Culiacán, Sin.- La prepotencia castrense volvió a manchar una cobertura periodística en Culiacán. Mientras el rastro de la pólvora aún flotaba en el aire de Villas del Cedro tras el fuerte enfrentamiento de esta madrugada, elementos del Ejército Mexicano arremetieron contra reporteros de la fuente policial, recurriendo a empujones, insultos y amenazas físicas para impedir que se documentara el operativo que dejó tres capturados y dos policías heridos.
Eran cerca de la 1:30 de la mañana cuando el equipo de comunicadores arribó a la escena del crimen. A pesar de que los reporteros se identificaron de inmediato con credenciales oficiales, la respuesta de los efectivos militares fue de una hostilidad absoluta.
Lejos de respetar los protocolos de seguridad, dos soldados arremetieron contra los trabajadores de la prensa, utilizando palabras altisonantes y bloqueando los lentes de las cámaras para evitar cualquier registro visual del despliegue.
La tensión escaló cuando los militares, ignorando la identificación de los reporteros, comenzaron a empujarlos con fuerza hacia sus vehículos, ordenándoles retirarse de la zona de manera violenta.
Uno de los periodistas denunció incluso un intento de agresión física directa por parte de un efectivo que, en medio de la adrenalina del operativo, buscaba impedir a toda costa la labor informativa.
“Nosotros únicamente estábamos realizando nuestro trabajo”, expresaron los comunicadores afectados, quienes lamentaron el uso de la fuerza institucional contra civiles desarmados.
En medio del acoso militar, fueron los elementos del Grupo de Operaciones Especiales Sinaloa (GOES) —quienes venían de sostener el fuego directo con los delincuentes— los que intervinieron para frenar la arbitrariedad de los soldados.
A diferencia de la cerrazón castrense, los agentes estatales actuaron con criterio y profesionalismo, brindando resguardo a los periodistas detrás del perímetro de seguridad y permitiendo que la cobertura informativa continuara sin más contratiempos.
Este nuevo episodio de amedrentamiento se suma a una lista de agravios donde el personal militar parece desconocer el derecho a la información. Los comunicadores agredidos hicieron un llamado enérgico a los mandos de la Novena Zona Militar para que se instruya a sus elementos sobre el respeto a la labor periodística en escenarios de alto riesgo.
Intentar silenciar una cobertura a base de gritos y empujones no solo es un acto de prepotencia, sino una violación flagrante a la libertad de expresión en una ciudad que exige transparencia ante la violencia.
Redacción/LaPared