Por Heriberto Diaz
El primer mensaje nos alarmó igual que siempre. Es decir, muy poco: una balacera desatada a una cuadra o dos de tu casa, si vives en Culiacán, es algo bastante común. De hecho, un anuncio de lluvia puede llegar a ser más alarmante si aquel al que se lo comunican ha dejado ropa secándose en el tendedero. Pero esta vez los mensajes siguieron llegando, procedentes de familiares y amigos: no terminaba (la balacera), o más bien, sucedían otras (balaceras), y no tocaban a su fin (las balaceras), cuando ya iniciaba otra (balacera).
El 17 de octubre de 2019, la ciudad de Culiacán estuvo entre incontables paréntesis, taladrados los nervios por la incertidumbre de la quietud.
Ese día, aproximadamente de tres a seis de la tarde, múltiples estruendos de diferentes calibres se escucharon por zonas clave de la ciudad: corredores turísticos, avenidas principales, los alrededores de centros comerciales. La razón, o razones, eran desconocidas para los pobladores comunes y corrientes, y seguirían siéndolo, oficialmente, hasta entrada la noche de ese 17 de octubre de 2019, cuando el gobierno diera un primer anuncio oficial de lo sucedido. Pero antes, mucho antes de ese anuncio oficial, a muchas personas no les quedó sino tenderse en el suelo y cubrirse la cabeza, sin saber en qué momento volverían a sentirse seguros.
De acuerdo al DRAE, el significado de sitiar es cercar un lugar, especialmente una fortaleza para intentar apoderarse de ella. Es decir, la ciudad estuvo sitiada prácticamente toda la tarde del 17 de octubre. Así pues, Culiacán estuvo en estado de sitio tal como lo estuvo, en 1838, el puerto de Veracruz por acción de los franceses; o como en 1847 estuvo sitiada la Ciudad de México por el ejército estadounidense. En este mismo sentido, la ciudad de Culiacán estuvo en estado de sitio, en 2019, por el ejército del Cártel de Sinaloa (CDS), pero la Historia aún no se apropia de este acontecimiento para dejar constancia de su ocurrencia, y quizás nunca lo haga.
No sé cómo se analice la táctica del CDS para el sitio de Culiacán, desde el punto de vista militar. Primero pensé que era una especie de ataque de guerrilla, debido al hecho de que se movilizaron por puntos estratégicos, desplegando el armamento desde sus camionetas. Pero algo no cuadraba. Los sicarios del CDS no portaban rifles sucios y viejos como la gente del EZLN, ni se comportaban con sigilo como los guerrilleros de Lucio Cabañas. Todo lo contrario. Los integrantes del CDS, a base de desmesura y estrépito, se apoderaron de la ciudad en cuestión de minutos, a modo de Blitzkrieg, tal como lo hicieron las Wehrmacht, por ejemplo, para apoderarse de Francia. De ahí que las voces de los militares, en los videos, se escuchen titubeantes, pronunciadas más desde el desconcierto que de la seguridad de acción.
La situación, el 17 de octubre de 2019, no tardó en justificarse para la población con el circular del siguiente mensaje por grupos de whatsapp: El comentario general es que detuvieron a Ivan Archivaldo y que mataron a Ovidio Guzman. Que se pretende recuperar el cuerpo pero mientras tanto la instruccion es ejecutar familias de soldados que viven en los multifamiliares de la 21 de marzo, presuntamente esta operación ya está en proceso. Hay comentarios de que estan entrando a las casas de familias justo atras del cuartel y tmb que se esta ofreciendo 20 mil pesos diarios a todo sicario que quiera incorporarse. Que se pagara eso los dias que dure el agarre.
Las redes sociales hicieron lo suyo: audio, fotografía y video se comenzaron a difundir, ipso facto, a través de grupos de whatsapp y facebook. En segundos, la información sobre lo que estaba sucediendo (sicarios disparando en medio de avenidas principales, coches incendiados bloqueando calles, gente corriendo buscando refugio en los comercios) colapsó el sistema nervioso de toda una ciudad. Si estas consecuencias estaban previstas por el gobierno (tal como se ha sugerido, en parte por la cancelación de clases a mediodía), en ningún momento se pensó que de ellas se desatara una guerra civil, es decir, sicarios del CDS versus gente común y corriente. De hecho, el papel de la gente común y corriente fue casi nulo, si se toma en cuenta que el gobierno accedió a las peticiones del CDS luego de que los sicarios capturaran militares y amenazaran con agredir a las familias (de los militares). La interpretación de lo violento es también parte de la política.
