Por Sergio Ceyca
Aunque para Arnulfo Valdez la música llegó antes, los libros llegaron a enriquecer el camino. Con motivo del Día Mundial del Libro nos acercamos a hablar con este poeta y cantautor sinaloense que ha combinado la música y la literatura para hablar de su aprendizaje, de su acercamiento a ambas disciplinas, su afición por la obra de Dámaso Murúa, entre otras cosas.
Arnulfo Valdez (Escuinapa, 1990) estudió Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara, y ha sido miembro del consejo editorial de la Revista HIMEN. Es autor de Chicken Noodle Soup (Montea, 2015).
Ha sido columnista sobre cine mexicano en la revista electrónica Clarimonda, obra suya forma parte de una antología de poetas sinaloenses así como de las revistas Revarena, La Testadura Literatura de Paso, La Cigarra, Luvina y Letrina. En 2013, fue becario del Concurso de Creación Literaria para Jóvenes Monterrey. Actualmente es parte de la banda Haiku, en la que también tocan Jesús Alejandro Moreno Osuna, Fernando Cortés y Andrés Valdez.
La Pared Noticias: Para iniciar, tú tienes una trayectoria tanto en la literatura como en la música. Entonces, ¿cuál es la que llega primero? ¿O llegan simultáneamente ambas?
Arnulfo Valdez: Creo que la música llegó antes. Cuando estaba en la secundaria quise aprender a tocar guitarra para impresionar a chicas, pero creo que aprendí antes a tocar un instrumento que a hacer versos con rimas. Pero en algún momento de mi vida le di más importancia a la escritura, como prioridad. Eso va cambiando con el tiempo. Ahorita estoy dando más prioridad a la música que a la poesía, y ese ha sido mi primer acercamiento a ambas cosas. Creo que llegué primero a la música, es un medio al que todo mundo puede llegar fácilmente.
LPN: Para también hablar un poco de literatura, ¿cuáles fueron los primeros libros que leíste? Se nota que aunque la música fue primero, la música y la poesía han ido de la mano en el camino.
AV: Yo empecé a leer en la preparatoria, que hice en Estados Unidos. Estudié dos años y medio allá por cosas de la vida. Estudié allá, trabajé allá y estuve mucho tiempo solo. Fue un tiempo de introspección. Estando allá me llamó mucho la atención la música hippie, la música sesentera tipo Los Beatles, Los Doors, Bob Dylan, y gracias a la música llegué a la literatura Beat. Fue cuando leí a Jack Keroack, On the road, a Allen Ginsberg con Howl, y entonces mi primer acercamiento con la literatura fue a través de biografías, ya que leía de mis artistas favoritos, y viendo que todas mencionaban a los escritores beats de los 50, de llevar la vida poética a la literatura. Y fue ahí cuando tuve acercamiento a la literatura, la cual fue muy acercada a mi edad, es como literatura joven, y eso me llenó de energía y me hizo escribir. Ahorita siento que la literatura beat es mal vista por ser una generación machista, eran los hombres los que predominaban el ambiente, más ellos fueron la chispa que dinamitó mi creatividad.
LPN: En base a eso, ¿en qué momento decidiste dedicarte a estas artes ya de manera personal? ¿En qué momento decidiste, por ejemplo, no tocar ya las canciones de otros sino componer las tuyas?
AV: Pues sí, llega un momento en el que –siento que es una cosa muy extraña– momento en que tocas la música de otros estás chido, estás en un estado bien raro. Por lo menos yo me siento así, como si ya no fuera Arnulfo cuando toco un instrumento. Pero sí llega un momento en que llega esa necesidad de hacer canciones propias. Ya había tocado con mi banda actual, Haiku, en un bar llamado Time Machine, y tocábamos un chingo de tiempo, unas cuatro horas de puros covers. Entonces, tocar las mismas canciones es cansado y uno siente la necesidad de expresar sus propias ideas. Esto de la música empezó antes de estudiar letras, lo cual creo que me ayudó mucho en la composición, pero al entrar a la carrera le tomé más importancia a la escritura, como que la música era un jueguillo, una cosa para agarrar cura. Y cuando empecé a escribir poesía era algo más serio.
LPN: ¿Cuándo empezaron con Haiku y dónde estaba el bar que mencionas?
AV: Haiku empieza en el 2010. Éramos nada más el Fer en la batería, el Güero en el bajo, y yo. En el 2011, se unió mi hermano y empezamos a grabar las canciones propias que formarían el disco Escuinapa Go Go. Después, en el 2013 grabamos Escalfando. Tocábamos en este bar, el Time Machine, que está cerca de Olas Altas y del andador por donde pistea la gente.
LPN: Para darle un giro al asunto, también eres un fanático declarado de la obra de Dámaso Murúa, un autor originario de Escuinapa. ¿Cómo descubres a Dámaso y cómo nació esta relación de admiración y respeto a su figura?
