La sierra cobra otra vida: La mina del narco se cobra al segundo marino caído tras atentado en Sinaloa

Mazatlán, Sin.- Ciego, sordo y traicionero. Así es el terrorismo táctico que las células delictivas han implantado en las entrañas de la sierra mexicana, donde las brechas ya no solo ocultan emboscadas a balazos, sino trampas mortales enterradas a traición.

La madrugada de este martes 21 de julio, esa guerra sorda se cobró a su segunda víctima mortal por este mismo motivo: Edwar “G.”, un marino de apenas 20 años de edad, falleció tras dieciocho días de agonía en el hospital, con el cuerpo destrozado por la detonación de la misma mina terrestre sembrada por el narcotráfico.

El estallido en la brecha

La tragedia se gestó la tarde del pasado 3 de julio. Arriba, en la sierra que colinda con la presa Picachos, cerca de la comunidad de San Marcos, un convoy de la Secretaría de Marina (SEMAR) abría paso entre la maleza y el polvo en un patrullaje de rutina. El avance era lento, pesado.

De pronto, sin oportunidad de reaccionar, el peso de la unidad oficial activó el artefacto explosivo artesanal oculto bajo la tierra.

La detonación retumbó entre los cerros. Un estruendo sordo levantó una columna de fuego y metralla que destrozó el vehículo táctico en un instante. En el sitio del impacto, entre el humo y el caos, la muerte fue instantánea para un primer elemento, mientras que tres de sus compañeros terminaron gravemente heridos, entre ellos el joven Edwar, cuyo cuerpo recibió de lleno la onda expansiva.

La agonía y el silencio del monte

Durante más de dos semanas, médicos militares sostuvieron una batalla contra la muerte para intentar salvarle la vida al muchacho. Sin embargo, los daños internos y la severidad de las lesiones terminaron por apagar su vida en las primeras horas de hoy, convirtiéndolo en la segunda víctima mortal que cobra este mismo atentado con explosivos.

Mientras la familia de Edwar encara el duelo, en las zonas altas de Mazatlán el miedo sigue enterrado en el camino.

Aunque las fuerzas armadas mantienen peinados de zona y barridos con detectores para ubicar otros artefactos, los grupos criminales siguen jugando al escondite en el monte.

Hasta el momento no hay un solo detenido, ni nadie que dé la cara por el campo minado en el que están convirtiendo las brechas de la sierra.

Redacción/LaPared

(Foto temática)

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