“Fueron los Chapitos” en la balacera de El Quelite

Sinaloa.-Luego de que el gobierno municipal de Carlos Felton González negara que durante la mañana del 2 de enero pasado se registrara una fuerte balacera en la comunidad de El Quelite, el coordinador nacional de organizaciones y movimiento de la CNOP, Ramiro Garza Bayliss, denunció en un comunicado que las autoridades mienten en su versión oficial, ya que él y su familia fueron testigos de los hechos.

En el documento, publicado en su cuenta de Facebook, narró los acontecimientos ocurridos hace tres días y calificó como irresponsables a los funcionarios que tratan de ocultar lo sucedido, y que puso en riesgo a su familia.

Testigo del tiroteo, al estar en un restaurante, Ramiro Garza detalló que los hombres armados se autodenominaron como “los Chapitos”, y que iban a atacar al grupo contrario de Los Zetas.

Aquí se reproduce la relatoría que realizó el priista:

Derivado de los recientes y lamentables incidentes ocurridos la mañana del 02 de Enero de 2016 en el pueblo mágico “El Quelite”, el indignante comunicado oficial del gobierno de Mazatlán y sus altamente irresponsables funcionarios, los temores nocturnos y la adición de los “Juegos”: el escondite, los balazos y ahí vienen los malos; en la vida de mis hijas, es que he decidido narrar los siguientes:

H E C H O S

Cerca de las 11:40 am del Sábado 02 de Enero de 2016 llegué a la comunidad de “El Quelite” acompañado de mis padres, mi esposa Helen y mis hijas Aleksa y Analía con la intención de disfrutar del gran ambiente y delicias culinarias del conocido restaurante, El Mesón de los Laureanos, caminar un rato por el pueblo y seguir a Mazatlán para concretar una jornada completa de convivencia en familia.

Afortunadamente para la derrama económica, pero totalmente en contra de nuestras ya exaltadas tripas, el restaurante y el pueblo entero estaban a reventar de turistas locales e internacionales y el tiempo de espera para poder desayunar era cercano a las dos horas, así que un tanto decepcionados decidimos comprar medio kilo de tortillas y un queso oreado para ir taqueando y mitigar el hambre mientras llegábamos a Mazatlán.

Ya encaminados para salir por la calle principal, escuchamos unas cuantas detonaciones de arma de fuego a nuestras espaldas (Cebollitas, diría Felton), por lo que adivinando el problema apresuramos la marcha, misma que fue bruscamente detenida ante una ola de carros de turistas, que al igual que nosostros, pretendían salir del mágico pueblo. Los que llevaban la delantera empezaron a orillarse y a bajar corriendo de las unidades, nosotros, sin ver o entender lo que pasaba más adelante imitamos las acciones de los demás, quizá el temor colectivo y el instinto de supervivencia despertaron nuestro sentido de alerta y bajamos corriendo de la camioneta, segundos después vimos a dos elementos femeninos de la SSP municipal que armados y con el rostro descompuesto corrían a nuestro encuentro para indicarnos que nos refugiáramos en las casas vecinas, así pues; una amable mujer nos abrió las puertas sin dudarlo, ofreciéndonos un lugar “seguro” para esquivar las balas que cada vez sonaban más fuertes y cercanas. Mujeres, hombres y niños nos atrincheramos abrazados pecho tierra. Los minutos, que parecían horas; seguían avanzando y en la calle, instantes antes bulliciosa y llena de vida, imperaba el silencio… silencio que era interrumpido por ráfagas de diferentes calibres, llantos infantiles y el rezo de los adultos.

Yo por mi parte intentaba mantenerme firme ante los ojos llorosos de mis hijas, la mirada inquieta de mi esposa y la incógnita sobre el destino de mis padres, quienes ante el re-fuego de los minutos iniciales, habían corrido a dos casas de distancia, quedando separados de nosotros.

Adentro de nuestro refugio, las bromas nerviosas empezaban a fluir sin lograr arrancar sonrisa alguna… los hombres, mas por ingenuos que por valientes; nos aventuramos a la calle, solo para regresar corriendo al ver una camioneta blanca llena de hombres armados y encapuchados que avanzaban a toda velocidad por la calle principal gritando y disparando al aire (Seguramente iban a vender chanateros y luces de cantoya).

Tras regresar a ocultarnos en el interior de la casa, escuchamos como un grupo de sicarios bajaban de sus unidades y empezaban a gritar: “Ahora si cabrones, salgan… aquí estamos los Chapitos, no se rajen pinches Zetas”, nuevos disparos y más improperios eran lanzados al aire… adentro, el nerviosismo aumentaba ya casi al punto de histeria. Unos segundos después un grupo de sicarios llegó a la puerta de nuestro refugio gritando y demandando se les abriera, lo que hizo temblar mis dedos mientras seguía enviando mensajes a todos los amigos, funcionarios y dependencias para pedir ayuda. El silencio se volvió ensordecedor y el aire tan denso que era difícil respirar. Todos nos hacíamos señas en busca de opciones de escape o ideas para seguir a cubierto, Analía, mi hija más pequeña no dejaba de reír y buscar abrazos en todos lados, solo ella estaba “a salvo”en el refugio imaginario de su inocencia… pasaron unos minutos y los sicarios insistieron nuevamente, nuestro casero, temeroso y dubitativo, se acercó a la puerta. Le dijeron que no nos preocupáramos, que eran “los chapitos” y andaban cazando Zetas, o como ahora los llama Aleksa, la mayor de mis hijas: “Los Malos” y “Los Más Malos”. Nos pidieron que estuviéramos tranquilos, que saliéramos a la calle… que no pasaba nada.

Los minutos pasaron, los auto-denominados “Chapitos” subieron a sus camionetas y se fueron a toda velocidad regresándonos la capacidad del habla y un poco de tranquilidad… en ello estábamos, cuando se escuchó lo que parecía un Helicóptero y vimos como un grupo de elite avanzaba agazapado por el pueblo. Esperamos… esperamos… esperamos y vimos que la movilidad regresaba poco a poco a las calles, lo que nos dio el coraje suficiente para aventurarnos nuevamente a las banquetas. Allí me reuní con mis padres y en un rápido abrazo, las sonrisas con que llegamos esa mañana a “El Quelite”, volvieron a nuestro rostro… subimos a la camioneta y escapamos del secuestro temporal al que fuimos sometidos por esos infames “vendedores de pirotecnia”.

P.D. En las calles se podían apreciar residuos de “pedos de bruja” de todas las proporciones.

P.D.2 Agradezco al diputado Jesús Enrique Hernández Chávez, al Srio. Gral. de Gobierno, Gerardo Vargas Landeros y a mis amigos: Jorge Miller, Pablo Manjarréz y Gerbardo García por atender mis llamadas y estar atentos dándonos informes y esperanza durante el desarrollo de este lamentable incidente.

P.D.3 A través de este mensaje solo pretendo narrar las hechos tal cual como yo los viví, desmentir la versión Feltoniana de las “Garras de Tigre” y hacer un llamado ciudadano para que este tipo de incidentes no nos alejen de lo que tanto trabajo ha costado construir, El Quelite es nuestro y abandonarlo solo dará mayor espacio a aquellos que pretenden infundir el miedo, hay que exigir y demandar verdades y respuestas, protección y acción efectiva para poder transitar libres y seguros por todo el bello estado de Sinaloa.

RAMIRO GARZA BAYLISS

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