El hilo invisible: Caen cinco ecuatorianos con 137 kilos de cocaína en Lázaro Cárdenas tras la captura del socio del Cártel de Sinaloa

Lázaro, Cárdenas, Michoacán.- El Atlántico es para los aficionados; el Pacífico pertenece a los profesionales. En la inmensidad de esa masa de agua que conecta Sudamérica con los puertos de México, un buque mercante avanzaba con una marca invisible: un alertamiento internacional que encendió las pantallas de la Secretaría de Marina.

Cuando la embarcación finalmente atracó en el recinto portuario de Lázaro Cárdenas, el protocolo ya estaba en marcha. No hubo persecuciones de película, sino la precisión fría de la burocracia naval.

Elementos de la Unidad Naval de Protección Portuaria y personal de la Aduana Marítima sellaron el perímetro y avanzaron sobre la zona de contenedores.

El eslabón final del hallazgo lo puso el olfato de un binomio canino, que marcó positivo en una carga comercial aparentemente legítima.
Al abrir las compuertas de metal, las autoridades hallaron cinco bultos. Dentro, perfectamente alineados, descansaban 139 paquetes en forma de ladrillo: 137 kilogramos de cocaína de alta pureza. En el mismo acto, el personal naval le leyó sus derechos a cinco tripulantes, todos de nacionalidad ecuatoriana, encargados de vigilar que la mercancía llegara a puerto.

El golpe financiero en el mercado negro mexicano es de 29.7 millones de pesos, una cifra que para la contabilidad del negocio representa apenas un costo de operación tolerable.

El eco de una caída en Colombia

La captura de los cinco ecuatorianos en Michoacán no es un hecho aislado; es el eco de un engranaje que se mueve desde las prisiones de Guayaquil hasta la sierra de Sinaloa.

Apenas 48 horas antes, las agencias de inteligencia habían cercado en Colombia a Ronald Javier Macías Villamar, alias “El Javi”.
Hermano de “Fito” y cerebro financiero de Los Choneros, “El Javi” era el hombre que aceitaba la maquinaria: lavaba millones de dólares y coordinaba el acopio del polvo blanco en las playas de Manta y Manabí.

Su detención pretendía descabezar la estructura, pero el arribo del buque a Lázaro Cárdenas demuestra que la inercia del negocio es más fuerte que las capturas.

Aunque formalmente el cargamento asegurado en Lázaro Cárdenas no ha sido vinculado a una organización en específico, el arribo del buque con tripulación ecuatoriana a solo dos días de esa captura deja en claro una realidad ineludible: la inercia del tráfico en el Pacífico no se detiene, sin importar qué piezas caigan en el tablero.

Redacción/LaPared

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