Culiacán, Sin.- La Fiscalía General del Estado, a cargo de Zulema Sánchez, confirmó formalmente que son cuatro las víctimas abandonadas en Culiacán con peluches de cerditos colocados sobre sus cuerpos.
Sin embargo, al ser confrontada por los reporteros sobre si este patrón constituye la “firma” de un grupo delictivo específico o un mensaje de control territorial, la Fiscal se amuralló en el lenguaje burocrático y rechazó emitir cualquier postura que reconozca los códigos de la delincuencia organizada.
Para la funcionaria, el hallazgo de los animales de felpa sobre los cadáveres no merece —al menos públicamente— una lectura criminalística sobre su simbolismo.
Zulema Sánchez se limitó a informar técnicamente que “ahorita ya tenemos esa esa certeza y ya se se actualizó” el registro, confirmando que los cuatro casos ya cuentan con el aval de los actos periciales correspondientes y han sido integrados con rigor a las carpetas de investigación bajo el rubro de homicidio doloso, evadiendo deliberadamente ponerle nombre y apellido a la autoría de los mensajes.
Mientras la opinión pública y las calles leen con claridad el estigma y la dedicatoria de intimidación detrás de los juguetes, la narrativa oficial apuesta por la distancia y el silencio.
Ante la insistencia de los medios por saber si se investiga la operación de una célula en particular detrás de esta marca idéntica, la Fiscal esquivó el análisis del modus operandi y se limitó a señalar que “eso va a quedar asentado en la investigación”, justificando que los entornos de cada hallazgo están siendo procesados de manera individual y que “esa parte nos lo va a dar la la investigación”.
Con esta postura, la Fiscalía de Sinaloa mantiene la línea institucional de no validar la narrativa de los cárteles, tratando un evidente sistema de mensajería sorda como un elemento aislado en el expediente.
Las indagatorias, según su versión, se basarán en que “nosotros trabajamos toda la parte de investigación y nuestras detenciones se basan en las ejecuciones de orden de aprehensión”, dejando en el aire la respuesta que el estado ya conoce: quién está detrás de los cerdos de felpa.
Redacción/LaPared