Entrevista | Ave Barrera | ‘Restauración’ habla la violencia en las relaciones amorosas

Por Sergio Ceyca

Hace dos años, la novela Restauración obtuvo el Premio Literario Lipp La Brasserie 2018. Ésta narra la historia de una chica, Min, a quien su pareja sentimental le pide que restaure una casa vieja y, de pronto, en la historia entran el libro Farabeuf de Salvador Elizondo, la fotografía vista como un acto de violencia, y la historia oculta de feminicidios y maltratos a mujeres en una familia rica de la Ciudad de México. En La Pared Noticias nos acercamos a hablar con la autora, Ave Barrera (Guadalajara, 1980), sobre lo que conllevó la escritura de dicho libro.

Ave Barrera es escritora y editora mexicana. Se licenció en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara (UDG) y es maestra en Letras Modernas Portuguesas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Obtuvo la beca de la Fundación Carolina para el Curso de Formación de Editores en Madrid y, también, fue becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) en 2010 y 2014. En 2013, recibió el Premio Sergio Galindo de la Universidad Veracruzana (UV) y, en 2015, el primer lugar en el Concurso Internacional del Libro de Artista Lía.

La Pared Noticias: ¿Qué lugar crees que, en tu trabajo literario hasta el momento, toma Restauración? ¿Es un parteaguas a otros temas? ¿Continúa con temas ya escritos?

Ave Barrera: Restauración es la tercera novela que escribo. La primera es Puertas demasiado pequeñas, con la que, según yo, pensaba que iba a aprender a escribir novelas y descubrí después que no, que cada novela exige su manera de trabajar y de escribir y tiene sus propios procesos. De alguna manera, sin embargo, sí fue un aprendizaje muy bonito. La segunda es Una noche en el laberinto, que es una novela infantil. De alguna manera Restauración sí me definió en el género de la narrativa; también me gusta mucho el cuento pero creo que me siento más cómoda con los proyectos extensos en los que te sumerges durante años, para procesar esa incógnita que representa el texto en el que estás trabajando en ese momento. En Restauración, la incógnita tenía que ver con el daño: con el amor como sacrificio, el horror que sentimos que todos, y en particular las mujeres, sobre los feminicidios en México; entonces, creo que la novela fue un parteaguas –cada novela es uno– en cuanto a que me ayudó a definirme como escritora mujer, me definí a partir de una voz femenina, la voz de mi personaje, y me permitió asumir una postura política mucho más firme.

LPN: ¿Cómo nace Restauración? ¿Es primero la conexión con el libro de Salvador Elizondo o eso es posterior?

AB: La novela nace de la idea del retrato. Había estado dándole vueltas al concepto de la representación del ser frente al otro, y me interesaba el medio fotográfico. Me clavé mucho en toda la alquimia de la fotografía y así fue como surgió el proyecto; después empecé a leer sobre la violencia del retrato –hay un ensayo muy bueno de Marina Azahua llamado Retrato involuntario–, y cuando me topé con Elizondo, cuando hice la asociación entre la idea del retrato y Farabeuf, que leí hace mucho y he releído en varias ocasiones, se relacionaron los temas y dije: claro, todo de lo que quiero hablar de alguna manera está representado en ese libro, pero desde la perspectiva opuesta. Ahí fue cuando se me ocurrió hacer un diálogo o una especie de correspondencia con la novela de Elizondo y con su mismo personaje, ya que hay mucha violencia en los episodios que narra en su Autobiografía precoz o en sus cuentos o novelas, y que está presente también la fotografía. Además, en su obra hay una especie de violencia que tiene que ver con volver a la mujer un objeto y violentarla, asociada también a la imagen plasmada.

LPN: Ahorita que lo mencionas, en tu novela la protagonista es retratada por el novio en varias escenas, fotografías con las que no se siente precisamente cómoda. ¿De qué maneras podrías decirnos que la fotografía puede volverse un acto violento?

AB: Hay mucha violencia implícita en el acto de ser fotografiado. Están, por ejemplo, estas comunidades que pensaban que, al ser retratados, les robaban el alma; entonces, de alguna manera, la fotografía implica despojar a una persona de su imagen. En términos simbólicos, es muy significativo: puede llegar a ser muy invasivo el retrato y, sobre todo en el caso de las mujeres, la imagen o la percepción que se tiene del cuerpo de la mujer puede llegar a ser muy violento.

