“Venimos de vacaciones a trabajar”: los dos niños chiapanecos que el idioma rescató de un semáforo en Culiacán

Culiacán, Sin.- El calor en Culiacán a mediodía pega de frente contra el pavimento. En medio del humo de los escapes y el frenado continuo de los coches, dos hermanos de 9 y 10 años intentaban sobrevivir a la jornada.

Pasaban entre las defensas de los vehículos, estirando la mano, ofreciendo lo que traían, esperando a que el semáforo se pusiera en rojo.

Personal del DIF y la policía los vio ahí, parados sobre el asfalto hirviente, y bajaron para sacarlos del peligro.

Pero cuando los adultos se acercaron, los niños se encogieron.

Mirada clavada en las pisotadas de sus huaraches, hombros tensos y la boca cerrada. Los uniformes de los agentes solo les provocaban miedo.

Intentaron hablarles en español, pero los pequeños apenas entendían algunas palabras. Cuando murmuraban algo entre ellos, lo hacían en un susurro rápido y en tojolabal, la lengua que aprendieron en sus comunidades cerca de la frontera sur, en Chiapas.

A miles de kilómetros de su casa, asustados y sin entender qué querían esos desconocidos, el rescate estaba completamente atascado.

Hasta que alguien se acordó del oficial Alberto.

Alberto lleva más de dos décadas patrullando las calles de Culiacán con la Policía Municipal, pero nunca ha olvidado de dónde viene. Él nació en Chiapas. Habla tseltal y entiende bien el tojolabal.

Cuando llegó al crucero, Alberto no les habló como autoridad. Se agachó en la banqueta, se puso a la altura de sus ojos y les soltó las primeras palabras en la lengua de los Altos.

El cambio no fue un trámite: fue un respiro. Los hombros de los niños se soltaron, la mirada subió y el miedo empezó a ceder al escuchar, en medio del ruido de la ciudad, el sonido de su propia tierra. Fue ahí, en esa charla improvisada a la orilla del tráfico, donde uno de ellos dijo algo que desarma a cualquiera:

“Venimos de vacaciones a trabajar”.

Siete palabras para explicar por qué estaban ahí: habían cruzado el país aprovechando el receso escolar no para jugar ni descansar, sino para ser puestos a trabajar en las esquinas de una ciudad extraña.

Los agentes de la Célula de Reacción Inmediata (CRIPAVIG) los subieron a la patrulla, los llevaron a un lugar seguro y les dieron de comer. Por ahora, los dos hermanos originario de Ocosingo están resguardados por la Procuraduría de Protección del DIF, mientras la Fiscalía investiga quién los trajo desde el sur y quién los tenía ganando dinero en el semáforo.

Redacción/LaPared

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