Culiacán, Sin.- El 9 de mayo de 2026, la voz de Jasmín se apagó al otro lado del teléfono. A más de mil kilómetros de distancia, en Acapulco, Guerrero, el silencio de aquella tarde encendió una angustia que rápidamente cruzaría fronteras estatales hasta activar una ficha de búsqueda en Baja California. Lo que nadie imaginaba era que, mientras su familia rastreaba desesperadamente cualquier pista, el destino de la mujer de 37 años ya se había sellado a la orilla de una corriente de agua al sur de Culiacán.
Aquel mismo 9 de mayo, en el bordo Oriente del canal El Diez —justo a la altura de Acuícola, en el poblado de El Campo Diez—, la zona agrícola se convirtió en la escena de un crimen tras el hallazgo de un cuerpo tendido entre la tierra. A un costado, mudos testigos del ataque, reposaban casquillos percutidos calibre .45. La violencia de las balas le arrebató la vida de forma instantánea, pero la frialdad de las circunstancias le arrebató algo más: su nombre.
Jasmín, joven guerrerense de 37 años, había llegado a la capital sinaloense en busca de nuevos rumbos y mantenía allí su último domicilio conocido. Su cuerpo ingresó a las planchas del Servicio Médico Forense (Semefo) de Culiacán como una cifra más, atrapada en el limbo de las víctimas no identificadas.
Durante casi cinco meses, los días transcurrieron en el laboratorio forense entre frías luces blancas y carpetas de investigación suspendidas en el tiempo. Mientras tanto, el dolor de la incertidumbre empujó finalmente a sus familiares a viajar hasta Sinaloa para encarar la posibilidad que tanto temían.
Fue el código genético el que rompió el anonimato. Una prueba de ADN, silenciosa pero irrefutable, confirmó que el cuerpo resguardado durante casi medio año era, en efecto, el de Jasmín.
Con el alma destrozada pero concluyendo al menos la tortura del desconocimiento, la familia recibió los restos de la joven tras los trámites de ley. Dejó atrás el caluroso suelo sinaloense que guardó su último aliento para emprender el viaje de regreso a su tierra natal, en las costas de Guerrero, donde finalmente descansará en paz.
Redacción/LaPared
