Rostro de la violencia en Tepuche: Hallan a un hombre «encobijado» y un segundo bulto sospechoso; suman seis víctimas en ese mismo camino

Culiacán, Sin.- El sol apenas comenzaba a entibiar el camino de terracería que serpentea hacia el poblado de Agua Blanca, en Tepuche, cuando el polvo y la maleza del olvido revelaron la peor de las certezas. Ahí, tirado a la orilla de la brecha, yacía un bulto rígido y mudo.

Era el cuerpo de un hombre asesinado, «encobijado», cuya aparición rompió el silencio de la mañana y sumó una raya más al horror: ya van seis cuerpos abandonados específicamente en este mismo tramo vial en fechas recientes.

La víctima se llamaba José Gregorio L., tenía 39 años y su hogar estaba en el poblado de La Noria, allá en la sindicatura vecina de Imala. Pero su camino terminó aquí, en este paraje desolado. No fueron las patrullas quienes lo encontraron, sino sus propios familiares.

Tras horas de una búsqueda desesperada, con el corazón en un hilo y recorriendo a pie las rutas rurales, el presentimiento los llevó hasta ese punto exacto del monte.

Entre el dolor y la impotencia, reconocieron la silueta envuelta en una cobija azul marino con cuadros.

Apenas asimilaban la tragedia cuando la mirada de los deudos y de los primeros policías se congeló unos metros más adelante.

Semioculto, destacaba un segundo bulto misterioso, esta vez envuelto herméticamente en una lona blanca. El ambiente se volvió aún más denso; las dimensiones del bulto hacían presumir lo peor, sugiriendo que podría tratarse de otra persona ejecutada.

Sin embargo, nadie se atrevió a tocarlo ni a abrirlo. El bulto se quedó intacto, bajo el sol, a la espera de que los peritos de la Fiscalía General del Estado —los únicos facultados para inspeccionar el macabro paquete— arribaran al lugar.

Mientras la expectativa y la tensión crecían, el rugido de los motores rompió la calma del sector.

Elementos de la Guardia Nacional y de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana llegaron para sitiar la zona y levantar una cinta amarilla, resguardando la escena del crimen a la espera del personal pericial, encargado de procesar los indicios de una jornada que vuelve a teñir de sangre las uniones entre Tepuche e Imala.

Redacción/LaPared

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