Por Jorge Luis Mendívil
Con la finalidad de compartirnos sus ideas en cuanto a las dinámicas de violencia que están recibiendo las mujeres y niñas en el transporte público, Mariel Yee habla sobre su investigación de tesis de licenciatura en esta entrevista exclusiva para La Pared Noticias.
Mariel Yee (Culiacán, 1998). Estudiante de cuarto grado de la licenciatura en Políticas Públicas, ciclista urbana, feminista y «persona incomoda profesional». Trabaja en el Colectivo de Mujeres Activas Sinaloenses (CMAS) dando acompañamiento a víctimas de violencia y participa al menos con siete colectivos y organizaciones que tocan temas de derechos humanos, movilidad, ecología, desarrollo artístico, derechos de las niñas, niños y adolescentes y, sobre todo, la defensa de los derechos de las mujeres.
Viéndolo incluso desde un enfoque histórico, según Mariel, podemos observar cómo se ha buscado relegar a las mujeres al espacio privado, es decir, al hogar. ¿Pero qué sucede cuando las mujeres deciden salir a la calle a realizar sus actividades? Si lo asumimos de manera convencional, seguramente cuestionaríamos por qué eso genera un problema.
Una de las formas de demostrar que genera un conflicto, sobre todo en los hombres, el hecho de que las mujeres salgan a la calle a hacer cosas es ese tipo de violencia que reciben, el ser violentadas en espacios en los cuales se supone, simplemente, que todas y todos deberían tener derecho a ocupar.
Jorge Luis Mendívil: ¿De qué manera llegas a interesarte por este tema?
Mariel Yee: Tengo algunos años combinando el tema de feminismo y el de la movilidad. Por ejemplo, al ser una usuaria de la bicicleta, promotora del transporte público o de que las y los ciudadanos ocupemos el espacio público que, al final, nos pertenece. Cuando llego al cuarto año de la licenciatura y comienzo a cuestionarme qué quiero para mi tesis es cuando estuvo rondando en mi cabeza, primero, qué temática me gustaría trabajar considerando el tiempo que podría invertirle y, además, que no me fuera a aburrir. Pensé en esto porque es algo que veo como un problema. También me doy cuenta de que a nivel local no hay estudios sobre estas formas de violencia. A las estadísticas de estos casos solo llegan quienes denuncian, pero muchas mujeres no saben que ser acosadas o agredidas sexualmente en el transporte público es un hecho denunciable, porque a veces creen que violencia sexual solo se limita a que te violen, cuando en realidad hay muchos mecanismos para ser violentadas. En ocasiones, ni siquiera tiene que haber contacto físico, simplemente basta con que te estén viendo de forma lasciva y tú sientas esa incomodidad. Me parece interesante generar datos a partir de esto. Al ver este fenómeno como mi campo de acción, no solo de recabación de datos, también me interesa indagar qué tipo de iniciativas pueden llevarse a cabo para combatir el problema.
JLM: ¿Qué dificultades se te han presentado para desarrollo del proyecto?
MY: En primer lugar, el hecho de que no hay datos. Como te digo, los datos oficiales se registran a partir de las mujeres que llegan a denunciar estos casos, un porcentaje súper bajo. De ahí que no haya estadísticas que demuestren la realidad del problema. En parte, el querer insistir sobre esta temática se da a partir de foros que fue promoviendo el Instituto Sinaloense de las Mujeres cuando iniciaron las reuniones con el gobernador hace algunos meses. Ahí se vio, al momento de hablar sobre la cuestión del acoso en el espacio público, que de alguna manera es exclusivamente en el transporte. Después, me doy cuenta de que la conversación era directamente entre ellos y yo. Nadie más aportando nada, solamente estaban escuchando. Aunque pareció bien que estuvieran atendiendo, también me quedó la duda de qué iba a seguir. Cabe señalar que no hay tanta resistencia por parte de las usuarias al momento de dar la información, pero, como te comentaba antes, no han identificado como violencia sexual circunstancias que les sucedieron. Por ejemplo, dentro del instrumento que se generó para recabar la información venían preguntas como: «¿Ha sido violentada sexualmente en el camión?», y respondían que no. Más abajo venían planteadas situaciones que te podrían haber ocurrido: si te han tocado o has observado que alguien se masturbe en el transporte público; que te hayan rosado los genitales en alguna parte de tu cuerpo, tomado fotografías u obligado a observar material sexual de un celular, y sí las marcaban. Algunas, incluso ponían que les han eyaculado en el cuerpo estando en el transporte público o en las paradas de camión. Por ello, el mayor reto al que me enfrento es que las mujeres sepan que están viviendo violencia. No por una cuestión de victimizarnos y ponernos siempre en ese papel, sino porque es alarmante el hecho de que, de algún modo, se ha normalizado. De manera informal, podrías preguntarle a alguna de tus amigas o parientes, y muy probablemente te van a decir que las primeras experiencias de acoso sexual fueron en el espacio público, ya sea de camino a la escuela o al trabajo. En fin, ocupando espacios que la masculinidad hace presión para que no tomemos.
JLM: ¿Has visto este proyecto en otras ciudades?
