Tras tres días desaparecido, el padre Clemente regresa a su parroquia en Culiacán

Culiacán, Sin.- En Culiacán, donde la ausencia repentina de alguien suele presagiar la peor de las tragedias, el regreso con vida del padre Clemente Morales Topete se sintió casi como un milagro terrenal. Este martes, el motor de una camioneta interrumpió el murmullo de la colonia La Campiña; al volante, intacto y tras 72 horas sumido en una densa sombra, reaparecía el párroco de 67 años cuya desaparición mantenía en zozobra a toda la capital sinaloense.

Su llegada a la parroquia Cristo Resucitado cerró de golpe el capítulo del horror, pero abrió de inmediato el de los enigmas. Era la misma camioneta en la que se le vio por última vez la tarde del sábado 24 de octubre, cuando salió de una cita médica en el fraccionamiento Montebello. Debía cruzar la ciudad para oficiar la misa vespertina, pero el altar se quedó esperándolo y la alarma cundió en cuestión de minutos entre sus feligreses.

En horas, la noticia escaló de la angustia vecinal a las carpetas prioritarias de la Fiscalía General del Estado y la Comisión Estatal de Búsqueda. Culiacán entero comenzó a rastrear su nombre en los boletines oficiales y en las mesas de seguridad del estado.

Fueron tres días de vigilia y fervor. Mientras las corporaciones policiales buscaban pistas en las calles, la comunidad católica convirtió la angustia en plegaria. El punto más tenso se vivió el lunes en las escalinatas del Palacio de Gobierno, donde un grupo de mujeres, con veladoras encendidas entre las manos y el llanto contenido, exigió a las autoridades no frenar la búsqueda ni permitir que el nombre del sacerdote se sumara a la dolorosa lista de los olvidados.

La reaparición del presbítero movilizó a un enjambre de investigadores y patrullas que acudieron al templo para constatar su estado de salud y tomar sus primeras declaraciones.

El regreso del guía espiritual ha devuelto el aliento a La Campiña, pero la calma no es completa. Ni la Fiscalía ni el propio sacerdote han ofrecido una sola pista sobre dónde transcurrieron esas 72 horas de penumbra ni las circunstancias que rodearon su ausencia. En el templo se vuelve a rezar, esta vez de agradecimiento, pero bajo la bóveda de la iglesia flota la misma pregunta que inquieta a todo Culiacán: ¿qué pasó durante esos tres días?

Redacción/La Pared

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