AV: La primera vez que escuché de Dámaso fue en la secundaria pero nunca me enseñaron uno de sus libros. Sólo pasó que una maestra nos contó uno de sus tantos relatos. Pero, de hecho, cuando entré a la carrera fue cuando aprecié la obra de Dámaso, y fue cuando le hice una adaptación a las aventuras de El Güilo Mentiras. Gracias a esta adaptación conocí a su hijo, nos contactó, y tuvimos la oportunidad de conocerlo en Ciudad de México, en una ocasión que fuimos en 2012. Ahí me enteré que había más libros que El Güilo Mentiras, y en las librerías de allá he encontrado la mayoría de los libros. Mi admiración nace, primero, porque no tenía nada qué ver con la literatura, era contador, pero se lanzó a escribir y publicó basta obra sinaloense, y lo admiro por retratar el sur sinaloense, rescatar ciertas cosas de la lengua, y ser muy crítico en su escritura. Además, que abarcara muchos temas como el deporte y hacerlo de una forma liviana, con humor. Así fue como me adentré al Dámaso.
LPN: Siguiendo con la literatura, ¿cómo salió tu libro de poesía? ¿Cuál fue el proceso, dónde se publicó?
AV: Chicken Noodle Soup fue publicado por una editorial de León que se llama Montea, en 2015. Y ese fue un proceso de no sé cuántos años. Es un libro dividido en cuatro partes: la primera está dedicada al McDonalds y al consumismo; el segundo está dedicado a esta explotación del lenguaje en cuanto al recurso de la palabra como, simplemente, una imagen poética; el tercero está dedicado al narco, haciendo poesía utilizando un imaginario de ese trip, de usar a las buchonas como musas y sacar paisajes poéticos de escenas de crimen, como hace este fotógrafo Luis Brito; y el cuarto es más beat, hasta dadá podría decirse, rescatando referencias pop. También publiqué un plaquet con Edificio Ediciones, de Culiacán, que estaba compuesto de poemas relacionados con el narco.
LPN: Ahorita que mencionas lo del Narco, siempre se ha hablado mucho sobre este asunto de re significar el narcotráfico aunque sea en lo artístico. ¿Qué es lo que opinas de esto, y qué te ha tocado ver o se te ha hecho interesante sobre el tema?
AV: Cuando escribí sobre el asunto era para darle un giro, no era para defender su cultura, más bien mofarme de ella. Mis textos van alrededor de la crítica hacia la cultura. Con algo de ironía. Yo creo que el arte que he visto va por el mismo camino, lo primero que vi fueron las fotos de Luis Brito, y era paisajes muy bellos, pero no era decir como “ah, qué bello es el narco”, si no, que hay cosas detrás como el ciclo de la vida, la naturaleza muerta en todos sus sentidos. Eso respecto a la foto, en literatura pues Elmer es el mero mero, más conocido, pero igual, creo que lo aborda con humor y cierta crítica. Actualmente Obed Noriega en la descomposición, apropiación de canción para darles un sentido, eso me parece de lo más interesante. Cómo cambiarle el sentido de la canción, cambiando el mayor a menor en las canciones, o hacer canciones con varias letras con una finalidad de criticar el machismo.
LPN: Pues para cerrar, y no robarte más tiempo, hace unos meses publicaste un sencillo de tu nuevo proyecto solista. ¿Cuál es la idea que tienes con él?
AV: Debuté como solista con “Otra canción, por favor”. El track lo produjo Ferdinando Capacete. Y bueno trata de romper con normas establecidas, en este caso, con los usos de consumo mediático. Es una canción que tanto en letra y estructura abonan a la narrativa. El video también hace un buen match. Lo dirigió Abril Valadez (chica mazatleca radicada en GDL) y le dio brillo a la canción, con la estética de sus cuadros. narra la historia de un güey que anda solo en la ciudad, harto de leer, escuchar, ver lo mismo… y solo quiere algo nuevo… al final todo se soluciona con el baile y una chica que ayuda al personaje a salir de su monotonía. La autora de la coreografía es Ana Mejía.
LPN: Y, también, fueron seleccionados en las Jornadas del Rock y, en su momento, dijiste que se haría un disco basado en la obra de Dámaso Murúa. ¿Cómo será este?
AV: Respecto a Haikú, sí. Ganamos, por fin gano algo. Y bueno tengo el proyecto de musicalizar 12 relatos escuinapenses (1964) de Dámaso Murúa. Lo he estado construyendo desde hace un par de años. Y el premio y su dinero serán la excusa para meternos a un estudio y grabarlo. La idea será mezclar nuestro género (rock-surf-municipal) con música que le agradaba al escritor como mambo, guaguancó, cumbia, ritmos afrolatinos. Será un reto y me emociona poder armar algo tan ambicioso. Y, además, hablar del municipio, ponerlo en el mapa, que siento se ignora porque no es Mazatlán o Culiacán.
