Matan a balazos a un hombre y dejan dos cuerpos en una maleta y sábanas en Culiacán

Culiacán, Sin.- La madrugada apenas comenzaba a correr este miércoles cuando el estruendo de las balas y el horror de los hallazgos rompieron el silencio en la capital sinaloense.

En una jornada marcada por la crudeza, dos sectores de la ciudad se convirtieron en los escenarios de una doble jornada violenta que cobró la vida de tres personas.

El eco de la pólvora en Barrancos

Eran apenas las 00:40 horas cuando el estallido de varias detonaciones despertó de golpe a los vecinos del sector Infonavit Barrancos.

El eco de los disparos provenía de la calle Municipio Libre, entre Privada de los Empaques y la avenida Varsovia.

Tras los reportes al servicio de emergencias, el silencio de la noche fue interrumpido por las sirenas y el rugir de los motores militares.

Elementos del Ejército Mexicano que patrullaban la zona se desplegaron en el lugar. No tardaron en notar algo inusual: la entrada principal de una vivienda de dos niveles estaba marcada por manchas de sangre.

Al asegurar el perímetro e ingresar al inmueble, los soldados se encontraron con la escena del crimen.

Tirado boca abajo, en medio de un charco de sangre, yacía un hombre de tez morena y complexión regular, vestido con ropa oscura.

Los proyectiles habían hecho blanco en su cuerpo. Minutos después, paramédicos de la Cruz Roja llegaron al sitio, pero ya no había nada que hacer; las heridas eran mortales y el hombre ya no contaba con signos vitales.

Macabro hallazgo a un costado de la cancha

Mientras las autoridades procesaban la escena en Barrancos, el horror se trasladó al surponiente de la ciudad, en la colonia Estela Ortiz de Toledo. Ahí, la oscuridad de la madrugada ocultaba un escenario aún más lúgubre, justo a un costado de un campo deportivo y a unos pasos del Centro Especializado para la Atención de la Violencia Familiar.

Sobre la avenida Rubén Martí, casi esquina con la calle General Rodolfo Fierro, fueron abandonados los restos humanos de dos personas.

El método de los victimarios reflejó la frialdad del crimen: una de las víctimas estaba confinada dentro de una maleta; la otra, envuelta en una sábana y recostada junto a una almohada, como un macabro simulacro de descanso.

Encima o junto a los restos, una cartulina de color naranja fluorescente brillaba bajo la luz de las patrullas.

Tenía un mensaje escrito, un texto cuyo contenido las autoridades prefirieron mantener bajo estricta reserva.

El proceso de ley: Nuevamente, el Ejército Mexicano se encargó de acordonar el área, trazando una línea entre la curiosidad de la noche y el trabajo forense. Más tarde, el personal de la Fiscalía General del Estado llegó para recolectar los indicios balísticos en Barrancos y levantar los restos en la Estela Ortiz, trasladándolos al Servicio Médico Forense en calidad de desconocidos, a la espera de que la ciencia o sus familiares les devuelvan el nombre que la violencia les arrebató.

Redacción/LaPared

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