MY: Un estudio que me gustó mucho se aplicó en el metro de Ciudad de México, donde justo se hablaba desde la premisa de la ocupación del espacio público y cómo desde los años noventa se genera el concepto de geografía feminista. Caen en cuenta, pues, de la importancia de estudiar las dinámicas de movimiento de las mujeres. Parece que no, pero si preguntas por qué una mujer sale de casa, muchas veces se relaciona con las técnicas de cuidado; es decir, con las dinámicas de ir por las hijas o los hijos a la escuela, llevarlos al médico o ir a hacer las compras al súper. Finalmente, sus viajes terminan siendo muy diferentes a los de los hombres, que normalmente son trayectos lineales, sin paradas. Se mueven de su casa al trabajo, posiblemente a algún lugar cercano, y del trabajo a la casa. Cuando muchas veces las mujeres, desde la estadística se comprueba, hacen dos, tres, cuatro viajes. Retomo ese estudio de Ciudad de México y lo cito dentro de mi trabajo. También tomo algunas investigaciones que se han hecho en Latinoamérica o en otras partes del mundo, donde las situaciones de violencia son similares, como algunas ciudades de África. Además, me apoyo de las recomendaciones emitidas por la ONU, que dentro del objetivo número cinco de «Equidad de Género» hay un apartado para promover y crear transportes seguros para las mujeres. Esto no es algo que se me ocurrió de la noche a la mañana, sino que existe un bagaje y un estudio el cual miré necesario retomar, sobre todo para dar cuenta de que no es una problemática inventada y no digan que estamos queriendo forzar las cosas. Repito, el asunto no es ponerse en ese papel de víctima. A nadie le gusta vivir rodeada de dinámicas en las que tu integridad física está vulnerable.
JLM: ¿Qué resultados has visto en otras ciudades?
MY: Justo en Ciudad de México, las estrategias como los vagones exclusivos en el metro. Es muy importante entender que estos vagones no son una medida resolutiva. O sea, no quiere decir que las cosas van a quedar así para siempre. Ese tipo de estrategias deben ir acompañadas de mecanismos que permitan modificar comportamientos. Los vagones exclusivos han generado polémica desde que algunas mujeres reclaman por qué las que tienen que separar cuando son ellas quienes están siendo violentadas, y no al revés. El asunto es que, de momento, la forma de actuar es con los espacios exclusivos para mujeres, los cuales sí han ayudado a disminuir las situaciones de violencia. Estos cuidados deben ir acompañados de atención a las víctimas y sistemas de prevención, para no actuar solamente cuando las agresiones ya sucedieron. Por eso veo importante que los estudios hablen desde la prevención, la acción y las medidas que se pueden tomar a largo plazo.
JLM: ¿Existe una red de apoyo a nivel estatal o nacional centrada específicamente en el tema de la violencia en el transporte público?
MY: Específicamente en el transporte público no, pero sí hay una red de mujeres, a nivel nacional, que estamos involucradas en temas de movilidad. El problema del transporte público se está intentando incluir en la agenda de nuestra red para que, de esa manera, esta temática también se aborde y se compartan experiencias, ya que muchas mujeres han estado en institutos de planeación o en Vialidad y Transportes de sus ciudades y pueden compartir las experiencias que les han funcionado. Claro, no se asegura que las medidas llevadas a cabo en otros lugares van a funcionar en tu localidad, porque siempre es necesario abordar y modificar desde el contexto, pero al final hay mecanismos que, adaptándose, pueden funcionar perfectamente.
JLM: Algunos resultados que no esperabas y te hayas encontrado…
MY: Una de las partes del cuestionario mencionaba el grado de confiabilidad que existe del Centro de Justicia para las Mujeres (CJM), del Ministerio Público (MP) y de la Fiscalía, y realmente los grados de confianza son bajos. Del CJM los resultados no son tan bajos, apenas pasa del cincuenta por ciento. Esto se debe a que la gente no sabe qué hace el CJM. Las instituciones no han socializado protocolos de atención. Por supuesto, para las autoridades es más cómodo que no se sepa qué hacer porque, a fin de cuentas, es ponerlas a trabajar. Estos resultados me hacían mucho ruido, me ponían a pensar qué se va a hacer frente a ello. La segunda etapa de esta investigación serían entrevistas específicas de situaciones de violencia muy fuertes, para saber la respuesta que se ha tenido de las personas de alrededor, ya que no solo es qué haces tú como víctima, sino también qué pasa con quienes están presenciando estas situaciones. El objetivo es poner de acuerdo desde el chofer que maneja la unidad y el concesionario de la ruta, hasta el MP. Es una cuestión integral. Parte de las estrategias que se sacaron planteaban compartir un pequeño protocolo pegado en una zona visible del camión. Y está bien, eso se puede hacer, pero quién me asegura que, al momento de hacer la denuncia, digamos con el chofer, vaya a pasar algo. Por eso, como te digo, lo principal son tres cosas: en primer lugar, saber identificar la violencia; segundo, desarrollar estos protocolos; y, por último, asegurar las estrategias de prevención.
JLM: ¿Has tenido algún resultado favorable con las instituciones en cuanto a reformas en sus normas?
MY: Así como tal, de momento no. Sí se dio el acercamiento a instituciones como el ICATSIN, los encargados de capacitar a los transportistas. Se les ha propuesto talleres de masculinidad para que ellos sepan por qué está mal que nos violenten de diferentes maneras. Con Vialidad y Transportes también ha habido comunicación pero hasta que no vea resultados, no puedo decir que hubo un triunfo. El contacto con esos organismos se dio a través del Colectivo de Mujeres Activas Sinaloenses (CMAS). Ahí voy a estar dando lata hasta que suceda algo, que no se quede solamente en el papel.
(Fotografía de Joab Lupio)