Por Sergio Ceyca
Cuando tuvo que decidir a qué se iba a dedicar, Marco Castillo (Culiacán, 1998) no lograba dar con algo que lo conquistara totalmente. Intentó la música y la escritura pero no fue sino hasta que llegó una cámara fotográfica a sus manos que encontró un camino por el cuál desarrollarse.
Actualmente es director de fotografía que ha trabajado en Ciudad de México en la realización de productos audiovisuales, publicidad y cine independiente, así como también cursa una licenciatura en Comunicación y Periodismo en la Universidad Latinoamericana (ULA).
Ha participado en la selección de portafolio en Behance Portfolio Reviews 2017, obtuvo el primer lugar en la Muestra Internacional de Cine y Movilidad 2018, ha proyectado el documental La ciudad de unos cuantos en diferentes puntos del país. Además, se seleccionó su cortometraje Rencounter en Connexion Festival, el cuál se celebró en Roma, Italia, durante 2019.
La Pared Noticias: En tu trabajo la constante es la imagen, ya sea en fotografía o documental o publicidad. ¿Cómo nace este interés por la imagen? Y, ¿cómo se va desenvolviendo esto?
Marcos Castillo: Para hablar sobre mi interés en la imagen tengo que hablar sobre mi familia. Mi madre tiene un gimnasio que, desde que tengo memoria ha tenido empresas de acondicionamiento físico, entonces yo crecí rodeado de gente. Entonces, para estar tranquilo necesito estar en ambientes concurridos. Yo creo que va un poco más en el estilo de vida que yo he estado buscando. Mi papá siempre preguntaba qué quiero hacer, qué quiero estudiar y yo no sabía, así que empecé a hacer muchas cosas: a tocar la guitarra, canté un poco también, me puse a leer, no sabía qué hacer (igual que cualquier joven). Y un día le pregunté a un amigo si me podía enseñar a usar la cámara y me gustó mucho, me motivaba ese proceso. Como mi mamá se dedica todos los días a hacer rutinas de ejercicio, ese acto constante es un acto de creatividad y, entonces, yo quería sentirme en un estado en el que yo fluyera igual, entonces para mí el hecho de hacer imágenes en movimiento y narrativas audiovisuales, me emociona empezar un proyecto e irlo descubriendo y darle forma y juntarme con personas y tener una interacción como la que yo tenía de niño para crear una narrativa que genere una conexión con otras personas. Entonces, yo creo que mi interés visual nace de mi interés de conectarme con los demás.
LPN: Bueno, entonces ya empiezas con la cámara porque te interesa ejercer la creatividad constantemente. ¿En qué momento pasas de un simple interés a ejercerla profesionalmente?
MC: Yo siempre he estado buscando tener un estilo de vida que fluya y que sea creativo. Yo siento que la vida no es una línea, que lo que tuve que hacer no fue decidir qué carrera estudiar sino encontrar la razón por la que quería levantarme todos los días (aunque suene muy motivacional). Y esa razón descubrí que es escuchar y compartir buenas historias. Eso puede ser de una forma audiovisual a través de una fotografía fija, de una lectura, todavía pienso que en algún momento de mi vida regresaré a escribir más música; entonces, todas estas cosas están de lado y que, por ahora, en este momento de mi vida me estoy enfocando en lo audiovisual. Cuando yo terminé la preparatoria me tomé dos años sabáticos y apliqué a la UNAM y en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC). Obviamente, no me seleccionaron en ninguna y me fui a la Ciudad de México, de todos modos. Estaba decidido. Entonces me puse a trabajar un mes completo y pude rentar un cuarto en la Roma, donde nada más rentaba la habitación y no tenía amenidades. Me puse a ver Facebook y a mandar mensajes a todos mis conocidos que sabía que tenían amigos en la Ciudad de México y me pasaron el contacto de veinte fotógrafos a los cuales yo les envié mensaje y les dije que haría lo que fuera por estar en algunos de sus sets aunque no me pagaran. Me contestaron cuatro, y trabajé con dos pero fue con uno, Manuel Caballero, con quien aprendí desde ser encargado de cámara hasta primer asistente de cámara y con quien estuve asistiendo casi dos años y fui encargado de la Red Dragón 6K. Actualmente ya dejé de ser primer asistente porque yo sabía que mi proceso era para director de fotografía. Estuve de oyente en clases de la Ibero y del CCC. He estado en muchos comerciales y tengo una colaboración de fotografía en un documental que saldrá de Netflix. Ahorita me regresé a Culiacán porque fui a Europa unas semanas y regreso y ahora decidí enfocar mis esfuerzos para trabajar la fotografía. Estoy completamente decidido a eso. Pero como te digo, yo sé que el camino ya está escrito y yo estoy intentando pisar las huellas que pisaron esos directores que actualmente están altos en la Ciudad de México. Esto es más acerca de tratar de asegurar una pasión.

LPN: Tu estás en constante movimiento: ¿cómo ves a la escena de fotógrafos y cineastas en Culiacán comparando con lo de afuera?
MC: Creo que Culiacán es una cuna de artistas, una tierra pasional de emociones fuertes. Y te diría que tiene mucho qué aportar pero ya lo está haciendo en el aspecto audiovisual, imagen, gráficos, en lo que es el diseño, arquitectura, urbanismo, los eventos, estamos en constante movimiento y queremos aprender más. Estamos los culichis. Hay un término que no me gusta que es la fuga de cerebros y la verdad es que siempre tenemos que estar en constante movimiento. En Ciudad de México, en cada set que iba había uno o dos culichis. Eso te lo puedo asegurar. Siento que el que busca encuentra y si buscamos aprendemos, vamos a encontrarlo en cualquier ciudad en la que radiquemos. La experiencia, el talento, sólo es un bajo porcentaje, aquí lo importante es la disciplina. Me gustaría ver más historias que no se centren únicamente en la violencia; no digo que dejemos de hacer esas historias, se tienen qué contar, pero sé que podemos ser un poco más creativos en ese aspecto. Yo estoy yendo y viniendo y cada vez que lo hago aprendo a verla con ojos distintos. Una vez no quería regresar y me di cuenta que yo no estaba en el lugar equivocado, sino que tenía la actitud equivocada ante las cosas. Las oportunidades me han tocado estando en Culiacán o en México. Obviamente, recomiendo estar dónde uno deba, dónde se desarrollen mejor nuestras capacidades.
LPN: Hay un tema que me gustaría ahondar, ahorita que lo mencionaste. Mencionas que crees que creativamente se puede hablar de más cosas que de la violencia en los trabajos sinaloenses. Se ha hablado mucho sobre seguir hablando sobre la violencia y el narcotráfico o si se le debería hacer boquete. ¿Qué pudieras añadir a esa discusión?
MC: Sí, se tiene que hablar de eso. Es un tema en el que siempre recaemos y es cierto y está bien porque no se le debe de ocultar. Más lo que yo pienso es que tenemos que ser un poco más inteligentes en la narrativa, en la forma de contarlo, en el desarrollo de la historia: ¿por qué no podemos hacer una historia de un títere que viaja en el tiempo a un ambiente del narco? ¿Por qué siempre ese tema tiene que ser el eje principal de la historia, por qué no podría ser la salsita? Podría ser una forma sugerida en que tu estés en el transporte público y que, de pronto, entiendas que quería decir el director. Creo que ese es el mejor sabor de boca del mundo: el regresar de ver una película y entenderla y dos días después repensarla. Yo creo que a eso me refiero con contar historias diferentes.
