Entrevista | Premios UAS | Vicente Alfonso habla sobre “La sangre desconocida”

Por Sergio Ceyca

La semana pasada fueron liberados los resultados de los Premios Nacionales de Literatura de la Universidad Autónoma de Sinaloa, por parte de Juan Eulogio Guerra Liera, el rector, e Ilda Elizabeth Moreno, la directora de la editorial universitaria. El Premio Nacional de Novela “Elmer Mendoza” fue para la obra titulada La Sangre desconocida, autoría del periodista y narrador Vicente Alfonso (Torreón, 1977), según el dictamen de los jueces “por presentar una estructura compleja y novedosa con múltiples voces narrativas y que refleja en su historia la realidad del país durante las últimas décadas”.

Proveniente de una familia de mineros, Vicente Alfonso fue educado en un colegio jesuita, donde estudió trece años. Además de Huesos de San Lorenzo (Premio Internacional de Novela Sor Juana Inés de la Cruz 2014) es autor de Partitura para mujer muerta (Premio Nacional de Novela Policiaca), Contar las noches (Premio Nacional de Cuento María Luisa Puga) y El síndrome de Esquilo.

Ha sido becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en dos períodos, del Fondo para la Cultura y las Artes de Coahuila en tres ocasiones, y del programa para residencias en el extranjero del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Vicente Leñero lo calificó como: «Un escritor de altos registros. Desde ahora, será necesario seguirlo y perseguirlo. Es un novelista excelente».

Durante su discurso de aceptación Vicente Alfonso mencionó que su novela transcurre en Sinaloa y agradeció la suerte de haberse beneficiado del premio que tiene el nombre de un narrador que tanto admira. En esta ocasión pudimos acercarnos a entrevistarlo sobre este libro, así como sobre otras cosas.

La Pared Noticias: Esta novela ganadora del premio sería tu primer trabajo narrativo en buen tiempo. ¿Qué tal ha sido regresar a la narrativa como género? En especial cuando acabas de sacar A la orilla de la carretera (UANL, 2021), un conjunto de crónicas con temática social.

Vicente Alfonso: En realidad de lo que me alejé temporalmente fue de los estantes de las librerías; el asunto es que la novela que recién terminé exigió mucha investigación, además de largas temporadas de trabajo y otras de reposo, que fui alternando con la investigación y redacción de las crónicas de A la orilla de la carretera. Si algo nos han enseñado maestros como Gabriel García Márquez, Elena Poniatowska, Vicente Leñero y Federico Campbell es que los oficios de narrador y de periodista se complementan, y creo que en cierto nivel así ocurrió con estos dos trabajos míos al menos en lo que a rutina se refiere: en cierto momento encontré que trabajar un libro me permitía descansar del otro, de modo que todos los días tenía algo qué escribir.

LPN: En Huesos de San Lorenzo ya existe la visita a Sinaloa, en específico a Topolobampo, escenario donde también transcurre El delfín de Kowalsky de César López Cuadras. Tu novela ha sido condecorada con el Premio Nacional de Novela Élmer Mendoza. ¿Cómo ha sido tu lectura de los narradores sinaloenses?

VA: Sinaloa tiene una enorme tradición de narradores. Basta sumergirse en el libro de Andrés Pérez de Rivas para ver que, desde hace siglos, es un territorio lleno de historias. Qué decir de obras como la de Inés Arredondo, de César López Cuadras o la del maestro Élmer Mendoza, quien a partir de su experimentación con el lenguaje y con la conformación de un territorio narrativo ha logrado crear una literatura en sí misma. Esa es una de las razones por las que me siento honrado de que la novela haya obtenido el premio que lleva su nombre, porque su literatura ha aportado mucho a las letras nacionales en los dos rubros, fondo y forma, tal como en su momento lo hicieron autores como Juan Rulfo y Fernando del Paso. Ahora bien, al hablar de narrativa de Sinaloa pienso también en autores de mi generación que han construido obras importantes, como es el caso de Geney Beltrán Félix y de Miguel Tapia Alcaraz, y finalmente, a una generación más joven, que es a la que tú perteneces, que ya está poniendo sobre la mesa sus primeros libros y que viene empujando con fuerza. Pero además, Sinaloa juega un papel importante en la historia de mi familia, y quizá por esa razón he tenido siempre una debilidad por todo lo que proviene de ese estado. Tengo la suerte de tener muchas amigas y amigos sinaloenses: poetas, abogadas, activistas, economistas, dramaturgas.

LPN: Durante el discurso de la premiación comentaste como la novela tiene rasgos autobiográficos. ¿En qué momento decidiste elegir ese episodio de tu vida, y la de tu familia, para novelar?

VA: Cuando escribí el capítulo de Huesos de San Lorenzo que se desarrolla en Topolobampo, y que narra la llegada del huracán Ismael, me di cuenta de que mucho se me había quedado en el tintero, porque para hacer ese capítulo recurrí a algunos de los recuerdos más antiguos que tengo: cuando era un niño de brazos, mis padres fueron obligados a abandonar Coahuila y la tierra que nos dio refugio fue Sinaloa. Con el tiempo, esos años de exilio se convirtieron en una etapa dorada para nosotros. Tengo fresca en la memoria la vez que vi el mar por primera vez. Pensé que esa otra historia, la de por qué mis padres habían terminado refugiados en Sinaloa por sus ideas políticas, era material para otra novela.

LPN: ¿Cómo ha sido el acercamiento a los hechos a través de la ficción? ¿En qué momentos decidiste dejar entrar a la ficción y manejar la historia sobre lo que podías recordar o preguntar?

VA: Creo en lo que Juan José Saer menciona en uno de sus ensayos más célebres, El concepto de ficción: que la ficción y la realidad no son opuestas, sino complementarias. Dice Saer que la idea tan difundida de que la verdad tiene (por decirlo de algún modo) un carácter más positivo que la ficción es una mera fantasía moral, puesto que la verdad como la entendemos es una construcción o un consenso respecto a cierto tema. No se escriben ficciones para eludir la responsabilidad respecto a un pasaje, sino todo lo contrario, se escriben para poder profundizar en ciertos temas, hurgar en ellos. Eso es lo que yo busqué al utilizar la historia de mi familia como punto de partida para esta novela.

LPN: La memoria histórica es un tema muy importante en la generación de narradores a la que perteneces. ¿Por qué crees que esto sea así? ¿Qué temas has visto en las generaciones más jóvenes?

VA: Pertenezco a una generación que, en su primera juventud, no tuvo las ventajas de las redes sociales. Esto significaba que los contenidos de los medios de comunicación eran decididos por unos cuantos, y eran esos los que imponían las versiones oficiales. Con el auge de las redes sociales, vino la posibilidad de entablar diálogos más horizontales, y empezamos a contarnos unos a otros nuestras propias historias en vez de dejar que alguien nos las contara. Creo que a eso, sumado a la alternancia política, obedece esa necesidad de reconstruir la memoria histórica. Muchos pasajes de la vida nacional estaban llenos de historias inverosímiles, y lo que estamos haciendo es llenar los huecos.

Con fotografía de El Siglo de Torreón.

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