Culiacán, Sin.- La contabilidad de la sangre en Culiacán volvió a golpear donde más duele: en la edad de sus víctimas. Casi doce horas después del ataque armado en la colonia 8 de Febrero, la resistencia de Yuriel Heriberto llegó a su fin en la cama de un hospital. Tenía apenas 16 años.
Con el deceso del menor, la agresión registrada la tarde del jueves se convirtió en una masacre que deja hasta el momento tres jóvenes asesinados y uno más debatiéndose entre la vida y la muerte.
Eran las 16:20 horas cuando el estruendo de los disparos irrumpió en la tranquilidad de la calle Mina del Real de 14, casi esquina con la privada Cañón de Guadalupe.
Hombres armados abrieron fuego directo contra un grupo de cuatro personas.
En el lugar de los hechos, tirado sobre el pavimento, quedó el cuerpo sin vida de Diego, de 18 años.
La desesperada carrera contra la muerte
En medio del caos y los gritos, los familiares de las víctimas no esperaron a las ambulancias. En un acto de desesperación por arrebatarle sus seres queridos a la muerte, subieron a los tres heridos a una camioneta Jeep Cherokee y emprendieron una carrera a toda velocidad hacia la base de la Cruz Roja.
El esfuerzo, sin embargo, no fue suficiente para todos. Al llegar a la sede médica, los socorristas confirmaron que Luis Ángel, de 22 años, ya no contaba con signos vitales; su cuerpo quedó en el asiento del vehículo.
Los dos sobrevivientes fueron ingresados de urgencia a un nosocomio de la ciudad, pero durante la madrugada se notificó la muerte del adolescente de 16 años. La cuarta víctima permanece bajo diagnóstico reservado y resguardo de las autoridades.
La Fiscalía General del Estado abrió la carpeta de investigación para dar con los responsables, mientras que en los pasillos del Servicio Médico Forense tres familias enfrentan la pesadilla de enterrar a muchachos que apenas comenzaban a vivir.
Redacción/LaPared