Entrevista. El Enfermo, dieciséis años de no curarse del hip hop

Por Sergio Ceyca

Emmanuel Issais Massú Ramírez, A.K.A El Enfermo, (Culiacán, 1987) ha estado en la escena de hip hop sinaloense desde hace dieciséis años. Le ha tocado luchar contra la apatía de la población por su género musical, contra los conciertos vacíos en la calle, hasta contra sí mismo; ahora está por liberar nuevo material y, en La Pared, nos acercamos para elaborar un perfil de su trayectoria.

El Enfermo es el nombre artístico con el que Emmanuel Massú se identifica y, aunque nos pidió no difundir la razón original de este apodo, ha invadido sus dos trabajos discográficos. Ha sido miembro de la denominada “Escuela subterránea” y ha colaborado con otros hip hoperos sinaloenses, en especial con El Salvado, con quién aún mantiene comunicación.

 Cuéntanos un poco de tu trayectoria, Emannuel, ¿cómo te acercaste a la música?

De la nada y sin nada, nadie en mi familia se dedica a la música. En la casa sólo se escuchaba música cuando había alguna fiestecita. Así que mi acercamiento fue a través de mis hermanos. Uno de ellos, el menor, en el ‘94 se fue a Tijuana y de allá se trajo pantalones anchos, camisas jersey, redes para el pelo, un modo cholo y HipHop. Lo primero que escuché, aunque raro pero cierto, fue rap en español, lo del momento, Control machete y algunos más. También grupos españoles. Aunque siempre tuve la manía de escribir, ya en el 2001 estaba en la secundaría y conocí a Jorge Arturo Murillo Meza (El Cronik), con quien comencé a escribir mi primera canción con un beat bajado de internet, creo que era de Snoop Dog o no recuerdo bien. Y ese fue mi proceder para acercarme y entrar a la música. Empezamos a rapear como en el 2004: ya en el 2003 que empecé a rolarme no me gustaba que me dijeran Enfermo, un apodo viejo, porque yo ya quería avanzar, así que mucha gente, mejor, me decía Sick. Pero en los eventos me decían Nsisyck, pero cambié, acepté que me dijeran El Enfermo y me pusieran así en los flayers. Fue meramente en las calles, donde yo empecé a rapear; no me gustaba pedir chichi a las instituciones y más adelante que armamos el crew de la Escuela Subterránea, y ahí empezamos a trabajar más abiertos. Pero realmente todos fueron eventos de calle.

 Recuerdo que en una entrevista anterior me habías dicho que eran eventos que no solían jalar mucha gente. El Viruz me contó hace poco que ha empezado a haber más aceptación, ¿como lo sientes tú?

 Demasiado, carnal. El año pasado fui el opening show de Residente. Antes, ¿cuándo íbamos a pensar que nos iban a abrir la puerta para eso? Y eso se logró a través de Esteban Hernandez y todo estuvo perfecto, la vibra, con decirte que el ingeniero de audio de Residente nos sonorizó a nosotros porque nos dijo: “oye, los están sonorizando bien feo”. Y ha habido más aceptación fuera de la comunidad hip hop; dentro hay muchas cosas, pero son problemas internos. 16 años rapeando y dándo todo. Si hay gente aún que es todavía retrograda, que dice: ‘mira, son otra subcultura en Culiacán’. Pero también estamos atrasados en Seguridad, estamos atrasados en Cultura, en Tecnología, en Educación y, bueno, no nos podemos poner tampoco, nada más, a ver a las personas que cierran las puertas.

Volvamos a tu trayectoria: cuántos discos tienes, ¿cuál ha sido la idea de cada uno de ellos?

 Tengo dos discos en Soundcloud y Spotify. El primero lo saqué en 2009 y se llama Yo vivo para esto, y no sé por qué, pero me compliqué mucho la vida y grabé muchas canciones. Pero la idea de ese disco fue: yo soy esta persona y yo vivo para esto y se lo dediqué a mi familia y a las personas que, de una u otra manera, no creían que me iba a dedicar a esto. El segundo disco salió en 2013 y se llama Enferma personalidad, ya fueron menos canciones, algunas colaboraciones. Fue un disco totalmente introspectivo, me encontré conmigo mismo y me di cuenta que podía hacer muchas cosas más, y la canción de “Enferma personalidad” refleja mi estado anímico y emocional. Ambos los grabé con DJ Pacho: Luis Ángel Rodríguez Medina, un buen amigo mío que me ayudó y la primera persona con quien gravé algo profesional, en una casa del Palmito. Desde 2013 me he mantenido alejado de grabar algo serio como un proyecto. Después de ese año conocí al Salvado y teníamos como 16 temas que, por cuestiones de tiempo, o afanes míos, porque soy un altibajo constante, no se pudo hacer.

¿Cuál crees que sea la importancia de hablar de la violencia que se vive en Sinaloa desde el hip top?

