Capturado: Del uniforme al fango del narco, el exjefe policiaco de Escuinapa que terminó de escolta de la facción de “Los Chapitos”

Escuinapa, Sin.- El calor de la zona sur suele espesar el aire, pero la tarde de este jueves se puso bien caliente en Isla del Bosque.

El polvo del camino apenas se asentaba cuando el gobierno—fuerzas federales—les cayó de sorpresa y cercó todo el perímetro.

En el centro del terreno, dos hombres que en otro tiempo supuestamente caminaban en bandos opuestos compartían el mismo destino, amarrados por los hilos invisibles que el poder teje en la sombra.

Hilario Javier Martínez Gómez ya no traía la corporación a su cargo ni el uniforme que portó cuando la alcaldesa Blanca Estela García Sánchez, del Partido Sinaloense (PAS), le tomó protesta en julio de 2023. Aquel día, el compromiso de cuidar al municipio sonaba firme. Dos años después, tras salir al quite de un relevo exprés de 48 horas antes de las Fiestas del Mar de Las Cabras y atorarle a las críticas por los despojos en la autopista—donde los carros se esfumaban antes de que sus patrullas llegaran—, la cuerda se reventó.

En octubre de 2025, con el agua al cuello por los ataques directos a su propia comandancia, lo quitaron del puesto. La batuta la recibió la nueva administración del alcalde Víctor Manuel Díaz Simental, del Partido del Trabajo (PT).

Para entonces, el exjefe policiaco ya se sabía los caminos alternos de la zona. Cuando la contra—las autoridades federales—lo cercó y lo tiró al suelo, andaba de civil: playera tipo polo verde, pantalón de mezclilla azul marino y botas tácticas negras, tal como quedó asentado en el reporte oficial de ⁠la SSPC.

Con las manos ya amarradas, Martínez Gómez intentó aplicar el último recurso para zafarse del problema; le alegó a los uniformados que todavía era policía en activo y que por eso andaba metido ahí en el lugar, buscando usar su antigua charola para justificar su presencia al lado de la estructura.

Sin embargo, el argumento no coló. Todo el colmillo operativo y la experiencia táctica que el Estado le dio, terminaron sirviendo para coordinar la seguridad de la estructura.

A unos metros, la recia del enfrentamiento se le notaba en el cuerpo al otro detenido. Misael Guerrero Pérez, conocido en las frecuencias y en las brechas de la sierra como un operador pesado de la organización, no pudo capear el plomo.

En su ficha oficial quedó registrado el costo de no querer entregarse por las buenas: una herida sangrante por “esquirlas de bala en el brazo derecho”, huella clara del ruidazo que se armó antes de que le pusieran las embastonadas.

De complexión delgada, tez clara y una barba semipoblada que no alcanzaba a tapar el semblante serio, el presunto integrante de la facción de “Los Chapitos” vio caer su control territorial vestido con una playera azul marino, mezclilla del mismo color y botas café.

Minutos antes de que los subieran al helicóptero que ya rugía con fuerza en un despejado cercano, los dos detenidos fueron asegurados bajo un fuerte perímetro de hombres armados que no despegaban el dedo del gatillo.

Mientras el humadero de los camiones quemados empezaba a tapar la salida sur con rumbo a Nayarit—un intento desesperado de su plebada por rescatarlos, calentar la zona y tapar el paso—, las hélices y los motores federales ya llevaban prisa.

Las fichas de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana cerraron el negocio para ambos con la misma palabra fría: “En Traslado”.

El exjefe de la policía y el presunto delincuente herido ya van volando de raite directo a la Ciudad de México bajo un operativo de máxima seguridad, dejando atrás a un Escuinapa que se queda viendo cómo la línea entre los que cuidan y los que delinquen se borra en la misma tierra.

Redacción/LaPared

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