El narco y la cacería de brujas de Quirino

Editorial

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Que no habrá “cacería de brujas” una vez que tome las riendas del Gobierno del Estado, que llama a los candidatos perdedores para que haya unidad y trabajen en un mismo sentido. En política no siempre el mensaje es literal, sino todo lo contrario. Una vez que tome el poder en enero próximo se sabrá de qué está hecho el hombre por el que el presidente Enrique Peña Nieto apostó.

Devastada la confianza de la sociedad, a Quirino Ordaz Coppel no le serán fácil los escenarios que vienen en corto. Las pugnas internas en el PRI y los jaloneos de las otras fuerzas políticas podrían agotarlo prontamente. Con un porcentaje demasiado bajo en las votaciones (el abstencionismo llegó al 56 por ciento), al nuevo gobernador no le alcanzan los números para legitimarse.

Y no solo eso. Hay algo que en las últimas semanas se ha dejado sentir. Quirino y el resto de los aspirantes le sacaron la vuelta a un tema fundamental en Sinaloa: la violencia generada por el narcotráfico. Lidiar con los políticos de su mismo partido es una cosa, negociar con el resto de las fuerzas locales como los panistas, los pasista y perredistas es otra cosa, pero negociar con el narcotráfico será esencial.

La violencia suscitada previa a los comicios, en donde taxis y camiones urbanos fueron dañados por grupos armados, no vino de otro lado más que de los grupos fácticos el narcotráfico. Aunque se dijo que el cártel de Sinaloa, específicamente los hijos del Chapo Guzmán, estaban inclinados a favor de un candidato, en los hechos reales fue Quirino Ordaz el beneficiario de esta oleada de terror que se vivió horas antes de abrirse las urnas, pues las alianzas de transportistas decidieron sacar cientos de camiones de las rutas.

En todo caso, si no fue así, lo cierto es que con el tema ausente, el choque al interior del cártel de Sinaloa ya es un hecho, y en esta edición de LA PARED documentamos los indicios de la ruptura.

La conclusión en torno a todo esto que campea es que los grupos del narco quieren negociar con el gobernador electo, y si bien Quirino Ordaz no es un hombre de negocios con un pasado dudoso, siendo él el jefe del Ejecutivo se verá en el dilema de qué hacer para contener la violencia, el lavado de dinero, el narcomenudeo, el halconeo que cada vez crece más, y todo lo que el cártel opere.

Se habla ya que Ordaz Coppel colocará a puro mando militar a dirigir las cuestiones de seguridad del estado, y que la selección vendrá de fuera, es decir, un perfil que no estará relacionado con el mundo del crimen organizado local. En todo caso, cualquiera que se haga cargo del aparato de seguridad de Sinaloa se verá enfrentado a demasiadas tensiones por la lucha por el poder criminal.

Así, el hecho de que el gobernador electo diga que no habrá cacería de brujas es un tema que sale sobrando, pues ya en el sexenio de Mario López Valdez nos enteramos para qué sirve la espada de la justicia.

Si bien los órganos competentes para castigar a los corruptos son la Auditoría Superior del Estado y la Procuraduría General de Justicia, también existe una contraloría interna en Gobierno del Estado con atribuciones para indagar al respecto. Sin embargo, no hay que equivocarnos, Quirino en estos momentos quiere enviar mensajes conciliatorios a todos los grupos, pero se necesitará más que eso para tomar el “toro por los cuernos”.

El monstruo duerme ahí agazapado, y si despierta lo hará con una nueva irrupción de la violencia. Por eso era la urgencia de hablar del tema ausente en la campaña. Ya después no habrá nada que hacer.

*Editorial del número 6 de LA PARED impresa del 20 de junio

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