LPN: En este aspecto los protagonistas de la novela son una pareja de jóvenes atrapados en una relación que, de inicio, va mal. La chica acepta el trabajo de restaurar la casa con cierta idea de estrechar relaciones, más eso no ocurre. ¿Cómo fue ir trazando a estos personajes en base a lo que estabas viendo a tu alrededor? En especial ahora que la violencia en las relaciones es más denunciada gracias a los movimientos feministas.

AB: Justamente los personajes se fueron delineando a partir de lo que observaba de las inquietudes que fui teniendo, poco a poco, a como escribía la novela, sobre el feminismo. Fui asumiendo una postura. Y también conforme a como lo experimentaba en la vida cotidiana, en mis relaciones personales: como escritora tuve que ir asumiendo una postura con respecto al manejo de los afectos y a la idea del amor como sacrificio. Estuve reflexionando esta última idea en las relaciones de pareja, y de ahí se delinearon las acciones de los personajes en la trama del libro: este ceder constante de Min; y esta constante evasiva y falta de compromiso, esta agresión pasiva, que resulta ser nada pasiva, por parte de Zury, el personaje masculino.

LPN: Recordé que cuando se realizó la entrega del Premio Lipp mencionaste que siempre se ha hablado de que la creación es individual y solitaria, pero que de alguna manera el proceso de gestación y escritura de Restauración, en ciertos puntos, la volviste comunitaria al dialogar con mujeres a tu alrededor. No sé si podrías hablar más de esta situación.

AB: Justamente para asumir una postura en el feminismo, reflexionar las violencias de pareja, las violencias que nosotras mismas nos infringimos sin darnos cuenta bajo esta idea equivocada del sacrificio, fue muy importante el trabajo conjunto con colegas, con compañeras, en diálogo constante con amigas que tenían otras lecturas, que leían la novela y me daban ideas o reflexionábamos a partir de lo que estaba pasando, de hacia dónde podía ir la novela y qué posibilidades tenía a partir de la idea que yo quería desarrollar. Pero sí, en la escritura de la novela tuvo mucho peso la participación de compañeras, de amigas, que en los diferentes niveles de escritura me fueron ayudando: desde la generación de la idea hasta la escritura como tal. Además, la novela tuvo el gusto y el honor de ser tallereada por Adriana Jiménez, y ella también fue una guía muy importante en la escritura, en la prosa, a la hora de ajustar la tensión narrativa y todas estas cosas del tejido fino.

LPN: En base a este tema, me acuerdo de que en Paraíso Perdido también se publicó el libro Fábulas feministas y otros textos, de Suniti Namjoshi, en cuya traducción participaste junto con Lola Horner. ¿En qué consiste el libro? ¿Cuándo fue hecha la traducción? Y, ¿para qué públicos lo recomiendas?

AB: Suniti Namjoshi es una escritora de India radicada en Canadá, es académica, y trabaja mucho el tema de la reescritura. Fue colega, en su momento, de Angela Carter, con quien trabajó y tuvieron proyectos muy similares; más o menos en la misma línea de la reescritura está Suniti, sólo que ella retoma las fábulas y leyendas de la India. El libro es una antología que compendia una selección de sus 13 libros; estos dan cuenta de la trayectoria de Suniti y, además, antes de cada uno hay una especie de introducción por parte de ella, donde cuenta cómo fue ese libro para su proceso y narra de qué manera vivió la escritura. Por ende es un libro muy rico, muy abundante, lleno de experiencia tanto vital como narrativa; y aunque el libro se titula Fábulas feministas no necesariamente son fábulas como tal: en la introducción cuenta Suniti que decidió ponerle ese titulo para visibilizar la lucha feminista, pero en realidad éstas –que son buena parte del libro aunque no toda su obra ya que hay poesía, novela, fragmentos de toda su obra– abordan desde el tema de la desigualdad de género, la desigualdad social, hasta el privilegio, reflexiona el asunto de las castas; es un libro temáticamente muy rico. Y es una especie de viaje de toda su trayectoria creativa. Fue un trabajo tan esmerado que no creo que podríamos haberlo hecho solas; fue muy lindo trabajar de la mano de Lola Horner, quien sabe muchísimo de inglés y tiene mucho contexto en poesía, por ejemplo. Dos cabezas piensan mejor que una y entre las dos pensamos la mejor manera de traer al español la voz de Suniti: respetar la intención literaria, las figuras del lenguaje, y traer al castellano la esencia de su literatura.

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