Diván de Letras: Poema “Cuatro”

Cuatro

(Poema)

 

No hay más que dar que lo que nos hemos dado y nos damos, somos cuatro.

No hay nada más perfecto que embone en mi cuarto cuando pienso en cualquier cosa del mundo. Cuatro paredes son mi fuerte y su perímetro, llena mi alma, la arropan.

Son mi área, mi felicidad.

Aunque no la haya, la buscan, la forman, la rotan, pero siempre la encuentran y me hacen sonreír incluso en los momentos rotos.

La atan para que no las deje ir.

Las etapas de esta vida han correspondido una a cada una, desde la infancia, adolescencia, adultez y la que viene a rastras como la vejez.

Esta, la que nos falta, sin duda estará para también golpearnos la cara como las otras, o darnos cuenta del saldo que nos han dado estos años.

En todas no nos soltamos, ni lo hacemos, ni lo haremos.

No hay mayor balance que rinda cuentas más que el que ejecutan ellas al estar en una mesa con una copa de vino y platicando.

Sin duda sale muy bien la ecuación expuesta de los beneficios y pérdidas y de vez en cuando un saldo a favor.

Son mi balance.

Cada quién viviendo en su órbita, pero en la misma constelación.

La cruz, mi cruz. La misma que se forma con cuatro estrellas en la vía láctea y todas son mías y para mi brillan y hacen que brille.

Mi trébol de cuatro, ellas también lo son, regalan solo suerte y si no aflora, la riegan; y si se esconde, la buscan; y si se pierde, la encuentran; y si te ahogas, te salvan.

Plasmadas en mi vida son mis puntos cardinales, me orientan. En el horizonte, a lo lejos se ven, pero son tan cercanas, tan místicas como la luna, pero transparentes como el agua.

Cerrando los ojos también, aunque las sienta lejanas. Son las partes de mi todo.

Ya no pido más, tengo lo obligatorio, tengo a las de ley, tengo lo voluble y tengo lo que debe ser.

Tengo a la que regula, pero también alienta, tengo a la que sostiene y a su vez abraza; tengo a la que da espacio y deja llorar; tengo a la fuerza y la bondad.

A la que arropa si es necesario, a la que regaña si elijes el sendero mal, a la que te desata cuando odias la vida y a la que cura si lastimaste tu verdad.

Debía ser así, mis elementos debían quedar aquí: mi fuego que arde; mi aire sutil; mi agua pura y mi tierra fuerte.

Y por las noches, ellas son mi persignar.

 

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