 No sé qué tan importante sea, en realidad. Yo sí hablo de la violencia que se vive acá pero, bueno, la violencia es un tema que se expone demasiado en el hip hop y en sus cuatro elementos: el DJ, el graffiti, el bboy, uno baila ya sea para protestar en contra de la violencia o para reflejar la violencia de su zona. El graffitero hace sus pintas para expresarse sobre la violencia, corrupción, la represión del gobierno. Empezó así, fue un acto de revolución, hablando de la violencia que se vivía en el Bronx en aquellos años ya que el gobierno andaba derrumbando edificios sin preocuparse por sus ocupantes. Entonces la violencia es un tema que se expone demasiado en el hip hop. La violencia es un tema que no debemos de callar porque callar es de cobardes; aunque mi abuelo decía: ‘sea prudente y lo que vaya a decir sépalo en dónde y con quién lo va a decir’.

¿Cuáles son tus planes por ahora?

Vivir y mantenerme vivo. Hasta ahora 2018 me senté a escribir. De hecho, este material que va a salir se llama Atipical por una banda que traía y son 9 temas: un intro y un outro y siete tracks musicales. La idea de Atipical es: yo soy Sinaloa. Así nada más. La idea es que los siete tracks son pistas de trap pero con estilo sinaloense pero haciéndome machín orgulloso de mi lugar de origen y ya estoy esperando subirlo. Me quiero llevar el rancho hasta Europa con esas canciones. El plan consiste en que haya dos Atipical: uno a y uno b, también. Seguiré haciendo colaboraciones, ahorita acabo de hacer una con Los Manueles, y seguir con mis hijos y mi esposa; seguir adelante y tratar de sembrar algo aquí, no importa las veces que lo hagamos hecho, y no para que presuman que lo hicimos sino para saber nosotros que lo que hicimos valió la pena. También tengo varias sorpresas como Emmanuel Massú, que son otros proyectos que ando haciendo paralelos; gracias a eso he viajado mucho y estuve hasta con fotógrafos de la revista Magnum.

¿Cuáles son estos proyectos?

Había estado teniendo una serie de complicaciones como para concentrarme en hacer música, pasé por un proceso espiritual muy impresionante, y al sentir que estaba listo decidí continuando. Me gusta poder descargar mis problemas en algo espiritual. Y a como fui avanzando en el camino pude llegar a ciertos lugares donde se me abrieron las puertas y luego se me cerraron, con lo que yo regresé a otra etapa de medio frustración y ansiedad y decepción, y un cierto día tuve comunicación con una amiga que es periodista, Deborah Bonelo. La conocí hace mucho y, a los años, ella se comunica conmigo para decirme que un amigo suyo vendrá a Culiacán, que él era director de casting, y yo bien asustado primero lo investigué mucho. ¿Quién era Eduardo Andrés Giralt Brun? Ya después encontré que ya había hecho una película acá en Sinaloa, llamada Los débiles, e hicimos click y hasta él me invitó a hacer casting y de ahí Giralt Brun me pidió ayuda para buscar a más personas no actores para la película. Conoció a mi familia, yo a la suya. Y de pronto comenzamos a armar una plática que nos llevó a hacer una película sobre ciertos temas y él fue quien consiguió el recurso. Se me hace muy poco para llamarme cineasta, yo siento que me dejé fluir. Ahorita estamos armando otro proyecto y he estado trabajando con fotógrafos independientes. Ando aprendiendo mucho, callando y escuchando y hablando cuando se debe. De lo que corres te domina, lo que confrontas lo conquistas. Animo y respeto a mis colegas, que la tinta, el papel y las palabras siguen siendo su herramienta, su arma y su propia vida.

Canciones de ocultamiento: El Enfermo

En esta sección en las entrevistas de La Pared en las que se pregunta a los músicos invitados sus ‘canciones de ocultamiento’. Según el músico australiano Nick Cave, éstas son un tipo de canciones ajenas que conoció al escuchar Songs of love and hate, de Leonard Cohen, siendo niño: “estas canciones no son sólo santas o sagradas, sino que son canciones de ocultamiento –lo que los aztecas llamaban canciones carroña– que tratan exclusivamente sobre la oscuridad, la ofuscación, el encubrimiento y el secreto. (…) el propósito de estas canciones ha sido apagar el sol, crear una larga sombra y protegerlo del corrosivo brillo del mundo”.

Posteriormente ha explicado que: “es como si hubieran sido escritas contigo en mente y que nadie pudiera entenderlas del modo que tú lo haces. Mis ‘canciones de ocultamiento’ sirven como una forma de refugio para mí y lo han hecho durante años”. En el caso de El Enfermo son las siguientes piezas musicales:

Bodas negras, Julio Jaramillo. “Es un bolero que escuché cuando yo iba creciendo, yaque en mi casa nadie escuchaba música más que cristiana. En ese entonces mi vecina leía las cartas y escuchaba mucha música con ritmos oscuros. Bodas negras, en particular, me marcó porque la escuché una noche que estaba haciendo mucho calor y mis hermanos y yo estábamos durmiendo en el suelo. Es una canción muy siniestra de un psicópata que se enamora de una muerta”.

Solo imagino, Vino Nuevo. “Es una canción cristiana que hace referencia al cielo y dice ‘sólo imagino estar a tí, ¿qué es lo que haré?’. La pregunta es qué haremos al estar frente al creador”.

El bufón, Manuel García. “Es una canción superinteriorista y que marcó mi manera de escribir o de relatar algo. La canción es precisa al relatar”.

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