ADN confirma el hallazgo de Julio César, estudiante de Arquitectura privado de la libertad en Culiacán

Culiacán, Sin.- Diseñar el futuro en las aulas como estudiante de Arquitectura y atender con calidez detrás de la barra de un café por las tardes. Esa era la rutina diaria de Julio César “N”, de 21 años, un joven cuya vida se detuvo de golpe la noche del pasado lunes 20 de julio.

Eran cerca de las 21:10 horas cuando fue privado de la libertad en el establecimiento donde laboraba en la colonia Chapultepec, un negocio propiedad de su prima, Judith Sicairos. Al día siguiente del “levante”, las cortinas del local no se volvieron a levantar; un cierre definitivo e intempestivo que presagiaba la tragedia.

Ante la violenta e inexplicable desaparición de un joven ajeno a la dinámica criminal que asola a la región, su familia rompió el silencio con mensajes que reflejaban una profunda desesperación, pero también la dignidad de quienes exigen justicia.

“Él era parte de mi equipo, pero antes que eso, es mi primo. Lo vi nacer, crecer y convertirse en el joven noble, trabajador y estudioso que es hoy (…) Lo que está viviendo Culiacán se nos salió de las manos”, escribía su prima en redes sociales.

A este clamor se sumó el ruego desesperado de sus seres queridos en un comunicado dirigido a sus captores, con el corazón en la mano:

“Julio César es completamente ajeno a esta situación. Quienes lo conocen saben de su alegría, de su nobleza y de la calidez con la que siempre recibe a las personas. Les rogamos de todo corazón que nos lo devuelvan sano y con bien. Su familia lo espera con los brazos abiertos”.

Sin embargo, las plegarias chocaron contra la brutalidad de los hechos. Cuatro días después de la privación de la libertad, el jueves 24 de julio alrededor de las 13:30 horas, la fatalidad dio una pista en pleno sector Centro. Sobre la banqueta, a un costado del puente Juárez y en el cruce del paseo Niños Héroes y la avenida Aquiles Serdán, se localizó un cuerpo embolsado y en avanzado estado de descomposición. Las condiciones en las que fue hallado impidieron su identificación inmediata, por lo que fue trasladado al Servicio Médico Forense en calidad de desconocido.

La incertidumbre permaneció suspendida durante días en los tiempos del laboratorio.

Tuvo que ser la prueba científica de ADN la que arrojara la certeza que nadie quería escuchar.

Tras confirmar que los peritajes genéticos correspondían a Julio César, fue apenas el día de ayer cuando las autoridades hicieron la entrega formal del cuerpo a sus familiares para la realización de los servicios funerarios.

Hasta el momento, las autoridades no han precisado detalles sobre la causa de su fallecimiento ni las circunstancias exactas en que perdió la vida.

La entrega del cuerpo cerró la ficha de localización pero abrió de golpe el luto desgarrador en un hogar que vio truncados los sueños y los planos de un futuro arquitecto. Hoy, la ciudad despide a Julio César en medio de la indignación colectiva y con el eco del mensaje que sus allegados plasmaron durante su búsqueda: “Queremos volver a vivir en un Culiacán en paz, donde nuestros jóvenes puedan salir a estudiar, trabajar y perseguir sus sueños sin miedo”.

Por Redacción/LaPared

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