Entrevista. Presentarán Old West Kafka en Ciudad de México

Por Sergio Ceyca

El protagonista de El Proceso y El Castillo entra en una cantina polvorienta del Viejo Oeste. Está buscando a Gregor Samsa, un hombre que conoció en el pasado; en la barra encuentra a Max Brod y mira, de reojo, a Milena Jesenká. Todos estos son nombres y referencias de la obra del autor checo Franz Kafka –quien suele atrapar la imaginación de escritores mexicanos como en el caso de Kafka en traje de baño (Franco Félix) o El daño (Sealtiel Alatriste) – pero para Cecilia Magaña (Ciudad de México, 1978) son un pretexto para hablar de otras cosas: como los sistemas burocráticos en que, en lugar de solucionar problemas, los complican o los ambientes sociales donde reina la violencia.

Sobre este y otros libros de la Editorial Paraíso Perdido, Cecilia Magaña estará conversando junto a Iván Farias y Cástulo Aceves este jueves 20 de junio, en la librería Sótano Insurgentes, en la colonia Roma Norte, de Ciudad de México. Esto punto de las 19:00 hrs.

Cecilia Magaña se formó en los talleres de SOGEM y del Fondo de Cultura Económica. Ha ganado dos premios literarios nacionales y fue becaria del programa Jóvenes Creadores del FONCA con el proyecto de Old West Kafka. Además, ha publicado dos libros de cuentos: La cabeza decapitada y Silenciosa y Sutil; y ha participado en las antologías Lados B 2015, Catedrales en la Arena y Cuatro Estaciones. Actualmente imparte cursos de Narrativa en el CAAV, la Agencia Cultural Artefacto y la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega.

¿Cómo te interesas por Kafka?, ¿cuál ha sido tu experiencia lectora sobre su obra?

Me interesé por Kafka desde hace tiempo. La Metamorfosis fue una lectura de adolescencia que me hizo llorar la primera vez, en una segunda lectura me hizo enojar y finalmente me terminó fascinando. Hace unos diez años intenté crear un cuento infantil que se iba a titular “Bicho raro”, en el que Gregoria Samsa iba a ser un niño en edad escolar. Lo cierto es que nomás no me salió, pero Kafka me seguía dando vueltas, particularmente Samsa. Cuando comencé a escribir Old West Kafka estaba fascinada por los westerns y, por una situación laboral, estaba haciendo una serie de trámites burocráticos espantosos. Para esperar, llevaba conmigo una copia de El Castillo, que me había propuesto leer. Entonces fue que se me vino la escena: un hombre entra a una cantina, bebe algo y dice (como el protagonista del castillo, que está mintiendo) que vino por Gregorio Samsa. La imagen fue la que detonó todo. Kafka como personaje trágico, como arquetipo del escritor que le sufre hasta el final, también me ha llamado mucho la atención. Es por esto que él también es un personaje, así como varias mujeres de su biografía y su aliado, Max Brod, sin el cual no conoceríamos a Kafka porque fue él quien recopiló la mayoría de sus escritos y desobedeció la última voluntad del autor (quien quería que los quemara).

oldwestkafka

¿En qué momento nace Old West Kafka?

Old West Kafka nace, justamente, en una crisis laboral, haciendo estos trámites, encontrándole más de un sentido a la pesadilla burocrática y persecutoria que es la novela de El Castillo. Necesitaba escribir: siempre ha sido una fuga para mí, y lo cierto es que imaginar un paraje tan lejano fue también parte del escape. Había estado leyendo a Cormac McCarthy, un autor de Westerns como Sin Lugar para los débiles y otras maravillas como Meridiano de Sangre, y también estaba fascinada por que la violencia y el sinsentido de los espacios del western no me parecían tan lejanos al sinsentido y el silencio en la obra de Kafka, pero sobretodo, nada lejanos al México contemporáneo.

¿Qué crees que haya sido el salvaje, y viejo, oeste? ¿Podríamos los mexicanos verlo diferente a los gringos? Pensando, por ejemplo, en la violencia de la Revolución.

Supongo que sí, que los mexicanos lo vemos distinto a los gringos porque para ellos es un mito fundacional: una especie de lenta conquista, realizada por unas cuantas avanzadillas, por peregrinos que terminaban asentándose en tierras que no eran suyas y pagaban el precio o luchaban por ellas. Para los mexicanos nuestra Revolución se trataba de rescatar las tierras y los derechos, mientras allá, viéndolo bien, se trataba de invadir, saquear, apropiarse de lo que era de otros y establecer reglas propias.  Quizás, a la distancia, hemos relacionado el viejo oeste con la búsqueda, con la dureza de sobrevivir en un medio hostil que no te pertenece y, en cierto sentido, con fantasías de libertad. En Old West Kafka, el viejo oeste que intento retratar es un lugar con reglas que solo unos cuantos entienden, con una geografía hostil, en la que la gente común ama a los bandidos por las historias que la prensa difunde sobre ellos, en la que chicos jóvenes se lanzan a buscar posibilidades y descubren que el mundo es más duro de lo que pensaban, un viejo oeste en el que la gente desaparecía, había tráfico de opio y de personas, y no había ley que lograra contener ni marcar límites por sí misma: requería de personajes como los caza recompensas, que no eran tan distintos de los bandidos en primer lugar. Esto, me recuerda más al México contemporáneo que al de la Revolución.

Tienes dos libros en dos editoriales independientes: Paraíso Perdido y Arlequín ediciones. ¿Cuál crees que sea el reto para los nuevos autores mexicanos al publicar? Ahora que sólo hay dos monstruos editoriales y que las editoriales independientes están luchado muy duro.

Creo que el reto para publicar es cada vez mayor, al menos para publicar en físico. La publicación en línea siempre es una opción, mucho más factible, aunque casi siempre está relacionada con la autopublicación. Que un editor confíe en tu trabajo sin conocerte es complicadísimo: lo primero que el escritor tiene que enfrentar es el reto de hacerse de un nombre. Pequeño, pero un nombre. Participar en concursos, publicar en revistas, colaborar en espacios donde también puedas ir aprendiendo de tus propios errores, relacionarte con otros autores y entender que la labor del editor no es solo hacer los libros, sino una curaduría, todo un trabajo de diseño, corrección, que muchas veces va a dejar fuera autores nuevos porque es una inversión tremenda de dinero, energía y tiempo (sobre todo para las editoriales independientes), que no siempre de la van a jugar por alguien completamente nuevo porque, ¿quién lo haría? Es mucho riesgo. Por eso es que las editoriales independientes son la onda: porque están atentos a los autores emergentes (pero uno debe esperar a que te descubran y te encuentren, tienes que trabajar). Invertir, como editores, en voces narrativas que se arriesgan, que no encontrarían cabida tal vez en las grandes editoriales, es otro de los grandes valores de las editoriales independientes. Los esfuerzos que además tienen que hacer, siempre acompañados de los propios esfuerzos del autor, son también admirables. Comparados con la enorme maquinaria que mueven los grandes grupos editoriales, los editores independientes se la rifan, aprovechan sus recursos en redes sociales, se invierten en cada evento. De verdad los respeto mucho. Y les estoy muy agradecida.

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