Culiacán, Sin.- La zozobra y la impotencia han vuelto a congelar el corazón de la comunidad universitaria.
Alexis, un joven de apenas 17 años lleno de metas, con la vida por delante y los cuadernos en la mochila, fue asesinado a balazos en las inmediaciones de Ciudad Universitaria. En un instante, las balas no solo apagaron sus sueños dentro de la Facultad de Contaduría y Administración, sino que sembraron un luto colectivo entre aulas que hoy se sienten inexplicablemente vacías.
A través de un sentido comunicado, la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) alzó la voz abatida por el dolor, pero firme en el reclamo. En medio de un silencio cargado de indignación, la institución abrazó a la familia, a los amigos y a los maestros del estudiante, sumidos en la pesadilla de despedir a quien apenas comenzaba a construirse un camino.
La casa de estudios confirmó la activación inmediata de los protocolos de acompañamiento institucional y dio seguimiento al caso ante las autoridades, en un intento por llevar algo de amparo a quienes hoy lo han perdido todo.
El atentado golpea donde más duele: la ilusión de una juventud que sale a las aulas a buscar un mañana mejor y se topa de frente con la barbarie. La UAS condenó enérgicamente este acto cruento, recordando que la violencia desmedida no solo roba vidas, sino que arrebata el derecho fundamental de los jóvenes a caminar, aprender y soñar en paz.
Entre veladoras invisibles, lágrimas contenidas y el eco del miedo corriendo por los pasillos, la comunidad estudiantil llora a uno de los suyos.
La universidad reiteró su compromiso de actuar con la mayor sensibilidad y firmeza para proteger a sus alumnos, mientras en las calles de Culiacán retumba una misma pregunta silenciada por el dolor: ¿cuántos sueños más tendrán que apagarse para que las aulas vuelvan a ser un refugio seguro?
Redacción/LaPared