Una video llamada en la que preguntas a tu familia como están, qué ha pasado, si saben algo de otros familiares que, en aquellos momentos, deberían estar trabajando. El estruendo (de una balacera) se desata cerca de la casa donde está tu familia, y satura el audio de la llamada. Tienes que colgar, pero antes alcanzas a ver cómo se tiran al suelo y se cubren la cabeza. Cuelgas, te tiemblan las manos, te frustra no estar en la ciudad, no estar con ellos, aunque sabes que eso no va a cambiar en nada a la situación, y lloras de rabia/frustración/impotencia.
Videos aleatorios de los reos escapando del penal de Aguaruto; una camioneta de sicarios dando vuelta por la calle Rosales (aledaña a la plazuela de la catedral); fotografías de personas que se quedaron a dormir en supermercados; video del padre que intenta tranquilizar a sus niños mientras estos le preguntan si aquellos ruidos son balazos; un whatsapp del 17/10/19 de alguien que te dice tenemos miedo.
Una fotografía panorámica desde una zona alta de la ciudad. Entre las casas, árboles, edificios, carteles publicitarios, y todo lo que sea suficientemente grande como para que se pueda distinguir, ascienden columnas de humo negro que, cuando comience a oscurecer, ya no se distinguirán tan fácilmente, pero van a seguir estando ahí.
La noche del 17 de octubre de 2019, un grupo de señores vestidos de militares se sentaron frente a una cámara y leyeron un texto que explicaba lo ocurrido la tarde de ese día. En resumen: un operativo para capturar a Ovidio Guzmán, hijo del Chapo, se salió de control y tuvieron que abortarlo. Punto.
Días después, se reveló el video que justificaba dicho operativo contra Ovidio Guzmán, tomado de lo que parece ser una cámara empotrada en el casco de algún militar. Comienza con la gente del gobierno entrado a la cochera de la casa donde está Ovidio. Tocan a la puerta. Una mujer abre y parece impedirles el paso. Los del gobierno le dicen a Ovidio que salga de la casa. Cuando este sale, le preguntan si va a armado y él responde que no. Más hombres salen de la casa y la policía los catea. Ovidio les dice que él (uno de los hombres) no tienen nada que ver. Le preguntan si tiene gente adentro (de la casa), y Ovidio responde que no, que son sus hijas. La policía le pide a Ovidio que pare a su gente, y éste llama por teléfono diciendo que paren todo porque ya se entregó. Insiste a su interlocutor: que pare todo y que detenga a la gente, que no quiere que haya desmadre. Ya se escuchan algunas balaceras de fondo. La policía pide a Ovidio que calme a su gente, pero, aparentemente, parece que ya no depende de él. Termina el video. Comienza la batalla de Culiacán. Los sicarios bloquean las salidas por donde iban a llevarse a Ovidio; disparan contra los militares (hay un video de un soldado herido con calibre 50); ponen cerco al cuartel y luego entran, supuestamente, amenazando a las familias y capturando a militares que ahí se encontraban. Los números oficiales fueron de ocho muertos y más de veinte heridos. Alrededor de las seis de la tarde, tanto Ovidio Guzmán como los militares capturados por el CDS fueron liberados. Sería interesante conocer cómo continuaba aquel video, antes de ser editado y parchado con el logo del gobierno.
La ciudad duró uno o dos días en estado de shock. Después de eso fue la normalidad de siempre: balaceras usuales, dispersas y separadas por intervalos de calma, ya no tan continuadas unas de otras; las camionetas a toda velocidad por avenidas principales, pero sin andar en caravana y sin disparar: no sitiando, vaya; los autos quemándose, pero ya no tan cerca del centro de la ciudad.
Es hora de las teorías: aún no hay corridos que parezcan haber sido perdidos por el CDS sobre lo ocurrido el 17 de octubre de 2019, o sobre Ovidio Guzmán. ¿Tema prohibido?
Se entiende que no está claro el principio y final de los sucesos, solo ocurrieron, como los eclipses o los huracanes, y en cualquier momento pueden volver a ocurrir. Esa es la única certeza que se puede tener al respecto.
- Un día en la vida (tres datos).
- 1) Tarde del 17 de octubre del 2019: sicarios manejan una camioneta de Telmex, que lleva empotrada una metralleta. Noche del 17 de octubre del 2019: un meme que se compone de: a) la foto de los sicarios en la camioneta de Telmex; y b) la sentencia: ahora entiendo porque nunca vienen a arreglarme el módem;
- 2) El presidente municipal de Culiacán, que en el momento del sitio estuvo comiendo hamburguesas, dijo que todo había sido una circunstancia equis y que no había estado fallido; y
- 3) Se reportó que, en los días que siguieron, muchos de los recién nacidos de Culiacán se llamaron Ovidio, no en honor al célebre poeta romano autor de Las metamorfosis.
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Heriberto Diaz Peña (Culiacán, 1992). Ingeniero. Ha publicado en revistas y las antologías Laboratorio para narradores (2017), y Álbum Negro (2018). Fue becario Pecdas entre 2015-2016.

