Culiacán, Sin.- Culiacán arrastra una de esas semanas donde el ambiente se siente pesado. Más allá de los partes policiacos cotidianos, hay un golpe seco que vuelve a sacudir a la ciudad: la violencia se está encarnizando con sus jóvenes.
Apenas antier la comunidad asimilaba con dolor la confirmación sobre Julio César, el muchacho que estudiaba Arquitectura, cuando otra noticia similar volvió a caer como agua fría. El cuerpo hallado en medio de la tormenta correspondía a Álvaro Octavio Duarte Valencia, de apenas 22 años.
Detrás de cada nombre no hay una estadística; hay proyectos truncados, familias destrozadas e historias que se cortan de tajo.
Una búsqueda que terminó de la peor manera
Todo comenzó la madrugada del jueves 30 de julio. Serían cerca de las 1:30 de la mañana cuando a Álvaro Octavio lo privaron de su libertad cerca del Boulevard de las Américas. Llevaba puesta la misma ropa con la que salía a trabajar: una camisa negra y pantalón oscuro.
En cuanto se perdió contacto con él, su familia movió cielo, mar y tierra. Su rostro empezó a circular por todos lados en redes sociales a través de una ficha que pedía apoyo para localizarlo. Las señas eran claras para quien pudiera haberlo visto: un joven alto, de 1.80 metros, ojos cafés y un tatuaje muy característico que le cubría todo el brazo izquierdo.
Durante horas, sus allegados se aferraron a la idea de recibir esa llamada que les devolviera la tranquilidad.
El hallazgo en medio del aguacero
Sin embargo, la respuesta llegó envuelta en la peor de las postales. Mientras un fuerte aguacero inundaba el norte de la ciudad, los vecinos de Residencial Campestre reportaron el hallazgo de un hombre maniatado y con marcas de violencia sobre el césped de la calle Alberto Vázquez.
Con la corriente de agua amenazando con llevarse cualquier rastro, los peritos de la Fiscalía tuvieron que trabajar prácticamente a ciegas y contra el tiempo. No fue sino hasta más tarde, en las instalaciones del Servicio Médico Forense, cuando el tatuaje y la ropa terminaron por confirmar lo que nadie quería escuchar: era Álvaro.
Un patrón que no da tregua
Lo ocurrido con Álvaro Octavio y Julio César no son hechos aislados, sino el reflejo de una realidad desgarradora. De acuerdo con los balances del Consejo Estatal de Seguridad Pública y registros oficiales, más del 40% de las víctimas de homicidios y desapariciones en Sinaloa son jóvenes que no sobrepasan los 29 años. Culiacán sigue siendo el epicentro de esta crisis, donde una generación entera parece estar pagando la factura más alta.
“Tu luz nunca se apagará”
En cuanto se confirmó la noticia, los mensajes de auxilio en internet se transformaron en un luto desgarrador. Las imágenes de búsqueda se cambiaron por esquelas y mensajes de despedida cargados de afecto.
“Tu recuerdo vivirá por siempre en cada momento, en cada sonrisa y en cada latido de nuestro corazón. Gracias por todo lo que fuiste, por todo lo que diste y por el amor que dejaste en nuestras vidas. Descansa en paz, tu luz nunca se apagará”, compartieron sus seres queridos.
Hoy Culiacán vuelve a estar de luto. La indignación no es solo por el crimen en sí, sino por la amarga sensación de que la ciudad sigue perdiendo a sus jóvenes sin que nada parezca detenerlo.
Redacción/LaPared