Culiacán, Sin.- La paloma que llevaba tatuada en el hombro derecho no fue un símbolo de paz, sino el último rastro para reconocerlo en una plancha de frío.
Tomás Andrés V. tenía 34 años, raíces en San Ignacio y una familia que lo buscaba desesperadamente desde que la tarde del 18 de mayo se lo tragara el asfalto del Centro de Culiacán.
Cuatro días duró la angustia de una ficha de búsqueda compartida en redes, hasta que el eco de un reporte al 911 rompió las sospechas.
Sobre la calle Matías Lazcano, en plena colonia Chapultepec, un bulto envuelto en una cobija azul marino alteró la rutina de los vecinos el mediodía del jueves.
No era basura; era el final del camino para Tomás.
Este domingo por la tarde, las dudas se disiparon de la peor manera. Frente a las autoridades ministeriales, los deudos confirmaron que el cuerpo cobijado era el suyo, identificándolo también por aquella vieja cicatriz de quemadura que cargaba en la mano derecha.
Con la identidad revelada, el expediente de la Fiscalía General del Estado cambia de rumbo: se cierra la carpeta de desaparición y se abre, formalmente, la de un homicidio más por esclarecer en la capital.
Redacción/LaPared