
Los testimonios iniciales dibujan una secuencia efímera y letal: un vehículo que frena su marcha, un cañón que asoma desde el metal y el estruendo que interrumpe la tarde.
Tras los disparos, el motor rugió de nuevo, dejando atrás el silencio de los testigos y el cuerpo de la víctima tendido boca arriba sobre el concreto.
Los primeros en romper el pasmo general fueron los elementos de la Guardia Nacional, quienes acudieron al sitio tras los reportes de emergencia.
Al constatar la gravedad de la situación, abrieron paso a la ambulancia de la Cruz Roja. Sin embargo, el esfuerzo de los paramédicos fue en vano; al tomar los pulsos, la realidad se impuso: los proyectiles ya habían cumplido su cometido y la mujer no presentaba signos vitales.
La identidad de la víctima quedó suspendida en el anonimato de las primeras horas. Nadie en el sitio supo precisar si se trataba de una trabajadora del establecimiento comercial o de una transeúnte que tuvo la desgracia de coincidir en el tiempo y el espacio con su agresor.
Con la confirmación del deceso, la escena cambió de manos. La cinta amarilla delimitó el perímetro, transformando la banqueta en un laboratorio criminalístico donde peritos y agentes de la Policía de Investigación de Feminicidios de la Fiscalía Estatal comenzaron a fijar los indicios balísticos.
La recolección de casquillos y el análisis de la escena marcaron el inicio formal de la carpeta de investigación.
Al caer la tarde, el cuerpo fue retirado por el personal del Servicio Médico Forense (Semefo). En sus planchas permanecerá bajo resguardo legal, a la espera de los exámenes de ley y de que una familia acuda a reclamar el nombre que la violencia le arrebató en una esquina de Culiacán.
Redacción/LaPared