Detenido en Colombia alias “El Bonito”, segundo al mando disidente y nexo del narcotráfico con México

Bogotá.- Al final, a Héctor Orlando Bastidas Bravo no lo pescaron en las selvas del Putumayo donde construyó su imperio de sangre, sino a cientos de kilómetros de allí, en una zona rural de Guamal, Meta. Alias El Bonito o Boni —un apodo que contrasta con un prontuario de espanto— creía que podía pasar desapercibido lejos de su bastión. Se equivocó. Hombres del Gaula Militar le llegaron de sorpresa tras meses de seguirle la pista.

Su caída coincidió con un día agitado en Colombia, atravesado por varios ataques con explosivos en la Vía Panamericana que tenían en alerta al país. Mientras los medios cubrían la coyuntura, el presidente Abelardo de la Espriella confirmaba la noticia en sus redes: la Fuerza Pública le había puesto la mano encima al segundo al mando de los Comandos de la Frontera, la facción disidente adscrita a la Segunda Marquetalia de Iván Márquez.

Para la inteligencia militar, El Bonito era bastante más que un simple jefe armado. En la práctica, funcionaba como el gran articulador del narcotráfico en el sur del país.

Su historia criminal se remonta a más de diez años. Empezó como sicario a sueldo de La Constru, una banda sanguinaria que sembró el terror en Putumayo con extorsiones, despojos y ejecuciones. Quienes le han seguido el rastro le achacan la responsabilidad en más de un centenar de homicidios.

Cuando la guerrilla de las FARC firmó la paz en 2016, Bastidas Bravo prefirió no entregar las armas; prefirió reciclarse. Terminó uniendo la experiencia sicarial de La Constru con los remanentes de los antiguos frentes 48 y 32, dando forma a lo que hoy se conoce como Comandos de la Frontera.

Desde esa trinchera se convirtió en el brazo derecho de Giovanny Andrés Rojas, alias Araña. Juntos convirtieron los ríos y trochas de Putumayo, Caquetá, Amazonas y las fronteras con Ecuador y Perú en un corredor exclusivo para la droga.

Además, a su grupo se le atribuyen múltiples atrocidades, entre ellas el asesinato de un gobernador indígena del Cabildo Nasa a finales de 2023.

Pero lo que volvía a El Bonito una ficha de alto valor continental era su chequera internacional. Los Comandos de la Frontera no necesitan llamarse cártel para actuar como tal: son los principales proveedores de materia prima en la frontera sur. Bastidas manejaba las redes de laboratorios e itinerarios fluviales que sacaban la cocaína hacia puertos ecuatorianos. Allá los esperaban los compradores: delegados del Cártel de Sinaloa y del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que pagan los cargamentos con dólares e ingentes cantidades de armamento pesado.

Ahora, trasladado bajo estricta custodia a Bogotá, El Bonito tendrá que verse la cara con la Fiscalía. Le esperan expedientes por concierto para delinquir, tráfico de armas y homicidio agravado. Se le acabó la suerte al hombre que unió el sicariato local con las grandes mafias del continente.

Redacción/LaPared

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