La sed
Por Gabriela Camacho
Hay una sensación en los labios que no se puede explicar con palabras propias, se dice en ocasiones “ganas”, se dicen “besos”, se dicen “tormentas”.
Esa lluvia que llega desde adentro, sientes en el estómago vida y aliento, sientes la sed de bailar tocándole las manos tersas con las que cocina, una sed de continuar lo que ha empezado, la “tormenta”.
Amarras tu centro desde el miedo y retuerces la entrepierna, no la sacias.
No puedes.
Esta pandemia no permitió nada y sigues enclaustrada y en cobardía.
El pánico llega.
Comienzas con palabras bosquejos de una relación que sabes que no funcionará. No desde lejos, ni de vez en cuando, nada real.
El amor así, es un consenso.
Me lo piden a gritos tus ojos que me tocan desde lejos, el hambre se come las entrañas, la piel se tersa y escucho tu boca.
Cerré los ojos para imaginarte y llegar hasta ti, no quería despertar. Te sentí.
Mi cielo se aclaró, vibraba, tú hacías magia.
En mi universo había un vaivén y era de tus manos; en el tuyo, las mías.
Había sed y no había agua.